{"id":10050,"date":"2026-02-06T13:59:07","date_gmt":"2026-02-06T13:59:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10050"},"modified":"2026-02-06T13:59:11","modified_gmt":"2026-02-06T13:59:11","slug":"adela-balderas-por-que-invertir-en-su-cerebro-es-una-decision-estrategica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/eu\/2026\/02\/06\/adela-balderas-por-que-invertir-en-su-cerebro-es-una-decision-estrategica\/","title":{"rendered":"Adela Balderas: &#8220;Por qu\u00e9 invertir en su cerebro es una decisi\u00f3n estrat\u00e9gica&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p>La sobrecarga cognitiva reduce la innovaci\u00f3n y la capacidad de adaptaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en Expansi\u00f3n (06\/02\/2026)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2025\/07\/Adela-Balderas-new.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-9255\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesora de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Canta Sabina aquello de \u201c\u00bfQui\u00e9n se ha llevado el mes de abril?\u201d. La pregunta sigue siendo v\u00e1lida, aunque aplicada a enero. Pero hay meses que no se marchan del todo: se quedan en los gestos, en lo ocurrido, en conversaciones, en la forma en que sentimos el tiempo pasar. Algunas noticias nos recordaron nuestra fragilidad y nos obligaron a detenernos, aunque solo fuera un instante. Tal vez por eso, este texto no habla de comienzos rotundos, sino de transiciones: de lo que permanece cuando el calendario avanza, de esa sensaci\u00f3n tan humana y tan contempor\u00e1nea de avanzar hacia lo siguiente mientras a\u00fan intentamos comprender lo vivido, sin siquiera saborear el presente, atrapados en un scroll infinito y retorcido.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha sido un mes intenso, de esos que nos abren los sentidos, que nos hacen m\u00e1s atentos, m\u00e1s conscientes de nuestra fragilidad. Y, entonces, surge la esperanza, casi sin hacer ruido. No como una promesa grandilocuente, sino como una presencia discreta: la certeza de que, incluso cuando duele, seguimos. Y, casi sin darme cuenta, mi pensamiento se posa en una palabra que aparece una y otra vez: resiliencia. Una palabra necesaria, pero tambi\u00e9n peligrosa si se usa mal. Porque conviene decirlo con claridad: la resiliencia no siempre es \u00e9pica ni visible. No siempre significa avanzar. A veces es simplemente no retroceder m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal como se\u00f1ala Boris Cyrulnik, neur\u00f3logo, psiquiatra y psicoanalista franc\u00e9s, especialista en resiliencia y reconocido por su trabajo con ni\u00f1os en situaci\u00f3n de vulnerabilidad, la resiliencia no nace de la mera fuerza de voluntad, sino de la capacidad de transformar el dolor. Cyrulnik perdi\u00f3 a su familia durante la Segunda Guerra Mundial y ha dedicado su vida a estudiar c\u00f3mo los seres humanos pueden reconstruir su existencia despu\u00e9s de traumas profundos. Se siente en la piel su creencia, como transmite en su libro <em>Los patitos feos: La resiliencia<\/em> (Debolsillo): \u201cUna infancia infeliz no determina la vida, que ninguna herida es un destino\u201d. En <em>\u00bfPor qu\u00e9 la resiliencia?<\/em> (Gedisa) afirma que nos permite reanudar la vida: \u201cLa resiliencia no es un don misterioso, sino la capacidad de crear un futuro a pesar de las heridas del pasado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de hero\u00edsmo ni de velocidad, sino de reconstruir la vida incluso cuando nos da un zarpazo. La resiliencia, como subraya Cyrulnik, depende del entorno, de las relaciones afectivas y de la narrativa que construimos sobre nuestra propia experiencia. Sin metamorfosis, no hay resiliencia. Nietzsche lo resumi\u00f3 con brutal honestidad: \u201cQuien tiene un porqu\u00e9 puede soportar casi cualquier c\u00f3mo\u201d. Pero incluso as\u00ed, no todo dolor se transforma. No todo duelo encuentra relato. No toda herida est\u00e1 lista para ser curada.