{"id":289,"date":"2011-02-09T20:04:52","date_gmt":"2011-02-09T19:04:52","guid":{"rendered":"https:\/\/preblogs.deusto.es\/hermes\/"},"modified":"2011-02-09T20:04:52","modified_gmt":"2011-02-09T19:04:52","slug":"final-entre-lo-divino-y-lo-demonico","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/hermes\/filosofica\/final-entre-lo-divino-y-lo-demonico\/","title":{"rendered":"Final: Entre lo divino y lo dem\u00f3nico"},"content":{"rendered":"<p>(Masoner\u00eda)<\/p>\n<p>La masoner\u00eda simb\u00f3lica de Javier Otaola resulta simp\u00e1tica por su apertura y car\u00e1cter sincr\u00e9tico o ecum\u00e9nico, lo que le confiere una especie de moralidad secular apuntalada por una ritualidad o liturgia laical de sentido constructor\/constructivo de la propia persona en medio del mundo. Por otra parte, el propio autor no s\u00f3lo es un avanzado en nuestro contexto cultural, sino que ha realizado lo que uno mismo hubiera querido hacer y no ha podido o sabido hacerlo: la iniciaci\u00f3n en la simbolog\u00eda mas\u00f3nica, as\u00ed como su contacto con el protestantismo anglicano y luterano desde su origen cat\u00f3lico jesu\u00edtico, su actividad c\u00edvica y pol\u00edtica, jur\u00eddica, literaria y period\u00edstica, y su adentramiento en la filosof\u00eda de Popper, Ortega, Savater, P\u00e1niker y Ortiz-Os\u00e9s (este \u00faltimo bien conocido del que esto escribe).Por todo ello, bien puede consider\u00e1rsele como un disc\u00edpulo de Hermes-Mercurio, tanto del Hermes griego filos\u00f3fico como del Mercurio romano pr\u00e1ctico. <\/p>\n<p>Quiz\u00e1s la m\u00e1s esencial tradici\u00f3n mas\u00f3nica es el simbolismo de la contrucci\u00f3n, partiendo de la figura m\u00edtica de Hiram, el constructor del Templo de Jerusal\u00e9n. Se trata de una tradici\u00f3n que narra una traici\u00f3n: asesinato del propio Hiram a manos de su cofrades y auxiliares, lo que sit\u00faa la muerte del \u201cpadre\u201d fundador en el origen. Pero este es el padre ben\u00e9volo, cuya asunci\u00f3n  es la clave de b\u00f3veda de toda posible construcci\u00f3n y reconstrucci\u00f3n de la vida humana humanamente, es decir, de un modo humano capaz de trasfigurar la violencia a trav\u00e9s de su sublimaci\u00f3n constructiva y no destructiva.<\/p>\n<p>El trabajo o tarea mas\u00f3nica consistir\u00eda, si no yerro, en desbastar o pulir la piedra basta o bruta precisamente para que no resulte devastadora. As\u00ed pues, en convertir o revertir la materia tosca en forma sutil a trav\u00e9s de un trabajo de formalizaci\u00f3n o humanizaci\u00f3n de lo dado c\u00f3sicamente, de modo que tambi\u00e9n podr\u00edamos hablar de la reconversi\u00f3n de lo c\u00f3sico en simb\u00f3lico. Ahora bien, esta labor o tarea de alba\u00f1iler\u00eda simb\u00f3lica de car\u00e1cter arquitect\u00f3nico y signo espiritual, proyecta un construccionismo, pero no un constructivismo. La diferencia estriba en que el puro constructivismo parte de un nihilismo o tabla rasa, olvidando que de la nada no se puede sacar nada, mientras que el construccionismo mas\u00f3nico reforma la realidad a partir de la experiencia del mundo y el deseo de ameliorarlo o mejorarlo. <\/p>\n<p>Podr\u00edase hablar entonces en la masoner\u00eda de un realismo idealista o bien de un idealismo realista, lo que la conecta con el esp\u00edritu ilustrado de las luces. Unas luces empero que no se celebran al margen de la oscuridad, sino precisamente como iluminaci\u00f3n de esa oscuridad. La masoner\u00eda no proyecta por tanto una utop\u00eda o no-lugar (abstracto), sino m\u00e1s bien una eutop\u00eda o buen-lugar (concreto). En esto la masoner\u00eda propondr\u00eda o predicar\u00eda\/practicar\u00eda todo un esp\u00edritu positivo de armon\u00eda frente a la disarmon\u00eda y de proporci\u00f3n frente a toda desproporci\u00f3n, de ah\u00ed la importancia de los s\u00edmbolos constructivos como el ojo del Dios-arquitecto del universo, la regla, la plomada y la escuadra, el tri\u00e1ngulo, el cuadrado y otros s\u00edmbolos geom\u00e9tricos que expresan o exponen la regulaci\u00f3n y la proporcionalidad o, si se prefiere, la justicia entendida como ajuste o coajuste, equilibrio y adecuaci\u00f3n. <\/p>\n<p>En alg\u00fan sentido, la masoner\u00eda cl\u00e1sica pertenecer\u00eda a la gran tradici\u00f3n que busca la proporci\u00f3n divina, el n\u00famero \u00e1ureo, la raz\u00f3n dorada, la media de oro. Se trata del llamado c\u00f3digo secreto de nombre Phi(Fi), por la influencia del gran escultor griego Fidias. El ejemplo m\u00e1s conocido de cierta compresencia de la proporci\u00f3n \u00e1urea o divina es el Hombre de Vitrubio de Leonardo, cuya extensi\u00f3n cuadrangular de sus miembros tiene como centro el ombligo y cuya extensi\u00f3n circular de los miembros tiene como centro el pene. De esta guisa la proporci\u00f3n \u00e1urea ser\u00eda la proporci\u00f3n racional, entendiendo por raz\u00f3n la relaci\u00f3n arm\u00f3nica o logos proporcional, tal y como se entiende en el tao\u00edsmo, el pitagorismo y el platonismo, pero tambi\u00e9n en el Renacimiento italiano y en la actual concepci\u00f3n de los arquetipos matem\u00e1ticos en la naturaleza. <\/p>\n<p>Ahora bien, este racionalismo de fondo idealista ha quedado hoy minado definitivamente por las crisis del mundo y de la raz\u00f3n pura en nombre de un sentido impuro, as\u00ed como por la denominada muerte de Dios y lo divino. Las filosof\u00edas vitalistas y existenciales, am\u00e9n del surrealismo y la cr\u00edtica posmoderna a