{"id":60,"date":"2009-11-24T10:57:35","date_gmt":"2009-11-24T09:57:35","guid":{"rendered":"https:\/\/preblogs.deusto.es\/hermes\/?page_id=60"},"modified":"2010-02-26T15:46:09","modified_gmt":"2010-02-26T14:46:09","slug":"simbolos-artisticos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/hermes\/filosofica\/galeria-de-simbolos\/simbolos-artisticos\/","title":{"rendered":"S\u00edmbolos art\u00edsticos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">(de <em><a href=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/hermes\/filosofica\/galeria-de-simbolos\/\">Galer\u00eda de s\u00edmbolos<\/a><\/em>)<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Andr%C3%A9s_Ortiz-Os%C3%A9s\">Andr\u00e1s Ortiz-Os\u00e9s<\/a><\/p>\n<p><strong>LA GIOCONDA: LA SONRISA DE LA ESFINGE<\/strong><\/p>\n<p>Los ojos de la Gioconda son rasgados o almendrados, orientales, y miran a un mismo tiempo ambivalentemente: blandos y duros, simp\u00e1ticos y petrificadores, lascivos y penetrantes. Por el contrario, la nariz es larga y occidental, provocando una cierta seriedad en el rostro femenino. Por su parte, la boca cual acento circunflejo pareciera sintetizar los ojos oblicuos y la nariz recta en un rictus ambiguo pleno de misterio interior.<\/p>\n<p>Completa el retrato una barbilla adolescente y unos pechos que oscilan entre el alabastro santo y la sensualidad pagana. Cierra el cuadro una mano de n\u00e1car plegada sobre la otra encima del brazo de un sill\u00f3n.<\/p>\n<p>Leonardo da Vinci ha pintado a Mona Lisa enigm\u00e1ticamente, difuminando el color oscuro de su cabello y sus vestidos de acuerdo a la t\u00e9cnica del \u201csfumatto\u201d y el claroscuro.<\/p>\n<p>Pero este claroscuro recorre toda la pintura real y simb\u00f3lica, ya que se entremezcla en la sonrisa de este famoso rostro tanto la iron\u00eda como la afectuosidad, la distancia y la cercan\u00eda. Se trata de una sonrisa contristante que sit\u00faa su figura de Esfinge entre lo jocundo y lo siniestro, lo vital y lo mortal, la gracia y la fatalidad.<\/p>\n<p>Ello se corresponde perfectamente con la propia filosof\u00eda de Leonardo, seg\u00fan la cual la potencia vital desea la fuga y la muerte (en su sentido de th\u00e1natos, requies o descanso), ya que la muerte se acaba burlando de la vida que r\u00ede irreflexivamente. Pero entonces la Gioconda simboliza la vida misma en su belleza y truculencia, el amor mismo en cuanto gracia y pecado, la madre y la maternidad en cuanto mujer y feminidad sublimadas.<\/p>\n<p>Mona Lisa representar\u00eda as\u00ed a Demeter, la diosa en connivencia con el dios Dioniso, su hijo-amante. El cual simboliza a la vez la vida y el hades (la muerte), la naturaleza naturante y la naturaleza naturada o desvitalizada (inerte, mineral o f\u00f3sil), eros y th\u00e1natos.<\/p>\n<p>Probablemente se trata de una Demeter cristianizada que mira de soslayo cual Piet\u00e1  renacentista (cristiano-pagana) a su hijo que vive, muere y resucita para volver a morir c\u00edclicamente. De ah\u00ed esa sensaci\u00f3n de movimiento inm\u00f3vil y de tiempo suspendido que emana del cuadro en medio de una atm\u00f3sfera entre pagana y sagrada, mundana y trasmundana.<\/p>\n<p>El propio fil\u00f3sofo M. Heidegger ha interpretado la verdad del ser, que es como decir la verdad del sentido de la existencia, como un oscuro enigma de car\u00e1cter destinal: destino simbolizado por la muerte como repliegue de la vida a su misterio originario.