Por qué es tan difícil mantener los cambios (by Juan Ferrer)

Hemos oído en muchas ocasiones que lo único constante en la vida es el cambio. Y sin embargo, muchas veces nos resulta difícil abordar cambios que deseamos, o conseguir que los cambios se mantengan en el tiempo. Fumadores que no logran superar dicha adicción; personas convencidas de comenzar a llevar una dieta sana que no logran sostenerla en el tiempo; personas que cada septiembre se apuntan a clases de idiomas que luego abandonan; personas que se marcan el reto de hacer deporte habitualmente y nunca consolidan dicha práctica; personas que quieren cambiar de rumbo profesional y no dan el paso… personas que pronto se ven desanimadas a abordar y mantener ciertos cambios en sus vidas.

Los profesionales de marketing, también se encuentran con esas situaciones: clientes deseosos de adoptar un cambio en sus vidas que comprueban posteriormente que dicho cambio no ha acontecido, o al menos no en la intensidad deseada. Así, una empresa puede pensar que ha dado con la clave para captar un mercado, cuando seduce a un grupo de clientes con un producto de alimentación realmente sano y ecológico, para comprobar posteriormente que su cliente “convencido” retorna a hábitos menos saludables y es infiel a la marca con productos competidores menos sanos.

¿Por qué saboteamos incluso los cambios que queremos hacer? Los profesores Robert Keagan y Lisa Laskow, tras 25 años de investigación, presentaron en su libro “Inmunity to change: how to overcome it and unlock the potencial in yourself and your organization” un modelo donde explican qué hace que fracasemos en algunos cambios, incluso los supuestamente muy deseados por nosotros.

Estos autores afirman que, al igual que existen sistemas inmunológicos biológicos, que se activan para defender nuestro cuerpo ante un elemento que consideran peligroso (un virus), también tenemos un sistema inmunológico “emocional”, que reacciona para rechazar algo percibido como “ataque” a nuestro sistema actual.

Ellos lo explican a través de los “competing commitments”, unos compromisos ocultos que compiten. Así, nuestro compromiso consciente puede estar en absoluta oposición con un compromiso oculto diseñado para protegernos. Se genera un dilema entre un compromiso consciente y un compromiso inconsciente. Es como tener un pie en el acelerador y otro en el freno.

¿Qué otros beneficios inconscientes encuentra el fumador en el tabaco? ¿Qué quiere evitar de manera inconsciente la persona que se sienta en el sofá en lugar de ir a practicar deporte? ¿Qué gana inconscientemente quien deja a un lado el alimento supuestamente sano por otra propuesta que le conviene menos?

Debemos hacernos conscientes de que existe una “agenda oculta emocional”. Si no entendemos las razones subyacentes que nos impiden el cambio (incluso aun siendo beneficioso para nosotros), entraremos en una batalla de contradicciones y esfuerzos inútiles, cuya excusa puede ser no tener suficiente motivación, carecer de acompañamiento o tiempo, o falta de voluntad. Lo que realmente sucede es una batalla inconsciente de dos formas de ver el mundo, y donde nuestro sistema inmunológico emocional se activa para defendernos incluso ante lo positivo para nosotros.

Nos sucede todo el tiempo en multitud de situaciones. Existen una serie de valores, creencias, mapas mentales o agendas ocultas, que pueden entrar en conflicto subconsciente con el cambio deseado. Y aunque creamos estar implicados en un cambio concreto, puede haber temores, miedos, dudas no conscientes… que lo saboteen.

Y ahí está la clave. Hay que detectarlos y trabajar con ellos, pues al igual que el sistema inmunológico biológico, el sistema inmunológico emocional puede rechazar algo que sea bueno para nosotros.

¿Ves ahora de manera distinta esos cambios que nunca logras poner en marcha o mantener?

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Formador (a veces deformador) y consultor en la gestión del cambio en organizaciones y personas.

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