El valor añadido de los datos en el mundo organizacional

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En este último post expondré mi punto de vista sobre los aspectos comunes que he identificado en los diferentes textos. En primer lugar voy hablar sobre un tema que se encuentra presente en todos ellos: los datos.

Los datos se encuentran detrás de cada nuevo producto o innovación tecnológica. Podríamos decir que el producto o la tecnología en sí sería la maquinaria, y el dato su combustible. Por este motivo, el volumen de datos que producimos está aumentando exponencialmente. Esto puede ser un problema ya que si no gestionamos adecuadamente dichas cantidades de datos, podemos perder el control sobre ellos, lo que supone numerosas consecuencias: fuga datos, exceso de información, problemas de privacidad… Por lo tanto, pienso que una de las principales ocupaciones de las empresas debería ser el tener una correcta gestión de los datos que generan y procesan.

Para dicha gestión, en primer lugar se debería tener consciencia de aspectos como qué tipos de datos se tratan, dónde se encuentran localizados, en qué parte del negocio tienen impacto… Es decir, tener formalizada una buena base a partir de la cual posteriormente se tomará como punto de partida para explotar los datos. En segundo lugar, se debería de establecer un método para integrar las diferentes fuentes de datos, ya que uno de los grandes problemas del big data es que los datos se encuentran en una amplia variedad de formatos, entre los cuales no sólo están los archivos de texto, sino también datos biométricos, voz, patrones de usuario… Pienso que disponer de una herramienta o tecnología que consiga unificar todo el espectro de datos es clave para sacarles el máximo rendimiento.

Por otro lado, los usuarios no son la única fuente de datos. Los dispositivos conectados que conforman el IoT (Internet of Things) aportan grandes cantidades de información que las empresas pueden utilizar para mejorar la calidad de sus servicios. Relacionándolo con la idea del apartado anterior de unificar los datos, otra de las ideas que se presentan en los textos es la poca o nula compatibilidad entre los diferentes dispositivos IoT. En mi opinión, se debería de establecer un protocolo universal mediante el cual cualquier dispositivo pudiese interactuar con el resto. De esta manera, las empresas se centrarían en mejorar la calidad de su producto y no tendrían que preocuparse por la implementación del sistema de comunicación. Además, la eficiencia de los programas inteligentes que hiciesen uso de los datos proporcionados por los dispositivos IoT aumentaría considerablemente debido a que al disponer de mayores cantidades de información se prestaría un servicio mucho más personalizado para el usuario.

Por último, me gustaría hablar sobre los Data Scientists. Cuando la información ha sido clasificada, depurada e integrada, aún no aporta un valor añadido importante a la organización. Es cuando los expertos en datos (o los llamados Data Scientists) realizan análisis y procesamiento de los datos mediante técnicas de big data cuando realmente se genera un conocimiento que sea de vital importancia para la toma de decisiones. Con esta idea quiero destacar que sólo por disponer de una gran cantidad de datos no vamos a conseguir una ventaja competitiva. Por ello, el papel de los Data Scientists es cada vez más importante debido a que son éstos los que extraen el conocimiento de unos datos que a simple vista sólo son los registros de la actividad de la organización.

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Big Data y la protección de los datos

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Hoy en día, si estamos mínimamente enterados del mundo tecnológico empresarial, seguramente que nos venga a la cabeza el término de Big Data, ya que ha sido uno de los conceptos más populares de las compañías los últimos años (como se puede ver en la imagen).

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Todo eso ha hecho que parezca que todas las compañías tengan que invertir en ello, para poder sacar provecho a todos esos datos crudos que tenemos, transformarlos en información, y así, poder, por ejemplo, a encontrar posibles nichos de negocio sin explorar, que puedan beneficiar a la compañía.

Gracias a ello, se generan beneficios a las compañías, pero tiene un “problema”, que es básicamente, que, para hacer un análisis de Big Data, vas a necesitar datos (además de manera masiva), lo que termina generando una necesidad de los mismos, y para ello, al final, somos nosotros los que se los damos, muchas veces sin ningún tipo de control.

Aquí surge la típica frase, que define Internet, que es que “Si el producto es gratis, eres tú el producto”, ya que, en internet, nos hemos acostumbrado a que prácticamente todo sea gratis, y si no es así, pues prácticamente no lo queremos, sin darnos cuenta de que estamos pagando un gran peaje para poder entrar.

