Internet de las Cosas [1] y el diseño de las cosas

En el año 2020 habrá 50.000.000.000 de objetos conectados entre sí,[2] pero el Internet de las Cosas (Internet of Things) ya ha sido superado y renombrado como Internet de Todo (Internet of Everything), porque conecta objetos y personas en todas direcciones con miles de posibles aplicaciones. Muchos analistas consideran que este cambio es una consecuencia lógica de la incorporación de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana, pero en mi opinión, para los diseñadores –de todas las especialidades– será una revolución, y una gran oportunidad.

Para los que entendemos el Diseño como un lenguaje de comunicación para contar historias, nos enfrentamos a un punto de inflexión de la profesión, porque aquí cambia la historia de los objetos, o por lo menos la manera de contarla. Para los diseñadores es el momento de capitalizar todas las capacidades proyectuales adquiridas, ahora nuestro desafío como comunicadores está centrado en que la nueva generación de objetos comuniquen sus prestaciones y conectividad, pero sin alterar los códigos establecidos que tiene la sociedad para comprenderlos.

Esto ya está sucediendo y lo podemos verificar con las últimas innovaciones tecnológicas de productos conectados que se apoyan en códigos semánticos reconocibles, estables y duraderos. Como ejemplos podemos citar las Google Glass, aplicadas en gafas tradicionales; el iWatch de Apple, con la imagen de reloj analógico; las Nike+FuelBand, el dispositivo que recoge nuestros signos vitales durante la actividad física y los vuelca en una pulsera; o la centralita domótica de Nest, con decenas de datos traducidos en un reloj de pared, y así podríamos seguir con una larga lista de objetos dotados de conectividad: coches, autobuses, bicicletas, bombillas eléctricas, zapatillas, camisetas, hornos, microondas, cafeteras, neveras, tostadoras… pero que mantienen su morfología anterior a la conectividad, y justamente por esa razón los reconocemos como tales.

Uno de los motivos de este fenómeno es que la capacidad que tenemos como sociedad para asimilar tantas innovaciones es limitado, por eso los nuevos productos para ser comprendidos deben apoyarse en referentes conocidos, en donde la comunicación rebote en bandas de redundancia informativa. Como explicaba Umberto Eco en La estructura ausente[3], el diseño mantiene un delicado equilibrio entre las funciones primarias, las que denotan las funciones de utilidad y las funciones secundarias, las que connotan las funciones simbólicas. Ahora con Internet incrustado en millones de objetos, el diseño como disciplina requiere una profunda revisión desde el punto de vista semiótico, porque se alteran todas las funciones comunicativas de objetos, y además, debemos ayudar a traducir los miles de millones de datos que se generarán en productos que mejoren la calidad de nuestras vidas.

Otro problema al que nos enfrentamos como diseñadores se presenta cuando nace una nueva tipología de productos que no tiene referentes anteriores en donde apoyarse, así últimamente encontramos gran cantidad de productos tecnológicos con carácter enigmático, frío, y poco amigable, que fracasan al no ser comprendidos por los consumidores.

Está claro que si el Diseño y el Internet las Cosas aúnan sus fuerzas, va a aumentar exponencialmente la funcionalidad y la empatía de los objetos con los usuarios, por ese motivo los diseñadores tenemos ahora una oportunidad única que debemos aprovechar para ser artífices de este cambio –desde el inicio del desarrollo de nuevos productos–, si no queremos quedarnos en el estilismo de diseñar atractivas carcasas.

Si las previsiones de Dave Evans[4] se van cumpliendo como parece: el Internet de Todo lo cambiará todo, y por suerte esta vez no faltan tantos años para comprobarlo, será en el 2020. Ahora debemos trabajar en esta dirección, para recibir la parte que nos corresponda de este millonario negocio[5], y rápido, porque tenemos poco tiempo para comprender, imaginar y proyectar la conectividad de cincuenta mil millones de productos.

Marcelo Leslabay

Profesor de Diseño Industrial de la Facultad de Ingeniería, Universidad de Deusto.

www.leslabay.com

@leslabay

[1]Internet de las cosas, según Wikipedia, es un concepto que se refiere a la interconexión digital de objetos cotidianos con Internet.  http://es.wikipedia.org/wiki/Internet_de_las_cosas

[2] Evans, Dave. Internet de las cosas. Cómo la próxima evolución de Internet lo cambia todo. Informe de Cisco System.

[3] Eco, Umberto; La estructura ausente. Introducción a la semiótica. Capítulo C. La función y el signo, pág. 250. (Editorial Lumen, Barcelona, 1986).

[4]  Evans, Dave. Beyond Things: The Internet of Everything, Explained In Four Dimensions. Artículo publicado en Huffington Post el 24.09.2013 http://www.huffingtonpost.com/dave-evans/cisco-beyond-things-the-interne_b_3976104.html
[5] Desde principios de 2013 Internet de Todo producirá U$S 14,4 billones del valor total en juego durante diez años (2013-2022). Informe Cisco. Internet de Todo, 2013.

2 comentarios

  • Ahora que objetos y sistemas se han vuelto mucho más comunicativos, participando de una capa expresiva y metafísica de interacción con las personas nunca antes explorada, ¿cómo configurar el guion básico de estas conversaciones con los objetos? ¿Hasta qué punto los nuevos objetos inteligentes y conectados deben heredar los códigos semánticos de los productos preexistentes? ¿Qué nuevas referencias deben incorporar?

    Como comentas, estas preguntas van a definir el futuro del diseño en los próximos años. Excelente artículo.

  • Un gran artículo, ha llovido mucho desde aquel 1998 cuando entre por primera vez a internet, todo era un campo libre de información y pocas barraras disponíamos en aquel entonces. Todo evoluciona y claramente, por el bien nuestro. Un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *