{"id":557,"date":"2018-05-27T12:43:26","date_gmt":"2018-05-27T10:43:26","guid":{"rendered":"https:\/\/preblogs.deusto.es\/RSanSalvador\/?p=557"},"modified":"2020-03-24T14:25:24","modified_gmt":"2020-03-24T13:25:24","slug":"ciudades-que-leen-escriben-y-relatan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/RSanSalvador\/ciudades-que-leen-escriben-y-relatan\/","title":{"rendered":"Ciudades que leen, escriben y relatan"},"content":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n entre las ciudades y los libros se hunde en la noche de los tiempos. Las ciudades, a trav\u00e9s de los ojos y las manos de sus vecinos, necesitan leer para aprender y conocer, y escribir para recordar y comunicar.&nbsp; Aquello que fue privilegio reservado a sus minor\u00edas aventajadas, con el paso de los siglos, se ha convertido en derecho y disfrute de una mayor\u00eda alfabetizada y empoderada.<\/p>\n<p>Los expertos apuntan que las ciudades se van imponiendo como los lugares donde vivimos la gran mayor\u00eda. Afirman que aquellos espacios, que nacieron de cruce de caminos e intercambio de excedentes, van a servir de lugar de asentamiento y encuentro para casi tres cuartas partes de la Humanidad.<\/p>\n<p>Las ciudades tendr\u00e1n que ser escritas, le\u00eddas y relatadas de nuevo. Tendr\u00e1n que hacer de habitantes y visitantes, lectores, escritores y relatores empedernidos. Tal vez encuentren en la lectura sosegada, en la reflexi\u00f3n de la escritura y en la articulaci\u00f3n del relato, respuestas a tantas inquietudes actualmente planteadas.<\/p>\n<p>Las ciudades se edifican, &nbsp;imbrican, &nbsp;extienden, comprimen, &nbsp;dotan y entrelazan. &nbsp;En ellas aprendemos, compramos, vendemos, trabajamos, sanamos, creamos, recreamos, practicamos, conversamos y rezamos. Hacemos ciudad en quietud y movimiento. En ella somos aut\u00f3ctonos, vecinos, visitantes, turistas, inmigrantes y alegales; propietarios, inquilinos y sin hogar; infantes, adolescentes, j\u00f3venes, adultos y mayores; mujeres, hombres y con otras identidades sexuales; personas con iguales derechos y diversas capacidades;&nbsp; l\u00edderes reconocidos y marginados desconocidos; ricos, medios, pobres y excluidos.<\/p>\n<p>Las ciudades son, despu\u00e9s de todo, crisoles de diversidad, de di\u00e1logos inconclusos, &nbsp;ruidos y silencios, de conflictos inacabados, consensos transitorios y acuerdos caducos, de sue\u00f1os y anhelos perennes.<\/p>\n<p>Las ciudades est\u00e1n ah\u00ed, para ser vistas y no vistas, o\u00eddas y escuchadas, olfateadas y reconocidas, degustadas y tocadas. &nbsp;Las ciudades son un lujo para los sentidos. Son libros escritos para ser le\u00eddos. Son p\u00e1ginas en blanco a\u00fan por escribir. Encierran bibliotecas enteras con estantes infinitos, llenos de relatos vividos y compartidos.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de sus calles y rincones, descubrimos monograf\u00edas hist\u00f3ricas, complejos ensayos, biograf\u00edas personales, novelas costumbristas, relatos \u00e9picos colectivos, versos de amor, cuentos con sue\u00f1os incumplidos, poemas de paz y violencia, teatros plenos de alegr\u00edas y tristezas.<\/p>\n<p>En esos lugares, que llamamos ciudades, habitan los libros: en las cabezas de j\u00f3venes y ni\u00f1os, en las plumas y teclados de escritores, en las mesas de editores, en los talleres de impresores, en las baldas de bibliotecas, en los consejos de libreros, en los estantes de las casas, en los bancos del olvido y en los contenedores de papel.<\/p>\n<p>Nacen, crecen y mueren las ciudades de los libros, ciudades en las que se lee y ciudades que leen. Ciudades en las que agonizan los libros y sus hojas no impregnan razones ni corazones. Y ciudades en las que se da rienda suelta al goce y disfrute de lecturas por parte de ni\u00f1os y mayores, de hombres y mujeres, de emigrantes e inmigrantes, de activistas y enmohecidos.<\/p>\n<p>Las ciudades de la lectura son lugares donde letras y palabras, historias que cuentan, emociones que suscitan, reacciones que provocan, se perciben en sus plazas, calles y casas. Sus p\u00e1ginas se llenan de vivencias y experiencias, opiniones y sentimientos, peque\u00f1as y grandes historias, pasados lejanos y recientes, presentes incompletos y futuros inesperados. &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las personas que las habitan se mueven por la raz\u00f3n y la pasi\u00f3n, alimentados por&nbsp; poes\u00eda, novela, teatro y ensayo. Su ciudadan\u00eda no discute los metros cuadrados concedidos a la lectura, porque entienden su ciudad como un libro abierto. Todo recurso les parece