¿Quién tiene razón?

La siguiente reflexión nace a raíz de una conversación que tuvimos en clase hace un par de semanas sobre quién tendría razón en una situación hipotética en la que una intervención no ha alcanzado el objetivo que se esperaba. ¿Sería responsabilidad del emisor por no plantear la intervención de manera adecuada?, ¿o de los receptores por no mostrarse lo suficientemente abiertos ante lo que se exponía? Para no encasillarnos en este caso concreto podemos generalizar y abrir el debate a cualquier situación de la vida en la que exista una interacción entre dos o más personas.

Que cada persona tiene una percepción
del mundo única e intransferible es tan cierto como que detrás de las nubes
está el sol, pero es algo en lo que ni nos paramos a pensar. Como el hecho de
que detrás de las nubes está el sol. El ego nos nubla la vista y nos dificulta pararnos
a pensar en cómo está(n) viviendo la misma situación que estamos viviendo
nosotros la(s) otra(s) persona(s).

Lo único que concebimos del mundo
es lo que captamos a través de los sentidos en conjunción con una masa compleja
de experiencias y vivencias previas que condicionan cómo percibimos esos
estímulos. Esto hace que la experiencia personal cobre mucha importancia,
llegando a situarse en una posición de superioridad con respecto a las percepciones
del resto de las personas y, por ende, a ellas.

Y justo por la misma razón por la
que nadie podrá llegar a comprender la forma en la que nosotros vivimos una experiencia,
nosotros no podremos llegar a comprender cómo lo vive otra persona. Por lo que
es necesario un ejercicio de madurez, humildad y empatía continuo en el que, de
manera consciente, nos desprendemos de nuestro ego para tener en cuenta el
punto de vista de las demás personas.

Es por esto por lo que la única herramienta
que está a nuestro alcance para alcanzar el objetivo que deseamos es nuestra actitud
frente a la actividad que vamos a desarrollar. Independientemente de si
queremos motivar o desmotivar, alegrar o entristecer, informar o desinformar, …,
el carácter que demostremos y con el que respaldemos nuestra acción marcará, en
una parte importante, el grado de éxito que obtengamos con respecto de lo que
esperábamos. Pero es justo por esta misma razón, que la actitud de cada uno es
un factor de influencia grande sobre el resultado de una acción, por la que el nivel
de desempeño estará también muy marcado por la actitud del resto de personas.

Por lo tanto, a la hora de
evaluar una situación con diferentes puntos de vista (incluso en situaciones en
las que pueda surgir un conflicto), es prácticamente obligatorio abstraerse de
la visión de uno y acercarse a la del resto para obtener una versión más
cercana a la verdad, entendida como la unión de cada una de las posturas.