13 Oct

Bat(l)as rojas

Fue el pasado sábado 3 de octubre cuando se produjo la tragedia. Un hospital de la ONG ‘Médicos Sin Fronteras` en la localidad afgana de Kunduz fue el objetivo de los bombardeos de aviones de Estados Unidos. Supuestamente el ataque iba dirigido contra talibanes insurgentes que operan en la zona. El resultado 22 personas muertas entre personal de la ONG, pacientes, entre ellos niños. ¿Se pudo evitar esta catástrofe?

De inicio, no es de recibo que el Gobierno de Obama denomine a esta acción de guerra como `daños colaterales`. En pleno siglo XXI con todos los avances que día a día se producen en el mundo de las tecnologías, y más concretamente en el apartado militar, unas naves aéreas no puedan detectar o visualizar un local hospitalario, donde se estaba operando a pacientes y curando heridas a otros. EE.UU. tiene aviones invisibles, que realizan misiones de eliminación de determinados objetivos terroristas; drones que conocen dónde se mueven o qué hacen personas huidas de la justicia; bombas de precisión, etc, etc. A ello hay que sumarle todo el aparato vinculado al espionaje y a la investigación. Pues bien, de todo esto el resultado de los bombardeos fueron  simplemente `daños colaterales`. Así se van de rositas.

No nos podemos quedarnos inmunes ante estos hechos, que algunos organismos internacionales han considerado como crímenes de guerra, hay que denunciar de forma contundente el grave “error” de EE.UU. No les puede salir gratis esta acción criminal. Queremos que Médicos Sin Fronteras continúe  con su eficiente trabajo en zonas complicadas y peligrosas del planeta. Reivindicamos que sus batas sigan siendo blancas, no rojas como quedaron tras el bombardeo. Que puedan hacer su misión humanitaria está en manos de muchos de nosotros y nosotras. Colaborar con ellos puede ser el primer paso para que sepan que detrás de esa ONG tienen a muchas personas que les admiran por sus tareas sanitarias, por el atrevimiento de estar en territorios hostiles y por la  buena voluntad que prestan para hacer un mundo más habitable e igualitario.

Desde esta atalaya les anímanos a continuar por esa senda y mantener las batas blancas. No queremos más balas rojas.

Ainhoa Unzueta Albizua

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