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>No hace falta tanta fortaleza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 necesitamos un lenguaje nuevo. Uno que no exija empuje permanente, que no anime a demostrar fortaleza cuando lo que se necesita es aprobaci\u00f3n para estar fr\u00e1gil. Tal vez la resiliencia empiece cuando dejamos de pedir heroicidad y empezamos a ofrecer presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en el mundo de la empresa percibo lo mismo: cansancio emocional de tanto buscar motivaci\u00f3n de frase de taza en la oficina; desafecci\u00f3n silenciosa; preguntas que se formulan en voz baja: \u00bfmerece la pena? Quiz\u00e1 este tiempo nos invite a otra lectura: entender que la resiliencia no se mide en velocidad, sino en ritmo humano, en pausas que nos permitan reflexionar y reconectar con nuestra espiritualidad. No siempre toca mirar hacia adelante; a veces toca mirar hacia los lados y ver amigos, familia, sentir compa\u00f1erismo en el trabajo. Alguien nos ense\u00f1\u00f3 y nos inculc\u00f3 \u2014en un mal d\u00eda\u2014 aquello de \u201cyo no vengo al trabajo a hacer amigos\u201d. Y, sin embargo, compartimos ocho horas diarias. \u00bfDe verdad eso no merece v\u00ednculo? Ayudarse no resta profesionalidad. La multiplica. Mirar a los lados. Tal vez ah\u00ed empiece cualquier forma posible de resiliencia que no sea impostada.<\/p>\n\n\n\n<p>Vivimos un tiempo de aceleraci\u00f3n constante, de tecnolog\u00eda omnipresente, de incertidumbre estructural, de tierras raras, de m\u00e9tricas sin alma y puntuaciones con estrellas que no brillan. Y en medio de todo esto surge un concepto que ya no es tendencia, sino urgencia: la <em>brain economy<\/em> (econom\u00eda del cerebro). Esta singular denominaci\u00f3n obliga a recordar algo inc\u00f3modo pero evidente: el cerebro es nuestro principal activo. La atenci\u00f3n, la claridad mental, la capacidad de decidir, crear y relacionarse son recursos finitos, y resulta ir\u00f3nico que nos lo tengan que recordar.<\/p>\n\n\n\n<p>Estudios recientes lo confirman: el World Economic Forum, en su <em>Global Brain Capital Report 2025<\/em>, se\u00f1ala que la sobrecarga cognitiva y el desgaste emocional reducen la innovaci\u00f3n y la capacidad de adaptaci\u00f3n de las organizaciones. McKinsey, en <em>The Human Advantage: Stronger Brains in the Age of AI<\/em> (2025), coincide en que la inversi\u00f3n en salud cerebral y habilidades cognitivas no es un lujo, sino un requisito estrat\u00e9gico.<\/p>\n\n\n\n<p>La OCDE, en <em>Building Brain Capital for Resilient Economies<\/em> (2025), reafirma que cuidar el capital cerebral para econom\u00edas resilientes es tan vital como cuidar infraestructura f\u00edsica o educaci\u00f3n: es la base de resiliencia, innovaci\u00f3n y bienestar colectivo. Esto de la <em>brain economy<\/em> surge en respuesta a un mundo donde la informaci\u00f3n, la multitarea enfermiza y la presi\u00f3n por rendir y posar han convertido la mente en un recurso estrat\u00e9gico. Pero un cerebro saturado no innova. Un cerebro en duelo no decide bien. \u00bfC\u00f3mo exigir creatividad cuando no hay espacio para procesar lo vivido? \u00bfQui\u00e9n cuida del cerebro cuando todo empuja a seguir como si nada hubiera pasado?<\/p>\n\n\n\n<p>Tal y como subraya el Foro Econ\u00f3mico Mundial, invertir en habilidades cognitivas y emocionales permite generar resiliencia colectiva y evitar el desgaste sist\u00e9mico.<\/p>\n\n\n\n<p>Como dijo Isabel Coixet en una entrevista: \u201cnecesitamos tiempo para adaptarnos al cambio\u201d. Tiempo. Justo lo que parece escaparse entre los dedos, como los relojes blandos de Dal\u00ed. Quiz\u00e1 la verdadera innovaci\u00f3n hoy no consista en ir m\u00e1s r\u00e1pido, sino en atreverse a parar, a respirar, a pensar, a mirar a los lados y sentir con presencia. Cuidar nuestro cerebro, cuidar nuestra resiliencia, cuidar a quienes nos rodean, comprender que nuestras mentes merecen espacio para procesar, descansar y aprender: esa es la econom\u00eda de la presencia, esa es la verdadera innovaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2026, m\u00e1s que velocidad, necesitamos ritmo, no artificial sino ritmo humano. M\u00e1s que hero\u00edsmo, necesitamos acompa\u00f1amiento. M\u00e1s que lucha, necesitamos gestos que sostengan, silenciosos y constantes. Porque el foco, la atenci\u00f3n, la reflexi\u00f3n, esa espiritualidad que se percibe como tendencia, pero se impone en estos tiempos de aceleraci\u00f3n, la claridad mental y la resiliencia no son \u201cextras\u201d: son el capital m\u00e1s valioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si alguien me pregunta: \u201c\u00bfqui\u00e9n se ha llevado tu enero?\u201d, quiero encontrar respuestas, atender lo vivido, mirar a los lados, so\u00f1ar y decirme bajito lo que dec\u00eda Pablo Neruda: \u201cEsta vez dejadme ser feliz, nada ha pasado a nadie, no estoy en parte alguna, sucede solamente que soy feliz por los cuatro costados del coraz\u00f3n, andando, durmiendo o escribiendo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La sobrecarga cognitiva reduce la innovaci\u00f3n y la capacidad de adaptaci\u00f3n. Art\u00edculo publicado en Expansi\u00f3n (06\/02\/2026) Canta Sabina aquello de \u201c\u00bfQui\u00e9n se ha llevado el mes de abril?\u201d. 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