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Asesinos de ideas

Me gustaría dedicar el post a centrarme a cómo va degenerando a lo largo de los años nuestra capacidad de innovar y lo poco que se hace para evitar esta situación. También me gustaría replantearnos ciertos aspectos en los que podríamos mejorar no solo como personas, sino como sociedad.

Son pocos los visionarios que a partir de los 40 están frescos con nuevas ideas y nos traen nuevos conceptos, ya sea en la rama del arte o en la tecnología. ¿Por qué nos cuesta tanto pensar de forma diferente?

Pienso que este problema comienza a partir de la educación primaria, donde somos catalogados en cada asignatura por una nota, la cual indirectamente nos hace competir entre compañeros. ¿No es más lógico simplemente marcar si tenemos ese conocimiento o no? El modelo donde se marca si tenemos mucho, poco, o ningún conocimiento acerca de una asignatura creo que es más correcto, además el notificar en qué punto es el problema creo que es más constructivo en poner, por ejemplo, un 3. Además, hemos atravesado una educación donde la única solución correcta, y el único modo adecuado de resolución de un problema era el método del profesor. Realizar otro proceso podía ser penalizado negativamente por el maestro.

Hemos sido forzados a dejar de imaginar y pensar de forma mecánica. Cuando tenemos que resolver un problema nuestros mecanismos internos empiezan a aplicar todo el conocimiento y métodos que nos han metido para aplicar a un problema, y aún así tal vez no encontramos la mejor solución. Estos mismos problemas un niño puede resolver con facilidad tan solo imaginando una manera sencilla de realizarlo.

Cuando llegamos a nuestra vida profesional llegamos con una maleta de conocimientos enorme, a partir de aquí tiramos de todos ellos para proponer una solución. Aquí se origina otro problema, la sobreingeniería: se proponen soluciones complejas a cuestiones donde la simpleza puede ser lo mejor. En desarrollo se emplean herramientas con gran potencial para resolver problemas que con otras utilidades más dirigidas podrían ser más eficientes, es necesario un ejercicio más extenso de investigación a la hora de adoptar una solución ¿se podría realizar de forma más simple?.

La falta de imaginación también repercute en cómo nos expresamos. A los profesionales que se sitúan más en la parte operativa se les achaca mucho el hablar con tecnicismos o “en otro idioma”. ¿Hemos perdido la imaginación? Deberíamos recurrir a metáforas sencillas para poder expresarnos y así poder alcanzar una posición mas visible dentro de la empresa. Personalmente creo que me expreso mejor realizando pequeños dibujos para expresarme, sobre todo si es un área compleja.

Nuestros conocimientos técnicos también nos pueden complicar la vida si los empleamos en demasiada cantidad en un momento determinado. Al comienzo de un proyecto, nos comenzamos a plantear cómo lo vamos a hacer en vez de pararnos a pensar qué es lo que necesitamos hacer. Más adelante en mitad del proyecto nos encontramos que para implantar algún módulo hay que hacer malabares para emplear la tecnología que hemos seleccionado.

Creo que deberíamos reeducarnos nosotros mismos para buscar la simpleza y emplear más la imaginación en nuestra vida diaria. Las compañías deberían reducir el estrés, el cual dificulta la generación de nuevas ideas, además de que un entorno más tranquilo mejora la productividad.