la modernidad, desembocan en una visi\u00f3n del mundo ambivalente y contradictoria, parad\u00f3jica y surracional, tal y como comparece en el arte contempor\u00e1neo y sus figuraciones distorsionadas. La propia masoner\u00eda simb\u00f3lica de J. Otaola ha acusado el golpe l\u00facidamente, como por otra parte lo ha acusado nuestra hermen\u00e9utica simb\u00f3lica. Desde esta \u00faltima perspectiva pensamos que a la visi\u00f3n cl\u00e1sica de la \u201cproporci\u00f3n \u00e1urea\u201d debe contraponerse la visi\u00f3n poscl\u00e1sica de la \u201cdesproporci\u00f3n pl\u00fambea\u201d, de modo que junto al n\u00famero divino coloquemos el n\u00famero dem\u00f3nico, el cual ha sido tradicionalmente simbolizado por la nada, el cero y el vac\u00edo, pero m\u00e1s expl\u00edcicitamente en nuestro tiempo por la disimetr\u00eda y la irregularidad, la disonancia, el caos y la negatividad (mal, colapso, muerte).<\/p>\n<p>(Hermen\u00e9utica)<\/p>\n<p>As\u00ed que junto al n\u00famero \u00e1ureo o racional denominado Phi (Fi) por Fidias, hay que coafirmar el n\u00famero anti\u00e1ureo o irracional, que yo caracterizar\u00eda por la H (hache) \u00e1spera, aspirada o ruda de Hipaso, el matem\u00e1tico griego del siglo V a.C. que descubri\u00f3 en una traves\u00eda por mar los llamados n\u00fameros irracionales. Estos n\u00fameros irracionales se denominan as\u00ed porque no pueden expresarse por una raz\u00f3n entre los n\u00fameros enteros, ya que su desarrollo o extensi\u00f3n no tiene fin. Por eso se los llamaba innombrables o \u00e1fonos, puesto que miden magnitudes inconmensurables. No extra\u00f1ar\u00e1 que su descubridor Hipaso fuera arrojado por la borda al mar por sus compa\u00f1eros de viaje, asociando la indefinitud de su descubrimiento con la indefinitud del mar. Y es que los griegos pensaban el universo como cosmos ordenado y racional, bien definido, siendo incapaces de concebir lo irracional, desproporcionado, indefinido o infinito. <\/p>\n<p>De modo que al lado del n\u00famero racional comparece el n\u00famero irracional, frente a la proporci\u00f3n la desproporci\u00f3n y junto a lo regular o sim\u00e9trico lo irregular o disim\u00e9trico. Yo mismo representar\u00eda esta l\u00f3gica de la coimplicaci\u00f3n de los contrarios por un c\u00edrculo que alberga un punto central, simbolizando el c\u00edrculo el cero y el punto el uno (m\u00f3nada), o bien aquel la movilidad y este la inmovilidad. En su cuadro \u201cLa tempestad\u201d, el Giorgione nos ofrece en primer plano una escena buc\u00f3lica o id\u00edlica, mientras que el fondo ofrece una aut\u00e9ntica tempestad como contraste. No se puede hoy hablar de simetr\u00eda sin adjuntar la asimetr\u00eda, ni de armon\u00eda sin disarmon\u00eda, ni de bien sin mal (a evitar, filtrar o asumir cr\u00edticamente). Por eso propongo aqu\u00ed finalmente el t\u00e9rmino \u201cEucat\u00e1strofe\u201d de Tolkien para, cambi\u00e1ndolo de contexto, interpretar adecuadamente nuestro mundo como cat\u00e1strofe siquiera positiva. <\/p>\n<p>Eucat\u00e1strofe es una cat\u00e1strofe positiva, pero cat\u00e1strofe. De alg\u00fan modo intenta traducir lo que los f\u00edsicos cu\u00e1nticos denominan el big-bang o explosi\u00f3n del universo, una aut\u00e9ntica eclosi\u00f3n de positividad y negatividad, de proyecci\u00f3n y retroyecci\u00f3n, simetr\u00eda y asimetr\u00eda, asociaci\u00f3n y disociaci\u00f3n. Podemos usar el t\u00e9rmino \u201cbisociaci\u00f3n\u201d del viejo A. Koestler para denominar esta conjunci\u00f3n de energ\u00eda y entrop\u00eda, de eros y th\u00e1natos (para decirlo freudianamente). En efecto, el big-bang como explosi\u00f3n c\u00f3smica procreadora del universo encuentra su intrigante paralelo en el acto sexual procreador de la vida, con su expansi\u00f3n e impansi\u00f3n, as\u00ed como finalmente como parto o partici\u00f3n, a-parici\u00f3n o nacimiento del ser humano. <\/p>\n<p>M\u00e1s de uno ha podido constatar la paralelidad entre la procreaci\u00f3n del universo y la procreaci\u00f3n del hombre, pues en ambos casos parece que asistimos a un estallido de energ\u00eda cuasi masculina contrapunteado por fuerzas de gravedad y cohesi\u00f3n cuasi femeninas, as\u00ed como a la proyecci\u00f3n de un tiempo lineal irreversible (patriarcal-racionalista) contrapunteado por un tiempo c\u00edclico reversible (matriarcal-naturalista). Como la procreaci\u00f3n humana, la procreaci\u00f3n c\u00f3smica ofrece una elevaci\u00f3n y descenso de niveles desde lo sublime hasta lo abyecto, de lo celeste a lo infrahumano, de lo vital a lo mortal y de lo energ\u00e9tico hasta la desenergetizaci\u00f3n. El vac\u00edo del deseo (eros) vacila inestable inicialmente, hasta que se acaba vaciando proyectiva e introyectivamente, de acuerdo a la Semiof\u00edsica de las saliencias y entrancias de Ren\u00e8 Thom, y que pueden traducirse como extroversoras e introversoras, como explicadoras e implicadoras, abiertas y cerradas. <\/p>\n<p>Ha sido el propio A. Koestler quien mejor ha expuesto la \u201cbisociaci\u00f3n\u201d de los contrarios, incluso cuando los contrarios son la materia o el cuerpo y la mente, el caos y el orden, la disarmon\u00eda y la armon\u00eda, lo rid\u00edculo y lo sublime, la autoafirmaci\u00f3n y la autotrascendencia o integraci\u00f3n. El autor supo pasar de la disociaci\u00f3n a la bisociaci\u00f3n, logrando aunar el humor, la ciencia y el arte bajo un mismo prisma de creatividad. Esta creatividad es una invenci\u00f3n de relaci\u00f3n o analog\u00eda \u2013yo dir\u00eda simbolog\u00eda- entre cosas diferentes que encuentran una in\u00e9dita conjunci\u00f3n. La expresi\u00f3n de tal coimplicidad in\u00e9dita en el humor es la risa liberadora de falsas ataduras (ja,ja), en la ciencia es la ca\u00edda vertiginosa en la cuenta de dicha conjunci\u00f3n (aj\u00e1), y en el arte el quedarse boquiabierto ante una nueva junci\u00f3n o juntura (ah&#8230;).