Llegaron de noche a la ciudad, cuando todos estaban dormidos
Traían escopetas de presupuestos recortados, grilletes de deuda
Escribieron en las paredes cuentas llenas de números rojos
Primero hipotecaron nuestro futuro, luego nos desahuciaron.

Ahora vivimos en la Calle del Miedo, esquina con Plaza Desempleo,
Donde confluyen la Avenida Sur de Europa y el Callejón de Chipre.
Hay un teatro donde las entradas son gratis, con funciones diarias
Cada noche actúa la Troika, y la telonera es la Prima de Riesgo.

Altavoces recuerdan que todo esto es culpa vuestra, culpa tuya,
Que se esperan números negros en un año. O quizá dos. O quizá no.
Que la Plaza Desempleo seguirá llena tres años, y después tres más
Que los jóvenes siempre pueden elegir otra ciudad (los viejos, no)

Las escopetas van disparando tijeras afiladas, van cortando hilos
Eligen con cuidado los que deben cortar, para no despertarnos,
Siguiendo instrucciones de los que prometen los números negros
Vamos despertando poco a poco a un futuro pintado de color gris.

Esta noche, el dolor de los últimos hilos cortados me ha despertado,
Imagino muchas personas despiertas, en sus camas, en sus casas,
Tratando de conciliar el sueño mientras esperamos que amanezca
Alguno quizá se ha levantado, ha empezado a hacer las maletas

He recordado todos los días y todas las noches, tejiendo los hilos,
Hilos azules de ciencia, blancos de tecnología, morados de innovación
Cuando las tijeras los cortan, se llevan una parte de mis dedos,
Se llevan el futuro de la industria que me recorre por dentro.

Son peores otras pesadillas de hilos cortados, siegan el presente,
Empresas que cierran, personas que caminan hacia la Plaza maldita
Colegios sin comedores, hospitales sin camas, ayudas que ya no llegan
Se llevan el presente de la sociedad que un día soñaron nuestros padres.

Me he asomado a la ventana, en la calle hay un anciano que me mira,
Tiene una sonrisa en los ojos, parece ajeno al ruido de altavoces,
“Qué alegría, por fin has despertado. Rápido baja a la calle,
Baja al lugar en el que las cosas ocurren, deja un momento tus libros”

El anciano va arrancando de su alma hilos de color verde esperanza,
Según habla conmigo va tejiendo despacio, no tiene prisa pero no descansa,
“Te estábamos esperando. Hay tanto trabajo por hacer en esta ciudad…”
Junto a mí hay otras personas, escuchan al anciano, atentos a sus palabras

“Vosotros aquí, proteged estos hilos, que no podemos dejar que sean cortados
Si es preciso, que las tijeras os atraviesen, que se os claven por dentro.
Vosotros, a por las escopetas. Si tienen que seguir disparando un tiempo,
que al menos acierten a cortar los hilos que menos falta hacen, hay tantos…”

“Vosotros, a borrar los números rojos. Se borran con trabajo bien hecho,
con perseverancia, con honradez que desaloja a los corruptos y sus cuentas,
con inteligencia, con imaginación y nuevas ideas, con compromiso, con tesón
No pensaréis que los números negros van a llover del cielo… A espabilar!”

“Vosotros a la Plaza del Desempleo, allí hacen falta muchas manos que ayuden
Una red hecha de solidaridad y de justicia, ¿o sin empleo dejan de ser personas?
Vamos deprisa, una red para los jóvenes, y otra red para los que no lo son,
No podemos dejar uno sólo más en la desesperación, ya han caído demasiados”

El anciano no tiene uniforme, ni bastón de mando, pero todos le hacen caso
Sus palabras apagan el ruido de altavoces, las tijeras no cortan sus hilos,
Son hilos hechos de esperanza, de sueños intactos, hilos arrancados del alma.
Me ha mirado a los ojos, ha vendado mis dedos cortados y me ha dicho al oído.

“¿Recuerdas cuando eras niño? Calles grises, fábricas cerradas, hilos cortados…
¿Cómo crees que salimos de allí? ¿Quién crees que borró los números rojos?
Hay que despertar, muchas almas por enredar, mucho futuro por construir.
Haremos otra ciudad, hilos más fuertes, que las escopetas no puedan cortar

Vamos, a tejer la red de la ciencia, la red de la tecnología y la innovación,
Redes enredadas, redes enganchadas a la industria y a la sociedad, a las personas
Redes conectadas con las redes globales, redes que pesquen en oceános azules,
Ah, y cambia el cartel que da nombre a la calle… No es tiempo de tener miedo.”

He cogido pintura, y me he acercado al cartel
¿qué nombre te parece que pintemos?

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