<\/p>\n<p><strong>CRUCIFIXI\u00d3N: EL CRISTO HIPERC\u00daBICO<br \/>\n<\/strong><br \/>\nLa pintura de Salvador Dal\u00ed debe comprenderse como una regresi\u00f3n cr\u00edtica de la consciencia al inconsciente, de lo real a lo surreal, del logos al mito, del mundo al sue\u00f1o, de lo extrauterino a lo intrauterino, del devenir de la realidad a su revenir fl\u00e1ccido. La visi\u00f3n daliniana del mundo ablanda el espacio y reblandece el tiempo, tal y como se muestra paradigm\u00e1ticamente en su obra Los relojes blandos.<\/p>\n<p>El tiempo daliniano no es el tiempo lineal del progreso heroico sino el tiempo del regreso antiheroico. La dura realidad c\u00f3sica o reificada se vuelve blanda y viscosa, delicuescente y carnosa. Por ello el Cristo hiperc\u00fabico de 1954 es un Cristo blando y comestible, eucar\u00edstico. As\u00ed interpreta pict\u00f3ricamente Dal\u00ed el modernismo arquitect\u00f3nico de Gaud\u00ed.<\/p>\n<p>Se trata de una Crucifixi\u00f3n gloriosa, en la que un Cristo desclavado y libre celebra su humanidad resplandeciente. A su vera y abajo s\u00f3lo permanece la Virgen barroca, pero no la Magdalena ni san Juan, que habr\u00edan sido absorbidos por este Cuerpo flotante que parece haber vencido a la muerte. Un Cristo rubio de cuerpo anaranjado contrasta con las negras tinieblas de su entorno.<\/p>\n<p>La ausencia m\u00e1s significativa del cuadro es la del Dios Padre, ante el cual el propio Crucificado lamentara su abandono. Pero abandonado por su Dios Padre arriba y acompa\u00f1ado abajo por la Virgen Madre, Cristo se yergue como figuraci\u00f3n central del Hijo-Hermano,  autoafirm\u00e1ndose en su humanidad refulgente. La belleza del Cristo resulta aqu\u00ed difusiva y contagiosa est\u00e9ticamente. Pues Dal\u00ed mira al cielo a trav\u00e9s de la carne.<\/p>\n<p>Un tal Cristo que reflota ingr\u00e1vido y ext\u00e1tico en medio de una oscuridad cerrada es un Dios encarnado, el Logos hecho carne, donde la carne es carnal (eros). Este Dios hecho eros encarna aqu\u00ed m\u00edsticamente al h\u00e9roe contracultural daliniano, con ese toque renacentista que remite filos\u00f3ficamente a Marsilio Ficino y art\u00edsticamente al propio Miguel \u00c1ngel.<\/p>\n<p>Este h\u00e9roe m\u00edstico y contracultural de car\u00e1cter cat\u00f3lico se apoya en la presencia humana de la Virgen Madre en medio de la ausencia oscura del Dios Padre. Pero este Cristo acoge la compresencia del Esp\u00edritu Santo impl\u00edcito o implicado en su simb\u00f3lica del amor fraterno, connotado aqu\u00ed por ese amarillo dorado de la cruz c\u00fabica y del manto de la Virgen. Sintom\u00e1ticamente el Cristo suspendido comparece en posici\u00f3n de inspiraci\u00f3n y no de expiraci\u00f3n, ya lo adujimos, y la inspiraci\u00f3n es propia del Esp\u00edritu que inspira un tal amor interhumano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(de Galer\u00eda de s\u00edmbolos) Andr\u00e1s Ortiz-Os\u00e9s LA GIOCONDA: LA SONRISA DE LA ESFINGE Los ojos de la Gioconda son rasgados o almendrados, orientales, y miran a un mismo tiempo ambivalentemente: blandos y duros, simp\u00e1ticos y petrificadores, lascivos y penetrantes. 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