<\/p>\n<p>Y bien, es precisamente as\u00ed como el simbolismo correlaciona diaf\u00f3ricamente los contrarios, o bien acerca posturas aparentemente opuestas, o bien capta la complementaridad de lo diferente en su aferencia o mediaci\u00f3n afectiva. As\u00ed fue precisamente como el gran astr\u00f3nomo Kepler realiz\u00f3 la \u201cinter-pretaci\u00f3n\u201d  entre la figura teol\u00f3gica del Esp\u00edritu santo cristiano como alma motriz del mundo y la configuraci\u00f3n astron\u00f3mica de la fuerza motriz del universo,  antecedente de la gravedad o gravitaci\u00f3n universal. Y tambi\u00e9n as\u00ed, simb\u00f3licamente, es como nosotros podemos proyectar a Dios como Arquitecto del universo, si bien yo a\u00f1adir\u00eda a partir de la visi\u00f3n arquitect\u00f3nica de dicho universo, que se tratar\u00eda de un Arquitecto extra\u00f1amente raro (tan raro que ser\u00eda \u00fanico). <\/p>\n<p>Ha sido ahora S. Hawking quien ha vuelto a plantear hoy la cuesti\u00f3n debatida de Dios y su dise\u00f1o\/designio de la creaci\u00f3n, aparcando estas cuestiones cient\u00edficamente,  afirmando que si el mundo es eterno, el Dios creador no tiene cabida en \u00e9l. Entiendo bien el aparcamiento\/apartamiento de Dios a causa del mal insoportable de la creaci\u00f3n, aunque curiosamente ser\u00eda la \u00fanica salida a semejante callej\u00f3n sin salida. Por otra parte, respecto a la hipot\u00e9tica eternidad del universo, el f\u00edsico parece olvidar que en ese caso Dios podr\u00eda entenderse precisamente como eternidad creadora. Por nuestra parte filos\u00f3fica, podemos hablar del Gran Dise\u00f1o del universo, siquiera se tratar\u00eda de un Gran Dise\u00f1o problem\u00e1tico (visto lo ya visto), as\u00ed como incluso del Gran Designio del universo, siquiera se tratar\u00eda de un Gran Designio problem\u00e1tico (aunque no imposible). Esta problematicidad emerge de la propia problem\u00e1tica de fondo que simboliza Dios mismo, un Dios tambi\u00e9n problem\u00e1tico (pero no imposible). El caso es que en el caso de proyectar a Dios como el Gran Arquitecto del universo se tratar\u00eda de un Arquitecto ciertamente desmesurado o descomunal y algo \u00e1crata o estramb\u00f3tico. <\/p>\n<p>(Problematicidad)<\/p>\n<p>La realidad de lo real resulta problem\u00e1tica por su contingencia, que es el nombre tradicional para expresar la fragilidad e impermanencia de todas las cosas. En este sentido, la contingencia es positivamente catastr\u00f3fica, por cuanto es como una estrofa que se desarticula, una cadencia que decae, un hilo o lazo que se deshila o deslaza. Pero la contingencia es tambi\u00e9n problem\u00e1tica porque no ofrece una evoluci\u00f3n plana o regular sino sinuosa o irregular, presentando salientes y huecos, expansi\u00f3n e impansi\u00f3n. Curiosamente en griego \u201cproblema\u201d es lo que sobresale o sobresalta, as\u00ed como lo que falta o falla, un territorio simb\u00f3lico que cubre respectivamente la vida con su exceso y la muerte con su defecto o defecci\u00f3n. <\/p>\n<p>En todo caso, cabe aducir que una realidad problem\u00e1tica vale m\u00e1s que una realidad aproblem\u00e1tica o plana, si bien la realidad-problema tiene que asumir el choque de los contrarios que la constituye en un lenguaje articulado. Por eso debe asumir que Dios es la armon\u00eda y el diablo la disarmon\u00eda, que la salud es proyecci\u00f3n y la enfermedad desproyecci\u00f3n, que la felicidad es m\u00fasica y la infelicidad ruido, que el triunfo es ascensional y la derrota ca\u00edda, que la ilusi\u00f3n es aspiraci\u00f3n y la desilusi\u00f3n expiraci\u00f3n, que la vida es salida y la muerte entrada, pero tambi\u00e9n viceversa: que la vida es entrada y la muerte salida (coimplicaci\u00f3n de contrarios). <\/p>\n<p>Y es que esta es una tierra de belleza y siniestralidad: un mundo problem\u00e1tico habitado por la contingencia c\u00f3smica y humana, siquiera abierta a una trascendencia asimismo problem\u00e1tica. Se trata de un problema que tiene una soluci\u00f3n solamente relativa y relacional, ya que la soluci\u00f3n definitiva estriba en su disoluci\u00f3n. Quiz\u00e1s esta posici\u00f3n radicaloide ayude a plantear m\u00e1s radicalmente el problema radicado de nuestro mundo : su peligrosidad c\u00f3smica, y no solamente humana. Y quiz\u00e1s resulta que la clave del sentido radica en su c\u00f3nclave con el sinsentido, tal y como parece entreverlo Daniel Salda\u00f1a:<\/p>\n<p>Extraviar\u00e1s tu camino varias veces. Entre la repetici\u00f3n y el salario, no encontrar\u00e1s motivos para el canto. A\u00fan as\u00ed, buscar\u00e1s lo m\u00e1s sagrado en la renuncia, en el tono amarillento de las cosas, en la disoluci\u00f3n del entusiasmo. <\/p>\n<p>Por lo que al hombre concierne, se tratar\u00eda de tomar conciencia tragic\u00f3mica de su situaci\u00f3n en este mundo, proyectando no el ideal heroico de lo mejor, que es enemigo de lo bueno, sino la idea prudente de un \u201cmal menor\u201d. No tanto hacer el bien superior cuanto evitar el mal inferior o paliarlo dr\u00e1sticamente, cubriendo nuestras necesidades o verg\u00fcenzas humanas y no inhumanas, nuestros deseos radicales y no megaloman\u00edacos, nuestro anhelo de sentido capaz de humanizar el sinsentido irremediable. Por mi parte, propondr\u00eda algo tan elemental como no matarnos y morir en paz, pues ya se encarga Dios de abandonarnos al destino y la propia naturaleza de liquidarnos.