Todo esto puede parecer algo prácticamente exagerado, que no es para tanto, que es prácticamente imposible que todo esto me vaya a afectar… pero esto no está muy lejos de la realidad; ya es bastante común que, a la hora de contratar a un candidato, las compañías hagan un análisis previo de la actividad del candidato por las redes, y si encuentran algo que no les guste, pueden terminar no cogiéndote por eso.

Esto también es un problema de culturas: mientras que aquí, en Europa, se tiene una mentalidad más de protección de lo individual frente a la sociedad, en otros países, como en Estados Unidos, esto es prácticamente al revés (se le da prioridad a la sociedad, frente al individuo), a la hora de la protección de los datos; y claro, la mayoría de las compañías (Google, Facebook, Microsoft…) son americanas.

Por último, también recordar que no sabemos quién es el dueño final de nuestros datos, ya que algunas compañías venden esos datos sin ton ni son a otras compañías terceras, donde estos pueden hacer cualquier cosa con los mismos, como, por ejemplo, venderlos a otros…

Pero esto no solo se limita a la privacidad, también está el problema de las filtraciones de los datos, donde ya es casi costumbre que esto ocurra a las compañías, donde se roban cientos de miles de registros de información privada (y a veces crítica), sin poder hacer gran cosa para poder evitarlo.

Debido a esto, el nuevo reglamento de protección de datos busca poder “controlar” estos aspectos, aunque con las compañías externas parece que “no debe de cambiar mucho”, ya que, aunque los datos estén ahora en suelo europeo (si tratan con datos de ciudadanos europeos), prácticamente no hay ninguna garantía de que vayan a usarlos “correctamente”, porque el acuerdo se puede resumir en “vamos a usar los datos de los ciudadanos europeos de manera correcta”.

En conclusión, parece que el Big Data tiene un gran potencial, pero también un gran riesgo, si no se utiliza bien. Así que habría que tener una reflexión a la hora de usarlo, no solo teniendo en cuenta cuestiones de la compañía (qué me va a aportar…), sino también usando un poco la empatía, y pensar qué puede pasar a los usuarios finales por recolectar todos esos datos de los mismos, son ningún tipo de criterio.

Importancia de la identidad digital en el ámbito empresarial

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En este segundo post me centraré en analizar la importancia que tiene la identidad digital en el mundo empresarial. Para ello, haré referencia a noticias y artículos que ratifiquen que el tema en cuestión es de plena actualidad.

Lo primero de todo, destacar la importancia que tienen hoy en día los datos. Estamos siendo bombardeados diariamente por términos como Big Data o IoT y esto se debe a que las empresas están comprendiendo el valor que tiene el uso de los datos. En el ámbito empresarial, los datos personales son considerados el nuevo petróleo [1]. Esto se debe a que los datos son cruciales en cualquier organización y su gestión un quebradero de cabeza para quienes tratan de garantizar la seguridad.

Precisamente hoy, 12 de noviembre, aparece una noticia en El Correo que bajo el título “Uno de cada dos robos de datos es mediante suplantación de identidad” nos muestra que el phising sigue siendo hoy la modalidad de ataque más sencilla y preferida por los atacantes. Mandando un email a la víctima que simula ser de su banco, pide sus credenciales y terminan apropiándose de su identidad digital. Es importante la concienciación de los trabajadores para evitar esta práctica pero también tomar acciones por parte de la empresa como configurarlos sistemas de red de manera robusta. Esto evita que los atacantes puedan obtener direcciones de correo electrónico e, incluso, nombres de usuarios [2].

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Big Data: el uso de los datos para saber todo

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Me gustaría comenzar esta serie de posts haciendo una simple pregunta, ¿ Qué es lo primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en “Big Data”? Seguramente, de los primeros conceptos que se nos vengan a la cabeza serán los de gran volumen de información, además de que eso se usa en un ámbito de empresa, algo que a nosotros, en nuestro día a día, queda muy lejos.

