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Estancamiento laboral

La primera vez que entramos a trabajar en una empresa, es poco probable que creamos que vaya a ser el trabajo de nuestra vida. Puede que en ese momento estemos asustados, puede que emocionados por empezar a trabajar, pero con pies de plomo, observando cómo se mueve la gente dentro de la empresa, cuales son las costumbres, si van a tomar café a tal hora o traen algo para comer todos en los cumpleaños, etc.

Aun así, sea el primero o no, en algún momento encontraremos una oferta de trabajo que pensamos que es el trabajo de nuestra vida, la empresa perfecta o el sitio perfecto. Pero, cuando lo conseguimos y pasan los años en el mismo sitio, haciendo todos los días lo mismo, aunque es verdad que nos hemos convertido en expertos y nadie lo hace mejor, querremos crecer, subir de nivel, cambiar de puesto…

Aunque encontremos el trabajo de nuestra vida, lo más probable es que, en algún momento, nos suceda eso. Puede suceder por varios motivos, porque nos hemos aburrido, porque nos han cambiado de jefe y este es un capullo, porque hay otro puesto que hemos descubierto que nos gustaría más, etc.

Puede que consigamos otro puesto o puede que no, que para ese puesto que queremos haya alguien más apropiado, y lo intententamos de nuevo con otro puesto pero tampoco suene la flauta. Puede que lo intentemos varias veces, hasta que un día nos demos cuenta que ya solo somos aptos para hacer el trabajo que hemos hecho durante toda nuestra vida y llegará el momento en el que nos resignemos a quedarnos donde estamos durante los años que nos queden de vida laboral. Nos habremos estancado.

He oído más veces historias de personas que querían prosperar y han terminado estancadas, que historias de gente que ha conseguido prosperar, se ha movido por varios puestos que le habían gustado o que está tan contenta con su trabajo inicial que no se plantea moverse. A mi esto me parece triste. Porque el sentimiento que conlleva haberse estancado no es precisamente de felicidad. Esas personas, en su gran mayoría, van a trabajar sin ganas, a hacer sus tareas por hacer y salen del trabajo quemados, enfadados, estresados, tristes, amargados…

Pero, no acaba ahí. Muchas empresas con trabajadores estancados hoy, no les despiden porque supone un coste mayor despedirles y pagarles el finiquito, que esperar a que se jubilen. Total, mientras sigan haciendo su trabajo. Y si no lo hacen, ya va su jefe a meterlos en cintura.

Esa, no es una forma de vivir. Ni para las empresas, ni para sus trabajadores. Sería mucho más fácil que la empresa ayudara a un trabajador estancado a moverse, que soportar a un trabajador que no quiere hacer su trabajo o que no está a gusto haciendo lo que hace. Pero, en muchas empresas, la norma suele ser apretar las tuercas mientras aguantes. Pues les dire una cosa, las personas no somos máquinas.

Sinceramente, yo espero no ser nunca una trabajadora estancada.