<\/p>\n<p>Uno piensa que este mundo no tiene remedio, ya que la vida es un brillante derroche de energ\u00eda que se pierde oscuramente. Pero precisamente porque no tiene remedio radical tiene una especie de remedo radicado: un cambio radicaloide de la tradicional actitud buenista o positivista, ang\u00e9lica o divina, heroica o militarista hacia otra actitud de car\u00e1cter asuncionista o asuntivista, implicacionista o implicativista, una actitud que toda fondo y emerge en lugar de tocar lo m\u00e1s alto para caer siempre de nuevo v\u00edctima de nuestra propia arrogancia o melopea, desmesura o estulticia, sin-raz\u00f3n o locura colectiva. Frente a ello s\u00f3lo cabe asumir lo que somos y, sobre todo, lo que no somos. Y lo que no somos est\u00e1 simbolizado por la muerte, de la que Thomas Mann pudo decir ambivalente y problem\u00e1ticamente:<\/p>\n<p>La muerte es de una naturaleza piadosa, significativa y de una belleza triste,<br \/>\nes decir, espiritual; pero al mismo tiempo es de otra naturaleza casi contraria, muy f\u00edsica y material, y entonces no se la puede considerar bella, ni significativa, ni piadosa, ni siquiera triste. <\/p>\n<p>La ambivalencia problem\u00e1tica atraviesa la vida y la muerte, la existencia y la dexistencia, la experiencia mundanal del hombre como escarmiento de car\u00e1cter trascendental. Pues todas las cosas resultan problem\u00e1ticas desde el momento que son en lugar de no ser, y en el momento en que no son en vez de ser. Pero las cosas son tambi\u00e9n problem\u00e1ticas en su misma complementaridad, ya que se atraen y desatraen, se aman y se odian, se juntan y difieren. De aqu\u00ed emerge la visi\u00f3n del mundo como maravilloso y deplorable a la vez. Ante semejante situaci\u00f3n contradictoria una actitud sapiencial o de humilde sabidur\u00eda consistir\u00eda en transitar ambas orillas del mismo r\u00edo: confluentemente.<\/p>\n<p>(Coexistencia de opuestos)<\/p>\n<p>La posmodernidad (deconstructiva) ha puesto sobre nuestra mesa de trabajo la problematicidad de todo, religi\u00f3n y ciencia, econom\u00eda y pol\u00edtica, las naciones y sus dioses. Se trata de una problematicidad que resulta tragic\u00f3mica, ya que mientras en el mundo inferior la gente intenta calmar su hambre y su sed, en el mundo superior la gente controla su peso diet\u00e9ticamente. Pero la problematicidad del mundo se ha proyectado en internet, donde la realidad crasa o grasa queda virtualizada imaginalmente (de nuevo la diet\u00e9tica). Las im\u00e1genes virtuales desnudan la realidad de su espesor material y la volatilizan de forma flotante, haciendo innecesaria su presencia f\u00edsica en nombre de una presencia metaf\u00edsica. Ello evita parte de nuestra alienaci\u00f3n o cosificaci\u00f3n tradicional entre las cosas, pero al precio de levitar en una pureza purista, gn\u00f3stica o abstractoide.  <\/p>\n<p>Cabe hablar aqu\u00ed, en este contexto virtual, de cierta intramodernidad, ya que nuestra versi\u00f3n del mundo parece una intro-versi\u00f3n. Por una parte, esta introversi\u00f3n nos libera como decimos de viejas dependencias y ataduras a realidades duras o personas opacas; por otra parte, flotamos cuasi ingr\u00e1vidamente en este imaginario internacional de forma insegura, ya que sabemos mucho pero conocemos poco. Por si fuera poca problem\u00e1tica, la reacci\u00f3n de los viejos y los nuevos fundamentalismos resulta reaccionaria. Se tratar\u00eda sin duda de que este fundamentalismo viejo y nuevo se abra a la democracia  disolutora de absolutismos, mientras que la propia democracia deber\u00eda proyectar un horizonte de sentido para evitar el nihilismo que la amenaza. Frente a la tradicional verdad (dogm\u00e1tica), el sentido obtiene un car\u00e1cter relacional, cuyo juego de lenguaje es el \u201cdi\u00e1logo\u201d como conjugaci\u00f3n de contrarios frente a toda belicosidad (la cual es por cierto un arquetipo que, como dice J. Hillman, condiciona al hombre y cuyo s\u00edmbolo es Marte). <\/p>\n<p>Hay que plantear la cuesti\u00f3n del sentido latente del universo en nuestro universo del discurso, un sentido tambi\u00e9n problem\u00e1tico que traduce la cl\u00e1sica idea universal del amor, cuya autocr\u00edtica es precisamente el humor. El sentido problem\u00e1tico de la existencia se expresa como amor y humor, nociones antropol\u00f3gicas que a su vez traducen hoy respectivamente los viejos conceptos filos\u00f3ficos del ser y la nada, dios y el diablo, bien y mal, vida y muerte. Por lo dem\u00e1s, la filosof\u00eda debe decir la verdad de este mundo, pero la verdad de este mundo es su no-verdad, una verdad atravesada de error y mentira, una verdad oscura, un cierto sentido incierto. Y, sin embargo, la vida es demasiado problem\u00e1tica como para encima hacernos de ella un sobreproblema. <\/p>\n<p>La existencia es coexistencia de sentido y sinsentido, en donde el sentido confiere sentido al sinsentido que se lo quita parad\u00f3jicamente. O la existencia como coexistencia de oposiciones, sentido y sinsentido, lo cual no expresa una dial\u00e9ctica sino que expone una dual\u00e9ctica de contrarios, pues no se trata de una competici\u00f3n sino de