Big Data es, al final, un gran volumen de datos, que tienen que cumplir ciertos reglas, para que estos datos puedan ser útiles para facilitarnos la toma de decisiones, en un marco temporal, para que las decisiones sean útiles en el momento de tomarlas. En concreto, el conjunto de normas se denominan: “las 5 V´s” [1], aunque hay ciertos autores que se refieren solo a 4. De todas formas, las 5 V´s son las siguientes:AThe_5_Vs_of_Big_Data

  1. Volumen:las empresas disponen de una gran cantidad de datos de las actividades que realizan.
  2. Velocidad: fundamental para las empresas en la sociedad actual, donde las cosas cambian tan rápido.
  3. Variedad: las fuentes de información proceden de distintas fuentes, como visitas a páginas.
  4. Veracidad: fundamental en el mundo de la desinformación constante en el cual vivimos.
  5. Valor: que nos aporten algo respecto a nuestras actividades.

 

Tras ver cuales son las bases, puede seguir pareciendo que, como he mencionado al principio, esto es algo completamente ajeno a nosotros, a nuestro día a día, que no nos sentimos identificados con él…Pero, aunque no lo creas, todos los días realizamos un proceso similar para poder tomar decisiones. Por ejemplo, cuando queremos informarnos de un suceso de actualidad, para posicionarnos, solemos consultar diversas fuentes, para tener una idea más amplia de lo que ha sucedido. Además, el tipo de información puede variar, puede venir de un artículo de un periódico de prestigio, o puede ser simplemente de un Tuit. Asimismo, también es importante ser rápido, ya que hoy en día, esa noticia primordial hace dos días, hoy ya es pasado. Por último, también es fundamental analizar si la información es veraz, debido a que, sobre todo en la época de la información, es bastante común que haya gente que intenta desinformar; aparte de que la información te tiene que aportar algo a ti.

También, cabe recordar que las empresas, aunque parezcan un lugar frío y dominado por tecnología, estas están gobernadas (al menos de momento) por personas que, al igual que tú o yo, tienen que tomar decisiones, en un lapso de tiempo, y hoy en día más que nunca, limitado.

Aparte, tenemos que recordar que esa información que requieren se la otorgamos nosotros con nuestras compras, hábitos, posts… Donde, sin darnos cuenta, somos sus bancos de extracción de datos, que al final, les ayudamos a poder mejorar sus negocios de manera “altruista”.

Cuando entramos en el hiperespacio, hemos, sin darnos cuenta, hecho un pago por todo, y estos son mediante nuestros datos personales. Las empresas, tras décadas de centrándose en la comercialización del producto, se han dado cuenta de que lo fundamental es el consumidor [2], y por ello, se han dedicado a recabar información de nosotros (sus consumidores) para saber qué es lo que queremos, y cuando lo queremos; es decir, ahora nosotros somos el producto que tienen que vender, y les estamos ayudando a venderlo. En la actualidad, si realizamos una pequeña reflexión, podemos llegarnos a asustar de la cantidad de información que las compañías disponen de nosotros, que hemos ido regalando poco a poco, como semillas que hemos ido esparciendo por el campo, que han ido creciendo, diciendo quiénes somos, y qué queremos, y las empresas han sido lo suficientemente hábiles como para recoger sus frutos. De hecho, compañías como Facebook o Google han hecho público una herramienta que nos permiten saber cuánta información saben de nosotros, por si nos queremos asustar con todo lo que nos dicen que saben, donde solo podemos imaginarnos lo que no dicen que tienen de nosotros, o qué hacen con ello.

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Todo esto me recuerda a que parece que solo somos conscientes de la gran cantidad de datos que disponen de nosotros cuando es demasiado tarde. Recientemente se ha descubierto el fallo de seguridad de Facebook que permitía acceder a información personal [3] (que no era crítica) donde se ha revivido el interés por este tema, a pesar de que seguramente el tema se diluya en el futuro próximo; sin ser conscientes del todo de lo que Facebook sabe de nosotros, que al fin y al cabo, se lo hemos dado nosotros con nuestras actividades, siendo seguramente mucho más crítico que alguien cualquiera sepa en qué país/ciudad vives.

En conclusión, hoy en día parece que el precio a pagar para poder entrar en este mundo tan hiperconectado es mediante nuestra información, y también decir que este asunto solo nos parece importante cuando le vemos las orejas al lobo, aunque sólo percibamos la punta del iceberg. Lo que a mí me parece preocupante es que las empresas puedan saber ya todo de nosotros, e incluso que lleguen a saber sobre nosotros mejor que nosotros mismos, si es que no está sucediendo ya, como, por ejemplo, con las ofertas personalizadas de Amazon, que más de una vez al ver un producto que se me recomienda, como mínimo, he tenido la tentación de guardármelo en la lista de pedidos, aunque ni siquiera supiera de antemano algo sobre ese producto.

