{"id":10501,"date":"2026-05-19T11:07:56","date_gmt":"2026-05-19T11:07:56","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10501"},"modified":"2026-05-19T11:08:01","modified_gmt":"2026-05-19T11:08:01","slug":"guillermo-dorronsoro-las-profesiones-del-futuro-todavia-no-tienen-nombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/eu\/2026\/05\/19\/guillermo-dorronsoro-las-profesiones-del-futuro-todavia-no-tienen-nombre\/","title":{"rendered":"Guillermo Dorronsoro: &#8220;Las profesiones del futuro todav\u00eda no tienen nombre&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en El Correo (18\/05\/2026)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Guillermo-Dorronsoro.jpg\" alt=\"Guillermo Dorronsoro\" class=\"wp-image-1110\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Hace poco, en una conversaci\u00f3n sobre empleo y futuro, alguien me pregunt\u00f3 cu\u00e1les ser\u00edan las profesiones m\u00e1s demandadas dentro de diez a\u00f1os. La pregunta parec\u00eda sencilla, pero escond\u00eda una trampa: seguimos intentando entender el futuro utilizando un cat\u00e1logo profesional dise\u00f1ado hace m\u00e1s de un siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante generaciones, las sociedades modernas hemos organizado nuestro progreso alrededor de grandes profesiones reconocibles. M\u00e9dico. Ingeniero. Abogado. Arquitecto. Profesor. Los Colegios Profesionales y Agencias de Acreditaci\u00f3n se han esforzado en defenderlas y prestigiarlas. Aquellas categor\u00edas fueron esenciales para construir el siglo XX. Daban identidad, estabilidad y, sobre todo, una manera de ordenar el conocimiento y las competencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero algo empieza a chirriar. Hoy las empresas buscan perfiles que no encajan bien en ninguna de esas cajas tradicionales. Personas capaces de combinar tecnolog\u00eda, creatividad, gesti\u00f3n del cambio, sostenibilidad o comprensi\u00f3n humana. Profesionales h\u00edbridos. Dif\u00edciles de etiquetar. Dif\u00edciles incluso de explicar a nuestros padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los ejemplos m\u00e1s llamativos es el de los dise\u00f1adores de experiencias de realidad mixta. Hace apenas unos a\u00f1os, esta profesi\u00f3n ni siquiera exist\u00eda. Hoy grandes compa\u00f1\u00edas tecnol\u00f3gicas, industriales y culturales buscan personas capaces de construir experiencias donde el mundo f\u00edsico y el digital se mezclan: formaci\u00f3n inmersiva, simulaciones industriales, medicina virtual, turismo aumentado o entretenimiento interactivo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSon dise\u00f1adores? \u00bfIngenieros? \u00bfPsic\u00f3logos cognitivos? \u00bfNarradores digitales? \u00bfFil\u00f3logos y expertos en traducci\u00f3n humana &#8211; IA? La respuesta es sencilla: son un poco de todo eso a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ah\u00ed aparece una pregunta inc\u00f3moda: \u00bfest\u00e1n nuestras universidades, nuestros sistemas de certificaci\u00f3n y nuestras categor\u00edas profesionales preparados para reconocer este tipo de talento? \u00bfEstamos defendiendo y prestigiando profesiones que se han quedado antiguas?<\/p>\n\n\n\n<p>La paradoja es evidente. Vivimos en la \u00e9poca de mayor transformaci\u00f3n tecnol\u00f3gica de la historia y, sin embargo, seguimos utilizando estructuras acad\u00e9micas y profesionales pensadas para la revoluci\u00f3n industrial. Seguimos preguntando a los j\u00f3venes \u00abqu\u00e9 quieren ser\u00bb como si el futuro pudiera resumirse en una palabra fija e inmutable, que les acompa\u00f1e el resto de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Multiplicamos los apellidos de las carreras tradicionales, pero es maquillaje cosm\u00e9tico de planes de estudios cuya columna vertebral fue dise\u00f1ada hace d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el problema no sea solo educativo. Tal vez sea cultural. Durante d\u00e9cadas, las profesiones eran una especie de puerto seguro. Uno estudiaba algo y, en gran medida, esa identidad le acompa\u00f1aba toda la vida. Hoy eso empieza a desaparecer. Cada vez m\u00e1s personas tendr\u00e1n varias vidas profesionales dentro de una misma vida laboral.<\/p>\n\n\n\n<p>Y probablemente las profesiones m\u00e1s importantes de 2040 todav\u00eda no tengan nombre. De hecho, algunas de las competencias m\u00e1s valiosas del futuro quiz\u00e1 no pertenezcan a ninguna profesi\u00f3n concreta: aprender continuamente, conectar disciplinas distintas, colaborar con inteligencia artificial o gestionar incertidumbre compleja.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso empieza a resultar insuficiente discutir \u00fanicamente qu\u00e9 carreras universitarias o estudios de formaci\u00f3n profesional tienen m\u00e1s salidas. La conversaci\u00f3n importante es otra: c\u00f3mo construimos sistemas capaces de reconocer y dar legitimidad a profesiones nuevas que todav\u00eda est\u00e1n naciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque las sociedades no solo avanzan cuando crean nuevas tecnolog\u00edas. Tambi\u00e9n avanzan cuando son capaces de reconocer oficialmente nuevas formas de aportar valor. Y quiz\u00e1 ese sea uno de los grandes retos silenciosos de esta d\u00e9cada: entender que el futuro del trabajo no depender\u00e1 solo de inventar nuevos empleos, sino de atrevernos a nombrarlos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Correo (18\/05\/2026) Hace poco, en una conversaci\u00f3n sobre empleo y futuro, alguien me pregunt\u00f3 cu\u00e1les ser\u00edan las profesiones m\u00e1s demandadas dentro de diez a\u00f1os. La pregunta parec\u00eda sencilla, pero escond\u00eda una trampa: seguimos intentando entender el futuro utilizando un cat\u00e1logo profesional dise\u00f1ado hace m\u00e1s de un siglo. 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