una coimplicaci\u00f3n, en la que no hay vencedor ni vencido o, mejor dicho, el mismo es vencedor y vencido al mismo tiempo (Dios, el universo y su microcosmos, el hombre). <\/p>\n<p>De este modo, en la vida habr\u00eda un empate entre los opuestos, lo cual significar\u00eda que filos\u00f3ficamente el juego o partida de la existencia acaba en tablas. En este escenario, la soluci\u00f3n consistir\u00eda en la disoluci\u00f3n, algo que puede interpretarse como el tr\u00e1nsito de nuestra cosificaci\u00f3n o reificaci\u00f3n en el mundo al vac\u00edo o vaciado simb\u00f3lico en el trasmundo, o bien como el tr\u00e1nsito de nuestras figuras y figuraciones en esta existencia a su trasfiguraci\u00f3n posexistencial. <\/p>\n<p>Por desgracia, la tradici\u00f3n filos\u00f3fica o bien ha afirmado la inmanencia de la existencia en su materialidad (materialismo y positivismo) o bien ha afirmado como verdad la trascendencia en su idealidad (dualismo oriental y occidental). Nosotros mismos nos situamos en la coafirmaci\u00f3n de la dual\u00e9ctica de los contrarios, definiendo la realidad como contingencia o acontecer, el cual se define como  trascendencia inmanente o inmanencia trascendente.  La contingencia, en efecto, dice ser y no-ser, ser en la forma del dejar de ser, ser en devenir y devenir en el ser, cuyo s\u00edmbolo es el amor que se realiza desrealiz\u00e1ndose y se desrealiza realiz\u00e1ndose (el acto de amor como descastamiento o desgastamiento del amor).<\/p>\n<p> Dual\u00e9ctica de ser y no-ser, trascendencia e inmanencia, bien y mal, verdad y mentira. Pretendemos idealmente afirmar lo positivo  prescindiendo de lo negativo, pero solemos ignorar que el mal (lo malo) corroe el bien, lo mismo que el bien (lo bueno )corroe el mal. Es la visi\u00f3n de la coimplicaci\u00f3n de los contrarios la que resuelve su extremismo o absolutismo, su fanatismo o fundamentalismo. Por eso observamos que en Heidegger el ser se define como \u201cres\u201d: a la vez realidad y nada, donaci\u00f3n o positivaci\u00f3n y privaci\u00f3n o negaci\u00f3n. <\/p>\n<p>En el amor como s\u00edmbolo del ser obervamos su trascendencia respecto al devenir, al mismo tiempo que el devenir lo inmanentiza a trav\u00e9s de la temporalizaci\u00f3n. La propia verdad se dice en un lenguaje impropio, metaf\u00f3rico y relacional, y la verdad del acontecer es tambi\u00e9n su mentira porque pasa. Y es que el acontecer dice tiempo, aunque un tiempo que se inscribe en un espacio, un tiempo-espacio que coafirma el pasar y el posar: la inmanencia y la trascendencia de modo unitario (lo dem\u00e1s es escapismo inmanente o trascendente). El hombre se halla implicado en esta situaci\u00f3n inextricable entre lo divino y lo dem\u00f3nico.<\/p>\n<p>(El sentido musical del mundo)<\/p>\n<p>Nuestra problem\u00e1tica de la mediaci\u00f3n de los opuestos encuentra en la m\u00fasica su exposici\u00f3n sonora, ya que la m\u00fasica es la articulaci\u00f3n simb\u00f3lica de los contrarios, as\u00ed como su mediaci\u00f3n coimplicativa, tal y como se muestra en la expresi\u00f3n del gozo y del sufrimiento, de la pasi\u00f3n y la serenidad, de la fiesta y el duelo. En la m\u00fasica occidental esta representaci\u00f3n simb\u00f3lica de la existencia como coexistencia de vida y muerte alcanza su cumplimiento. Seg\u00fan los music\u00f3logos esa representaci\u00f3n crom\u00e1tica de los contrastes existenciales comenzar\u00eda en el siglo XII, un tiempo trovadoresco en el que la m\u00fasica medieval religiosa \u2013el gregoriano- deja de ser plana para devenir un tanto irregular, ya que la tradicional voz cantante, mon\u00f3tona, horizontal y sucesiva se dobla o redobla, siendo atravesada por par\u00e1frasis o parafraseos en una especie de discanto o contracanto. <\/p>\n<p>En ese emblem\u00e1tico siglo XII, en el que se da el paso del rom\u00e1nico aplanado al g\u00f3tico crom\u00e1tico, emerge la \u201cpolifon\u00eda contrapunt\u00edstica\u201d en el entorno de la catedral de Par\u00eds, culminando posteriormente en Flandes. Mientras que en el rom\u00e1nico la trascendencia aplana a la inmanencia achat\u00e1ndola, en el g\u00f3tico la trascendencia abre nuestra inmanencia hacia lo alto en elevaci\u00f3n simb\u00f3lica. De esta guisa, el tiempo gregoriano horizontal queda emplazado por el espacio g\u00f3tico vertical, proyectando una m\u00fasica \u201cdiaf\u00f3nica\u201d ya no regida por el canto firme del tenor, puesto que es contrapunteado por la coloratura \u201cb\u00e1rbara\u201d propia de la m\u00fasica g\u00f3tica con sus motetes, hasta arribar al Renacimiento con sus madrigales. El gregoriano con su sentido musical sustantivo o sustancial dirigido a la conversi\u00f3n se accidenta y divierte o diversifica de un modo m\u00e1s abierto. <\/p>\n<p>El paso musical de la Edad Media al Renacimiento est\u00e1 representado por la m\u00fasica renacentista de Palestrina, todav\u00eda deudora de armon\u00edas o consonancias medievales, pero tambi\u00e9n por la sensibilidad afectiva de nuestro Tom\u00e1s Luis de Victoria y el prebarroco Lasso. En la modernidad la m\u00fasica eclosiona en Bach barroca y contrapuint\u00edsticamente, en Mozart gozosa y alegremente, en Beethoven heroica y bruscamente, en Wagner dram\u00e1tica y rom\u00e1nticamente y en Mahler tragi-c\u00f3micamente. En la m\u00fasica moderna la conciencia temporal sucesiva aparece quebrada por el inconsciente espacial o imaginal, de modo que el sentido consonante de la existencia queda enmarcado en la simbolog\u00eda