Referencias

1. JainBig,  A. (2016). The 5 Vs of Big Data. Accedido el 18 de octubre del 2018
2. Gamez,  M. (2017). Por qué todas las empresas quieren apostar por el consumer-centric. Accedido el 18 de octubre del 2018
3.Rus,  C. (2018). Una brecha de seguridad afecta a casi 50 millones de usuarios de Facebook. Accedido el 18 de octubre del 2018

Datos, desconfianza y una solución

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Buenas a tod@s,

Este último mes de clase hemos estado constantemente hablando sobre los datos: datos de formularios, datos para Business Intelligence, datos veraces… En esta vorágine de información hemos incidido en lo difícil que es recabar datos de clientes. Encuestas, formularios y otros tipos de métodos para obtener información y luego aprovecharla para mejorar nuestro negocio. Pero son muchas las dificultades que encontramos para obtener dichos datos, es una tarea difícil y que requiere mucha experiencia en el área. Los clientes (yo, vosotros y todos), sentimos cierta reticencia a compartir nuestra información, ya sea privada o no. Es lógico, ¿Por qué iba yo a tener que darle mis datos a una compañía que ni siquiera me dice para qué va a usarlos?¿Y si estoy dispuesto a darlos por qué no puedo ver exactamente que van a hacer con ellos? En el fondo es un tema de desconfianza, la opacidad de la gestión de datos es un factor que nos genera inseguridad y provoca que seamos reticente a darlos. Sin embargo, existe una nueva tecnología que puede ayudarnos a romper la barrera de la desconfianza o por lo menos a reducirla, hablamos de Blockchain.

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Recolección de datos en redes sociales

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La popularidad de las redes sociales y la facilidad con la que las personas navegan por ellas, suben contenido y la disponibilidad que estas presentan hace de ellas un lugar perfecto para la recolección de datos significativos para cualquier empresa. Las redes sociales presentan hoy un conglomerado de información que engloba desde los gustos de las personas hacia productos hasta la satisfacción de las mismas con las decisiones de los mandatarios de todo el mundo o con las leyes que se proponen en los parlamentos de sus ciudades.

Dentro de las redes sociales podemos encontrar varios tipos ya que no de todas se pueden sacar los mismos datos, por ejemplo, Twitter es una red en la que sus usuarios publican opiniones sobre cualquier tema, en cambio, en Instagram, los usuarios suben fotos suyas o suyas o de diferentes lugares a los que han acudido buscando que los demás les otorguen los máximos “me gustas”.

Twitter es un servicio de microblogging. Desde que fue creado se estima que ha tenido mas de 500 millones de usuarios generando 65 millones de tweets al dia y 800.000 búsquedas diarias. Esto lo sitúa en una posición muy buena para extraer información de cualquier tema ya que sus usuarios la utilizan para publicar opiniones personales sobre los temas mas destacados que ademas están recogidos en hashtags.

A parte de eso Twitter tiene la API mas accesible de todas las redes sociales de gran impacto. En la Red disponemos de cientos, por no decir miles, de aplicaciones que permiten obtener analíticas de Twitter. La mayoría de servicios gratuitos ofrecen informaciones básicas, mientras que los sitios de pago nos permiten obtener una información mucho mas elaborado. Sin embargo, cualquier persona interesada en el tema puede preparar por su cuenta un analizador de Twitter que capture los tweets de los usuarios y los clasifique por las diferentes variables que estos ofrecen.

Instagram es una red social para subir fotos y vídeos. Sus usuarios también pueden aplicar efectos fotográficos como filtros, marcos, similitudes térmicas… La misma red social permite compartir las fotografías en otras redes sociales. Instagram ha conseguido tener 700 millones de usuarios y de ellos 400 millones están activos todos los días. Se realizan 16 millones y medio de búsquedas de Instagram por mes y se comparten 95 millones de vídeos y fotos al día.

Todo lo citado anteriormente hace que Instagram sea un monstruo de la información en la que las empresas pueden encontrar el nivel de popularidad de su marca, las mejoras que los usuarios proponen y hasta los nichos de mercado en los que sus productos tienen mas posibilidades. Al día se marcan mas de 2,5 millones de “me gusta” en las fotos de Instagram por lo que utilizarlo para crear una métrica de la popularidad de nuestra marca es un muy buen uso.

