Las Naciones Unidas y la respuesta a la amenaza del Estado Islámico por Iñigo Arbiol

Iñigo Arbiol Oñate, Profesor de Historia y Relaciones Interacionales en la Universidad de Deusto, sobre las Naciones Unidas y la respuesta a la amenaza del Estado Islámico:

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Más de 140 se líderes mundiales se encuentran hoy camino de Nueva York. El cambio climático y otros desafíos globales se encuentran agendados en los apretados programas que ya han sido distribuidos entre las delegaciones. Sin embargo, desde la gran sala que acoge a la Asamblea General de Naciones Unidas, la reunión de las reuniones, se escuchará un continuo zumbido de conversaciones paralelas y negociaciones de rincón sobre un tema : qué opciones existen para responder conjuntamente al autodenominado Estado Islámico.

Resulta complejo saber si los 193 miembros de la Asamblea General serán capaces de lograr algún acuerdo o resultado en un auténtico maratón de 5 días, pero lo que es seguro es que las Naciones Unidas van a vivir uno de esos momentos tensos en los que el objetivo es buscar acuerdos sobre el EI y el medio es el lobby político.

El Estado Islámico que ya se ha apoderado de una gran parte de Siria e Irak, ha enviado una onda expansiva tanto en la región como a nivel mundial y el Presidente Obama busca una coalición mundial en un contexto donde la mayor parte de los grandes actores se ven afectados de un modo u otro. Ante esta realidad, existen dos posibles resultados. Por un lado, firmar una coalición internacional bajo el paraguas de Naciones Unidas al estilo de la que impulsó el Presidente Bush en 1990 para liberar Kuwait. Por otro, desaprovechar una ventana de oportunidad creada por los intereses comunes de los grandes estados y donde podrían generarse importantes sinergias. El encaje de bolillos en el que Ban Ki Moon podría tejer una gran coalición, tiene numerosos actores, todos ellos afectados por la onda expansiva del EI.

Irán, potencia regional chií, casi puede sentir la presión a escasos 50 kilómetros de su frontera. Cuestiones como la posible proliferación nuclear mantienen al gobierno iraní en el lado opuesto de gran parte de la comunidad internacional y en especial de Occidente. Sin embargo, el gobierno iraní ha tendido la mano a su rival Arabia Saudita – la potencia regional sunita – y ha hecho la vista gorda al papel de Estados Unidos en Irak, donde miembros de la Guardia Revolucionaria han participado en ataques aéreos.

Más compleja resulta la sinergia con Siria. El Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos Martin Dempsey, ha advertido de que no es posible vencer al EI sin atacar sus bastiones en Siria, mientras que el gran interrogante que permanece es si cooperar o no con el gobierno sirio.

Otra gran baza es Turquía que ha recorrido su propio camino en la lucha contra el EI y cuya colaboración con Occidente ha sido muy inferior a la esperada por Occidente. El gobierno de Ankara ha ofrecido colaborar en las operaciones humanitarias y logísticas con las bases aéreas de la OTAN en territorio turco, pero las negociaciones en Nueva York habrán de trabajar para convencer al Presidente Erdogan de que las armas enviadas por los países occidentales a las fuerzas kurdas no terminarán en manos de los “peshmergas” del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) presente también en el norte de Irak.

La presencia de las delegaciones de Arabia Saudita, Emiratos y Jordania estará muy valorada sin duda la semana próxima. Las autoridades saudíes preocupadas de que el EI sirva de inspiración para desafiar a la monarquía del Rey Abdullah. Riad ha desplegado más de 30.000 soldados desde el verano y se han unido a Jordania, Qatar, Emiratos y Bahréin desde hace 24 horas (todos ellos han rechazado las acusaciones de haber financiado al EI en algún punto) en los bombardeos ordenados por Obama a más de 50 objetivos del EI en el norte de Siria.

Por último, el gran reto si Ban Ki moon quiere obtener resultados concretos en un tema sobre el que se ha comprometido y ha comprometido directamente a la organización, es el acercamiento de posiciones entre el principal impulsor de la política contra el EI, Estados unidos y Rusia. Moscú ha hecho uso de sus prerrogativas en la organización mundial y ha vetado varias resoluciones referentes a la intervención en Siria por parte del Consejo de Seguridad, pero también se ve expuesta a las amenazas en zonas como el norte del Cáucaso donde confluyen intereses estratégicos de territorios enfrentados a Rusia como Chechenia y los del EI. Rusia ya ha mostrado su intención de luchar contra el grupo armado, pero falta avanzar un paso y buscar la convergencia con Estados Unidos. Un paso relativamente largo si la Unión Europea y Estados Unidos insisten en sancionar a Rusia por la injerencia en Ucrania.

En definitiva, mañana comienzan oficialmente las rondas de contactos, pero la diplomacia lleva semanas trabajando en la búsqueda de apoyos y el intercambio de intereses. De nuevo un desafío global convierte a la sede de Naciones Unidas en un foro desde el que pueden construirse respuestas globales. El Secretario General deberá decidir si expone a la organización en la búsqueda de esos espacios o si deja a la ONU a salvo de las posibles consecuencias si la coalición fracasara. Esta última opción nos alejaría de un futuro más multilateral y de la capacidad de responder globalmente a los retos del siglo XXI.

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