contrastante de la misma existencia, hasta acceder al abismo disonante o nihilista de la m\u00fasica atonal, dodecaf\u00f3nica o serial. <\/p>\n<p>Ha sido de nuevo E. Tr\u00edas quien, en su obra \u201cLa imaginaci\u00f3n sonora\u201d ha planteado una revisi\u00f3n de la m\u00fasica desde una perspectiva gn\u00f3stica, la cual concibe lo musical finalmente como una \u201ccatarsis\u201d o purificaci\u00f3n de la inmanencia temporal en nombre de una \u201cabstracci\u00f3n sublimante\u201d. Esta visi\u00f3n gn\u00f3stica encuentra \u201corden en el desorden\u201d, de acuerdo a un \u201ceterno sentido\u201d que todo lo trasciende. Para nuestro fil\u00f3sofo la m\u00fasica es simb\u00f3lica, pero el s\u00edmbolo se define gn\u00f3sticamente como \u201creconciliaci\u00f3n de lo escindido\u201d, cuyo paradigma estar\u00eda en el Parsifal de Wagner, en el que se concelebra \u201cel traspaso de la tragedia pagana a comedia divina\u201d. Esta versi\u00f3n espiritualista del s\u00edmbolo encuentra tambi\u00e9n su ejemplificaci\u00f3n en la Pasi\u00f3n seg\u00fan san Mateo de Bach, la cual es definida como \u201cuna tragedia superada o elevada a divina comedia\u201d. <\/p>\n<p>Y bien, uno mismo concibe la m\u00fasica en cuanto s\u00edmbolo de la existencia no como consonancia sino como consonancia disonante y no como armon\u00eda sino como armon\u00eda disarm\u00f3nica, as\u00ed pues como dual\u00e9ctica de contrarios, tal y como comparece a nuestro parecer en la Pasi\u00f3n bachiana seg\u00fan san Mateo, cuyo coral final empero se pliega en una terminal consonancia estridente o armon\u00eda desgarrada (y tanto m\u00e1s rasgada cuanto m\u00e1s avanza). El caso es que J.S.Bach no tiene parang\u00f3n, como pretende Tr\u00edas, con Leibniz, el fil\u00f3sofo del optimismo ilustrado y de la armon\u00eda prestablecida. En realidad la famosa Pasi\u00f3n bachiana no es \u201cuna tragedia superada en comedia\u201d, sino una tragedia \u201csupurada\u201d en comedia, o sea, una tragicomedia (cristiana). Olvida aqu\u00ed nuestro fil\u00f3sofo\t que el cristianismo profundo y no superficial es una aut\u00e9ntica tragicomedia, ya  que Cristo es la asunci\u00f3n (y no la superaci\u00f3n) de Jes\u00fas en Jesucristo, de modo que la asunci\u00f3n, el asuncionismo o el asuntivismo resulta un asunto crucial del cristianismo. Por eso el te\u00f3logo Jos\u00e9 Mar\u00eda Castillo puede afirmar que teol\u00f3gicamente no cabe decir que \u201cJes\u00fas es Dios\u201d (lo que significar\u00eda la deificaci\u00f3nh del hombre y lo humano) sino que \u201cDios es Jes\u00fas\u201d por la encarnaci\u00f3n como humanizaci\u00f3n de Dios; por ello la aut\u00e9ntica experiencia religiosa se dar\u00eda fundamentalmente en lo secular o humano y no en lo sagrado o divino. <\/p>\n<p>Toda mitolog\u00eda presenta la gran lucha entre el bien y el mal, pero toda aut\u00e9ntica mitolog\u00eda (incluida la mitolog\u00eda cristiana) ofrece una soluci\u00f3n no simple ni unilateral sino compleja y dram\u00e1tica. La aut\u00e9ntica soluci\u00f3n mitol\u00f3gico-cristiana es \u201ceucatastr\u00f3fica\u201d, un vocablo proveniente de Tolkien que significa una \u201ccat\u00e1strofe\u201d o abatimiento traspasada por \u201cun atisbo de gozo\u201d, el avatar existencial transido por \u201cun anhelo del coraz\u00f3n\u201d, la oscuridad del mundo atravesada por \u201cun rayo de luz a trav\u00e9s de las grietas del universo\u201d . El propio Tolkien, fil\u00f3logo y mit\u00f3logo cat\u00f3lico de Oxford, refiere la \u201ceucat\u00e1strofe\u201d tanto a la Encarnaci\u00f3n de Cristo como a su Resurrecci\u00f3n, definiendo al cristianismo eucatastr\u00f3ficamente como la m\u00e1s alegre tragedia (tambi\u00e9n podr\u00eda decir la m\u00e1s triste comedia), pues se trata como dice Tolkien de una alegr\u00eda que hace llorar (o bien una tristeza que hace re\u00edr) ya que rechaza la plena o total derrota final (lo que podemos llamar la derrota absoluta, pero no la relativa a esta vida y a este mundo). En sus propias palabras disonantes:<\/p>\n<p>La alegr\u00eda cristiana produce l\u00e1grimas porque es cualitativamente<br \/>\nigual al dolor: se trata de una reconciliaci\u00f3n de la alegr\u00eda y del dolor<br \/>\nen el amor, al diluirse en este el ego\u00edsmo y el altruismo.   <\/p>\n<p>El  austr\u00edaco Bruckner, cat\u00f3lico abierto, ha musicado bien, como ha mostrado el propio E.Tr\u00edas, esa dial\u00e9ctica de luz y oscuridad, sin triunfo o reconciliaci\u00f3n en esta vida cohabitada por la muerte no sublimable, puesto que la superaci\u00f3n o  reconciliaci\u00f3n final trascendente la dejar\u00eda Bruckner para la otra vida y para el propio Dios. Ahora bien, frente a esta visi\u00f3n superadora, pienso que ni el propio Dios (cristiano) puede reconciliar la inmanencia en una trascendencia que supere aquella dej\u00e1ndola definitivamente atr\u00e1s. Frente al gnosticismo, el cristianismo afirma la encarnaci\u00f3n como pasi\u00f3n y muerte del sentido, no superada por la resurrecci\u00f3n y la gloria sino s\u00f3lo supurada, sublimada o trasfigurada, mas no abolida, ya que las cicatrices o estigmas terrestres quedan en la resurrecci\u00f3n de la carne y en el alma como esp\u00edritu encarnado (puesto que no resucita el esp\u00edritu desencarnado). Por eso nadie nos puede quitar lo bailado o positivo, pero tampoco lo no bailado o negativo.