Uno de los problemas que puede tener Instagram es el reconocimiento de nuestra marca o nuestros productos en las fotos. En Twitter tenemos la facilidad de que los usuarios escriben el nombre de nuestra y escriben las opiniones. En cambio en Instagram tendremos que tener algún tipo de sistema de reconocimiento de imágenes que haga un análisis de las fotos que recogemos y analice si nuestra marca se encuentra en ellas. Una vez detectada nuestra marca ya podremos hacer análisis del numero de “me gusta” y revisar el lenguaje de los comentarios.

Y ¿por que debemos hacer esto?

Analizar las redes sociales no solo nos ayuda a revisar el estado de nuestra marca en Internet sino que también nos ayuda a crear perfiles de nuestros competidores directos e indirectos. Gracias a este análisis podremos obtener datos de como nuestros competidores están evolucionando, cuales son los productos por los que apuestan, que opinan los consumidores de ellos y lo que es mas importante, que estrategia podemos aplicar para crear un producto/servicio que los clientes prefieran.

Hoy en día las redes sociales aportan un gran valor a nuestra empresa, permiten que nos comuniquemos con nuestros clientes, que nos promocionemos, que creemos expectativas. Este uso de las redes va un poco mas allá, intenta utilizarlas para crear una ventaja competitiva, para buscar que es lo que los clientes están buscando antes de que la competencia lo desarrolle y lo implemente. Esta es la forma que verdaderamente exprime la información que las redes sociales ofrecen a las empresas y les permite avanzar hacia la personalización de los productos al cliente, esto es lo que verdaderamente les hace competitivas.

 


Referencias:

<<Instagram>>, Wikipedia, 21 de Diciembre, https://wikipedia.org/wiki/Instagram

<<Twitter>>, Wikipedia, 21 de Diciembre, https://wikipedia.org/wiki/Twitter

 

Viernes 13

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Pensar por un momento que sois el asesino Jason en la película Viernes 13, película que probablemente todos conocéis. ¿Qué cara se os quedaría si vuestro iPhone os notificaría diciendo que “a las 12 de la noche te toca matar a la rubia” o “si vas andando al lago, desde donde estas, podrás pillar desprevenido al chaval borracho en 5 minutos”? Pues muy seguramente, al que le daría un ataque de ansiedad no sería al espectador de aquella butaca. Sin embargo, ¿estamos tan lejos de que algo similar ocurra? A mi casi me da un escalofrío cada vez que veo que mi móvil me notifica la aplicación que debo usar (es decir, la más habitual) en cada momento del día, no te digo más. ¿Cómo saben esto? ¿Me espían? ¿Vivo en “Gran Hermano”?

Sí, en efecto amigos, nos espían, pero con nuestro consentimiento. “¿Cómo? ¡Si yo no he firmado ningún contrato! Y lo que es peor… ¡Nunca me han nominado para echarme fuera!”. Bueno, bueno, que no cunda el pánico. Eso solo puede suponer dos cosas: que ni te has dado cuenta mientras consentías que te espiaran o que eres lo bastante lerdo (por lo que parece) como para que nadie te nomine y eso a día de hoy parece que se premia. Ains… si Jason levantara la cabeza, no quedaba lerdo con cabeza, valga la redundancia. Pues sí, has dado tu explícito consentimiento para que eso sea posible o, como diría Piqué, “contigo empezó todo”. ¿Nunca te has parado a pensar como los servicios de Google pueden ser tan buenos y gratuitos? ¿Nunca te has parado a pensar por qué una aplicación orientada a hacer de linterna con tu móvil te pide permisos para conectarse a internet y acceder a tus contactos? Nuestros datos son hoy en día el oro, el incienso y la mirra.

¡Já! Voy a ser sincero con vosotros. Me hace mucha gracia ver gente que se echa las manos a la cabeza cada vez que sale una noticia de que un producto viene infectado de fábrica, generalmente relacionado con el gobierno chino o ruso, con algún tipo de aplicación de sistema que monitoriza tus datos y movimientos. ¿Por qué los chinos y los rusos? ¿Los americanos no? ¿Un iPhone no hace algo similar? Vamos, si saben hasta la talla de calzoncillos que usas o cuando vas a mear… para luego vender toda esa información a empresas terceras. Las películas de terror están bien, encima la mayoría son americanas, pero el objetivo final no es ver la película (nótese la similitud con dar un servicio) sino acercarse lo máximo posible a la chica de la butaca de al lado, para “conocerla mejor” que diría el Lobo de Caperucita. Así es como se financia Drive, Gmail, etc. Así es como pueden decirte “Totally Free” o “Free use”. Te pagan la película y luego te soban, menudo negocio. Inevitablemente, tampoco hay opción de pagar por tu entrada, sí o sí pasarás a ser sobado. ¡Ui! Me ha sentado mal el desayuno o eso ha sonado mal.