insuficiente cuando de fomentar la imaginaci\u00f3n, creatividad o talento se trata. Las instituciones dise\u00f1an sus calles y avenidas,&nbsp; parques y plazas, como rincones para&nbsp; lenguas y letras, para conversaciones y confidencias. Las industrias de lo intangible se integran en pol\u00edgonos industriales, parques tecnol\u00f3gicos e incubadoras. Y su influjo, es tal, que hasta las industrias del acero computan horas de lectura y escritura entre las tareas de sus directivos y trabajadores. Las asociaciones son espacios para la cr\u00edtica social y el goce est\u00e9tico, de la mano de autores cl\u00e1sicos y contempor\u00e1neos, de ligeros micro-relatos y sesudos ensayos. Los ciudadanos pasean pesados libros en papel y livianos libros electr\u00f3nicos como signo de distinci\u00f3n y prestigio social. Las personas m\u00e1s vulnerables han hecho de los libros reivindicaci\u00f3n de su propia dignidad y de la conquista de la equidad.<\/p>\n<p>Indicadores como los metros cuadrados de espacio para la lectura,&nbsp; lectores por metro cuadrado y n\u00famero de p\u00e1ginas le\u00eddas al a\u00f1o, son parte consustancial de un particular \u00edndice de desarrollo humano sostenible.<\/p>\n<p>Las ciudades en las que se lee han transformado el mundo, porque han aprendido de los errores por otros compartidos y mejorado su realidad con buenas pr\u00e1cticas por otros experimentadas. Las ciudades que leen rezuman dignidad y solidaridad.<\/p>\n<p>Las ciudades en las que se escribe son ciudades que escriben. Las ciudades donde sus moradores llenan las p\u00e1ginas en blanco de la historia de la Humanidad. Sus bibliotecas son bit\u00e1coras de lo vivido, pensado, sentido, aprendido y hecho por quienes las transitaron. Si aprendemos a leerlas aprenderemos a entender lo que fueron y lo que son. Y de hecho aprenderemos a ser con ellas, de alg\u00fan modo, mejores.<\/p>\n<p>Las ciudades en las que se relata se generan experiencias de inter\u00e9s para las y los ciudadanos, vecinos y visitantes. En ellas crecen las industrias de lo intangible, capaces de poner en valor aspectos de nuestra existencia m\u00e1s all\u00e1 de la materialidad de los l\u00edmites del producto. Revolucionan las ciudades hasta situar el valor de la experiencia muy por encima de sus contenedores materiales. Dan paso a las ciudades de la experiencia. La materialidad de bienes, productos y servicios son removidos por la fuerza de motivaciones y valores, motores de nuestra existencia. Las ciudades se convierten en el escenario privilegiado para la vivencia de experiencias. El magnetismo y la capacidad de atracci\u00f3n de las ciudades se asocian, en gran medida, con la capacidad de sus habitantes en proponer al mundo un relato interesante, que conecte con las motivaciones y valores de los otros.<\/p>\n<p>Pero, la mercantilizaci\u00f3n de la experiencia conlleva un serio riesgo de deshumanizaci\u00f3n, de manipulaci\u00f3n del ser humano, de cosificaci\u00f3n de los sentimientos, sin deontolog\u00eda ni \u00e9tica que nos proteja. Las ciudades pueden convertirse en parques tem\u00e1ticos y paisajes artificiales, intercambiables, alejados de la autenticidad de las personas que los habitan y de sus vivencias memorables y significativas.<\/p>\n<p>Las ciudades nos hacen c\u00f3mplices cuando desarrollamos una experiencia positiva de la vida en ellas. Y cuando las personas que nos visitan tienen vivencias gratificantes, fruto del encuentro con la autenticidad de las personas y los paisajes por ellas construidos. A la vez que van&nbsp; dejando entre nosotros su propio relato de lo vivido. Las ciudades son relatos de nuestra experiencia personal y colectiva. Son libros que escribimos a diario. Son lecturas a las que debi\u00e9ramos dedicar nuestra atenci\u00f3n. Las ciudades en las que se relata, las ciudades que relatan, son proveedoras de experiencias aut\u00e9nticas, memorables y significativas.<\/p>\n<p>Las ciudades que leen, escriben y&nbsp; relatan, &nbsp;en el fondo, se gobiernan de manera distinta. Se&nbsp; gobiernan desde libros, lecturas y relatos, generadores de experiencias humanas. Se gobiernan desde creatividad, aprendizaje, talento e innovaci\u00f3n promovidos por la cultura. El gobierno de la ciudad se convierte en deseo de escribir textos, leer libros y generar relatos que compartan experiencias propias y ajenas que ayuden a desarrollarnos y entendernos como seres humanos que somos.<\/p>\n<p>[Publicado en DEIA, 10-5-18]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n entre las ciudades y los libros se hunde en la noche de los tiempos. 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