<\/p>\n<p>En la filosof\u00eda de E. Tr\u00edas la gnosis es espiritual y funciona como liberaci\u00f3n desencarnada, obviando as\u00ed la religaci\u00f3n. Pero una aut\u00e9ntica gnosis filos\u00f3fico-teol\u00f3gica ser\u00eda asuntora y liberadora, religadora y desligadora, amorosa y humorosa. Una tal gnosis cabal no es meramente fractal, como quiere nuestro autor, encontrando orden en el desorden, sino tambi\u00e9n fractual, encontrando desorden en el orden. No podemos desenganchar los contrastes salvo abstractamente, se trata de una coimplicaci\u00f3n o coimplicidad dual\u00e9ctica (y no meramente dial\u00e9ctica abolida en la s\u00edntesis final). Precisamente el s\u00edmbolo no puede definirse sin m\u00e1s, como hace Tr\u00edas, cual  reconciliaci\u00f3n de lo escindido, al menos en sentido dial\u00e9ctico cl\u00e1sico, sino si acaso como la chirriante reconciliaci\u00f3n de lo escindido (por cuanto desconcertante o al menos contrastante), la dual\u00e9ctica de los opuestos compuestos y no depuestos, la coimplicaci\u00f3n de los contrarios contractos y no detractos. Deber\u00eda entonces recuperar nuestro autor su propia certera intuici\u00f3n respecto al gran m\u00fasico Mahler, en cuya m\u00fasica \u201clos extremos se funden en el gozne simb\u00f3lico\u201d, aunque esa fusi\u00f3n no deba entenderse como \u201cacorde atmosf\u00e9rico\u201d, ya que el s\u00edmbolo no es la sutura de lo sensible en lo inteligible, sino de lo sensible y lo an\u00edmico, del mundo con el alma (no se olvide que la nota musical se dice \u201cneuma\u201d o h\u00e1lito an\u00edmico). Y es que el s\u00edmbolo primigenio es el propio hombre en cuanto compuesto de cuerpo y alma o cuerpoalmado. As\u00ed que el s\u00edmbolo no se\u00f1ala el paso de la inmanencia a la trascendencia, sino la reuni\u00f3n de inmanencia y trascendencia per modum unius (de modo unitario o relacional).<\/p>\n<p>La dual\u00e9ctica de los contrarios, vida y muerte, sentido y sinsentido, los coimplica sin dejar fuera el sentido (tal y como propone el nihilismo contempor\u00e1neo) pero tampoco el sinsentido (como hace finalmente el hero\u00edsmo de Beethoven, el superacionismo de Hegel o el gnosticismo de Tr\u00edas). La dual\u00e9ctica de los contrarios es incluyente y no excluyente, y no cabe celebrar lo positivo sin lo negativo, pues como ha mostrado el propio Tr\u00edas comentando el Falstaff de Verdi, tan jocoso y riente, hay \u201cla selva durmiente que esparce incienso y sombra\u201d: y en Otelo junto a la l\u00edrica Desd\u00e9mona comparece Yago cacof\u00f3nicamente. Podemos pues hablar de dual\u00e9ctica o bien, como me recomendaba E. Morin, de multil\u00e9ctica o pluril\u00e9ctica, pero siempre en sentido coimplicativo o coimplicacional, y no desimplicativo o desimplicacional. Por esto mismo en el Parsifal de Wagner la redenci\u00f3n o salvaci\u00f3n se realiza a trav\u00e9s de la \u201ccompasi\u00f3n\u201d del propio Parsifal, una compasi\u00f3n que en alem\u00e1n se dice \u201ccon-dolor\u201d (Mitleid: condolencia).<\/p>\n<p>En la filosof\u00eda de nuestro fil\u00f3sofo la m\u00fasica simboliza el origen o lo matricial (un viejo t\u00e9rmino de mi propio repertorio hermen\u00e9utico), origen matricial o cuna que se recuperar\u00eda finalmente en la tumba de la muerte como cuna invertida, pero esta recuperaci\u00f3n del origen al final no es precisamente una reconciliaci\u00f3n gloriosa, m\u00e1s bien filos\u00f3ficamente aparece como el paso de este mundo al trasmundo (c\u00f3smico). Incluso en el caso de postular la fe o creencia en la trascendencia, sigue rigiendo el lema cristiano de que \u201cla gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona\u201d. Por lo dem\u00e1s, estoy de acuerdo en postular una apertura radical a la trascendencia, pero esa apertura no deja de ser un agujero simb\u00f3lico y, por tanto, una herida c\u00f3ncava que debe permanecer abierta y no cerrada, supurante y no clausurada, precisamente para poder acoger esa trascendencia como ung\u00fcento salv\u00edfico o sanante. Yo dir\u00eda entonces que la herida simb\u00f3lica s\u00f3lo es superable simb\u00f3licamente, pero realmente s\u00f3lo es supurable. Por ello no puede hablarse de \u201csentido eterno\u201d a no ser que se a\u00f1ada el \u201csinsentido eterno\u201d, ya que el \u201csentido eterno\u201d deval\u00faa gn\u00f3sticamente el tiempo y la inmanencia como sinsentidos que se cancelar\u00e1n escatol\u00f3gicamente. <\/p>\n<p>(Conclusi\u00f3n pol\u00edtica)<\/p>\n<p>La m\u00fasica como matricial se adjunta dionisianamente con el imaginario del mito y la dram\u00e1tica del ritual. Frente a este \u00e1mbito protoracional no est\u00e1 el lenguaje definido por nuestro fil\u00f3sofo como faloc\u00e9ntrico o logoc\u00e9ntrico (patriarcal), sino que est\u00e1 el logos transracional o abstracto de la raz\u00f3n celeste o apol\u00ednea. Entre el protolenguaje matriarcal y el metalenguaje patriarcal queda precisamente el lenguaje dial\u00f3gico o intersubjetivo, el interlenguaje como mediaci\u00f3n fratriarcal. Este interlenguaje o lenguaje interrelacional realiza la mediaci\u00f3n de mito y logos en una \u201cmito-log\u00eda\u201d a modo de cultura compartida (interhumana). Pues bien, este lenguaje mediador simboliza la democracia en su constitutiva funci\u00f3n parlamentaria.