En cualquier caso, me da la sensación de que, en la mayoría de los casos, me da menos miedo el “Here’s Johnny…” de Jack Nicholson en El Resplandor que el chiringuito que tienen montado todas las empresas TOP mundiales. Bueno, quizás he exagerado, matizaré mis palabras, porque esto quedará registrado para la posteridad en sus bases de datos y diré que vivimos en un jardín de rosas y unicornios donde mis datos y, en este caso, mis miedos, quedan a salvo en Google, Facebook, Twitter… para que luego me recomienden tranquilizantes en Amazon… ¡Ahí es nada! Sin embargo, cabe destacar que, por suerte, existen iniciativas como la del derecho al olvido, que cada vez cobran más fuerza. No todos son sombras, eso es así, pero todo avanza demasiado despacio en este sentido. ¿Qué nos queda mientras esperamos? Lloviendo y viernes 13, acomódense en la butaca e intenten disfrutar de la película.

‘Regalando’ datos

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Cuando Edward Snowden sacó a la luz documentos clasificados sobre los programas de vigilancia llevados a cabo por la NSA, la mayoría de la gente crítico que los gobiernos recolectasen datos e información personal sin consentimiento. Sin embargo, no necesitan mucho esfuerzo para conseguirlos. La NSA no escuchaba las conversaciones ni leía los documentos de textos, simplemente recogían los metadatos, datos que permiten describir datos como el lugar y la fecha en la que se hizo una foto.

Hoy en día, compartimos los datos de nuestra vida privada  en redes sociales, con aplicaciones que muestran el recorrido que realizamos mientras hacemos deporte o simplemente permitiendo que las aplicaciones de nuestro smartphones guarden nuestra localización. Además, instalamos aplicaciones y aceptamos ‘Términos y condiciones de uso” sin informarnos ni cuestionarnos si realmente necesitan esos datos.

Permisos que piden las 10 apps de linterna más descargadas en Android

Para comprobar la importancia de los datos y si realmente eran útiles y desvelaban información sobre nuestra vida privada, la Universidad de Stanford realizó un experimento y pidió a 546 voluntarios que se instalaran una app en su teléfono que recopilaría la misma información que, en teoría, la NSA había estado recopilando, como la fecha de la llamada, la duración o el destinatario, sin escuchar ninguna llamada . Los resultados fueron sorprendentes. Se pudo extraer información sobre su religión dependiendo a los centros religiosos que llamaban o sobre las enfermedades gracias a los expertos que consultaron. Además, también relacionaron varias llamadas y pudieron descubrir que una chica estaba embarazada porque realizó una llamada de bastante duración con su hermana a una hora demasiado inusual de la mañana y un par de días después, llamó a un centro de Planificación Familiar, al que volvió a llamar durante diversas ocasiones en las siguientes semanas.

Otro claro ejemplo del peligro de los datos que ofrecemos, sin ser conscientes, en las fotos que publicamos en Internet es ‘I know where your cat lives’ (http://iknowwhereyourcatlives.com/). Esta página web, creada por Owen Mundy, utiliza los metadatos de más de un millón de fotografías con la etiqueta cat de páginas como Instagram o Flickr y las mapea utilizando las coordenadas geográficas. El objetivo de este experimento era precisamente mostrar el poder de los datos que colgamos de manera inconsciente cada vez que publicamos una foto o realizamos un comentario y como ‘regalamos’ a las empresas nuestra privacidad, ya no solo online sino también física.

Estos ejemplos pueden ser los más claros e impactantes por el conocimiento que pueden llegar a tener sobre nosotros las empresas, pero no solo en Internet recogen nuestros datos. Hoy en día, todas las empresas tratan (o deberían de tratar) obtener datos sobre sus clientes, como por ejemplo las tarjetas cliente que ofrecen descuentos, para, a través de herramientas de Big Data, descubrir sus comportamientos y optimizar sus ofertas y productos.