Luc Theis, Director General de Deusto Business School

Muchos pensarán que la pregunta está mal formulada y que, por supuesto, hay que estar a la vanguardia tecnológica cuidando, a su vez, el bienestar del ser humano. Sin embargo, cuando nos preguntamos sobre cómo abrazar los avances tecnológicos y, a la vez, mejorar la humanización de nuestras organizaciones, se hace mucho más complejo y difícil el encontrar respuestas. 

Los desafíos derivados de la transformación digital de las empresas y de la sociedad, en general, nos sitúan ante enormes retos frente a nuestras vidas y a las reglas de juego y de convivencia establecidas por nuestra sociedad. Los modelos de negocio actuales van caducando, las fronteras están desapareciendo y, con ello, se ven amenazados los marcos legales.

Mientras tanto, la ciberseguridad está adquiriendo cada día mayor protagonismo. El big data analytics y business intelligence son capaces de analizar todo lo que hacemos, consumimos y escribimos. El internet de las cosas permite la interacción de sistemas complejos sin la necesidad de la intervención humana. La nube almacena nuestros datos sin que sepamos exactamente si siguen siendo nuestros y, aún peor, sin tener garantías que nadie los está explotando.

La inteligencia artificial está a punto de suplantar a la inteligencia humana. Diversos estudios señalan que dentro de veinte años el sesenta por ciento de las profesiones que hoy se ejercen habrán dejado de existir. Sin embargo, no sabemos cuáles y cómo serán estas nuevas profesiones.

¿Nos encontramos entonces a las puertas de la deshumanización de la sociedad? Esperemos que no sea así.

En primer lugar, hay que reforzar la educación en ciencias, tecnologías, ingeniería, arte y matemáticas (STEAM, acrónimo inglés) y, sobre todo, en humanidades. En segundo lugar, la cuestión de la ética se hace más necesaria que nunca. En tercer lugar, hay que entender que las compensaciones profesionales habituales –salario, plan de carrera, estatus…– están solamente concebidas para asegurar un nivel adecuado de rendimiento laboral, pero no son suficientes cuando de lo que se trata es de incorporar talento que impulse la competitividad de la empresa.

En efecto, el conocimiento, la creatividad y la iniciativa en la actividad productiva son elementos cada vez más importantes para afrontar los retos que nos esperan.

Además, las nuevas generaciones de trabajadores muestran mayor interés por aquellos entornos laborales que pueden proporcionarles oportunidades para desarrollar las capacidades más indisociables de su condición humana.

Hace falta, por tanto, crear organizaciones que favorecen la generación del sentimiento de propiedad por parte del trabajador hacia la empresa.

Este planteamiento responde al desarrollado de una novedosa línea de investigación en el ámbito académico en la cual Deusto Business School tiene un papel tractor. Esta corriente gravita en torno a la noción de propiedad psicológica, la cual puede definirse como el estado de ánimo en el cual se encuentra un individuo ante el sentimiento que la organización es suya. El ser humano se hace cargo de la empresa y se apropia de su destino. La psicología nos muestra que el ser humano tiene la necesidad de adueñarse de cosas tanto materiales como inmateriales. Esta necesidad tiene su origen en la condición biológica y en el entorno socio-psicológico del ser humano. El deseo de poseer puede ser concebido en términos de poder teniendo mayor control sobre el destino y dando un mayor sentimiento de seguridad y bienestar psicológico. Además, la propiedad ayuda al ser humano a expresar su identidad a otros.

Para lograr el sentimiento de propiedad las organizaciones tienen que tener pocas jerarquías; no existen reglamentos y procedimientos rígidos, sino una serie de principios de actuación y los primeros ejecutivos tienen un trato directo y cercano con sus equipos. Por otra parte, los puestos de trabajo se adaptan a las cualidades y competencias de los empleados evitando, así, encasillar a las personas bajo descripciones farragosas. Los espacios físicos suelen ser abiertos y favorecer el contacto entre todos los miembros de la empresa y existe la convicción entre los integrantes del equipo de que el trabajo de cada uno es importante para el conjunto del negocio. Son esquemas organizativos formulados que tienen por objeto crear una organización adaptada a la naturaleza incierta y precaria de una actividad innovadora y disruptiva.

Aquellas empresas que logren hacer sentir a sus trabajadores más como empresarios intangibles que como asalariados tendrán las mejores bazas para salir bien paradas del escenario disruptivo que viene.

Los principios humanistas tienen, por tanto, un componente finalista ya que, además de éticos, son necesarios para afrontar los retos tecnológicos.