<\/p>\n<p> Entre el protolenguaje matriarcal y el metalenguaje patriarcal se instala el interlenguaje fratriarcal que tiene a Hermes como patr\u00f3n o arquetipo de la mediaci\u00f3n. Este esquematismo hermen\u00e9utico, que es la falsilla de mi propia filosof\u00eda, permite elevar a rango humano reduplicativo el lenguaje precisamente en cuanto mediador de lo m\u00edtico y de lo l\u00f3gico o abstracto. Hermes se sit\u00faa as\u00ed entre Dioniso y Apolo a modo de mediaci\u00f3n de los contrarios. Curiosamente en la democracia ateniense los funcionarios en general son elegidos por sorteo de acuerdo al trasfondo matriarcal de la igualdad natural dionisiana (isomoir\u00eda), mientras que los funcionarios supremos eran elegidos por la Asamblea (Ekkles\u00eda) de acuerdo a la ley civil ol\u00edmpica o apol\u00ednea (isonom\u00eda). De este modo, la democracia griega de Pericles y socios del siglo V a.C. se basa en la doble articulaci\u00f3n dionisiana y apol\u00ednea del Lenguaje mediador de Hermes.<\/p>\n<p>En este sentido difiero de R. Argullol y socios, que presentan al apol\u00edneo Orestes como el s\u00edmbolo democr\u00e1tico frente a las diosas tribales (las Erinias). Tiene raz\u00f3n en que estas diosas tribales pertenecen al trasfondo matriarcal-dionisiano y simbolizan el destino arcaico, pero el Orestes de Esquilo no pertenece al \u00e1mbito mediador o hermesiano, sino al \u00e1mbito ol\u00edmpico o celeste de Apolo y Atenea. Por eso no se puede considerar democr\u00e1tico a Orestes, como piensan tantos, se tratar\u00eda si acaso del representante de una democracia ol\u00edmpica bajo Zeus, la cual se caracterizar\u00eda como despotismo ilustrado (como su final r\u00e9gimen patriarcal en Micenas).  <\/p>\n<p>En nuestra propia visi\u00f3n es Hermes, el dios del lenguaje y de la comunicaci\u00f3n de los contrarios, el aut\u00e9ntico dios, numen o arque-s\u00edmbolo democr\u00e1tico, que no en vano se le llamaba \u201clogios\u201d (el parlante) y \u201cagoraios\u201d (el que frecuenta el \u00e1gora). Hermes es el<br \/>\n \u201c demon propicio\u201d (agathos daimon), y en su festividad cretense los esclavos eran servidos por sus amos simb\u00f3licamente. Por lo dem\u00e1s, Hermes tiene un toque ret\u00f3rico y hermen\u00e9utico e incluso sofista, que lo aleja tanto de la verdad absoluta (ol\u00edmpica o apol\u00ednea) como de la verdad relativista (inmanente o dionisiana).La verdad hermesiana no es ni absoluta ni relativista, sino relacional, la cual puede traducirse como verdad encarnada o sentido (interhumano). <\/p>\n<p>En su obra sobre el fin de la historia, Fukuyama ha lamentado que el hombre actual haya perdido el valor heroico (megalothimia). Sin embargo no se tratar\u00eda, frente a Fukuyama, de cultivar el valor heroico sino el valor an\u00edmico (megalopsiqu\u00eda), apostando por la \u201cinteranimidad\u201d y apostatando del tradicional ideal patriarcal. Pues no se trata de imponer la verdad sino de proponerla interling\u00fc\u00edsticamente, de acuerdo con la idea de proposici\u00f3n como propuesta: una propuesta simb\u00f3lica, por cuanto transgrede el significado c\u00f3sico o literal en nombre del sentido humano. Un tal sentido asume lo sentido y no lo escamotea en nombre de la abstracci\u00f3n que impera en el mundo. Pues la aut\u00e9ntica verdad es la verdad-sentido, la cual no es luz que oculta sino luz que ilumina lo oculto u ocultado: el dolor y el sinsentido, el error y la mentira, el mal y la muerte. <\/p>\n<p>Es en el nombre simb\u00f3lico del gran tab\u00fa de la muerte como cabr\u00eda boicotear existencialmente esta vida, exhibiendo el derecho humano a no nacer a este crudo mundo, el derecho elemental a que no nos nazcan. Se trata de un derecho simb\u00f3lico y de una denegaci\u00f3n simb\u00f3lica, ya que no real, c\u00f3sica o literal, pero aqu\u00ed el s\u00edmbolo cr\u00edtico cumple su funci\u00f3n hermen\u00e9utica de transgredir la verdad impuesta de la presunta bondad vital, a partir de la experiencia de la propia negatividad de lo real\/realizado. De este modo, el s\u00edmbolo como interpretaci\u00f3n transgresora de la verdad accede al sentido oculto u ocultado de la no-verdad encarnada por la muerte, la cual deber\u00eda permitirnos una aut\u00e9ntica radicalidad cultural y pol\u00edtica a la hora de asumir real\u00edsticamente un mundo eucatastr\u00f3fico. <\/p>\n<p>Ante el mundo como cat\u00e1strofe positiva el hombre debe asumir positivamente su negatividad, tratando as\u00ed de \u201cpositivar\u201d dicha negatividad: negatividad que no es posible positivar sino en el cuarto oscuro de nuestro laboratorio hermen\u00e9utico capaz de iluminar las propias tinieblas. Mas se puede objetar con M. Proust que un arte como la m\u00fasica, que infunde una verdadera emoci\u00f3n m\u00e1s elevada o verdadera no se corresponda a cierta realidad espiritual, pues de lo contrario la vida carecer\u00eda de sentido. Y bien, el arte de la m\u00fasica se corresponde inmediatamente a cierta realidad an\u00edmica o humana  y s\u00f3lo mediatamente a cierta realidad espiritual o transhumana. En todo caso el ejemplo muestra precisamente que la vida carece de sentido vivida bobaliconamente, es decir, amusicalmente o sin echarle m\u00fasica: la cual empero suena consonante y disonantemente, sublime y t\u00e9tricamente, como el propio Proust sab\u00eda por partida doble. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Masoner\u00eda) La masoner\u00eda simb\u00f3lica de Javier Otaola resulta simp\u00e1tica por su apertura y car\u00e1cter sincr\u00e9tico o ecum\u00e9nico, lo que le confiere una especie de moralidad secular apuntalada por una ritualidad o liturgia laical de sentido constructor\/constructivo de la propia persona en medio del mundo. 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