{"id":10642,"date":"2026-07-07T07:21:04","date_gmt":"2026-07-07T07:21:04","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10642"},"modified":"2026-07-07T07:21:08","modified_gmt":"2026-07-07T07:21:08","slug":"guillermo-dorronsoro-alicia-o-el-arte-de-no-perder-la-cabeza-1-de-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/eu\/2026\/07\/07\/guillermo-dorronsoro-alicia-o-el-arte-de-no-perder-la-cabeza-1-de-2\/","title":{"rendered":"Guillermo Dorronsoro: &#8220;Alicia, o el arte de no perder la cabeza (1 de 2)&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en El Correo (02\/07\/2026)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Guillermo-Dorronsoro.jpg\" alt=\"Guillermo Dorronsoro\" class=\"wp-image-1110\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Durante las pr\u00f3ximas dos entregas tomaremos prestado el universo de Alicia para hablar de dos enfermedades bastante reconocibles en nuestro tiempo, tanto en las organizaciones como en el panorama geoestrat\u00e9gico. La primera es la cultura del miedo, representada por la Reina de Corazones de <em>Alicia en el Pa\u00eds de las Maravillas<\/em> y su conocida afici\u00f3n a cortar cabezas: un poder arbitrario, reactivo y m\u00e1s atento a castigar que a comprender. La segunda es la cultura de la prisa, encarnada por la Reina Roja de <em>Alicia a trav\u00e9s del Espejo<\/em> y esa carrera absurda en la que hay que correr todo lo posible para permanecer en el mismo sitio: una met\u00e1fora inquietante de empresas, gobiernos y sociedades atrapadas en la aceleraci\u00f3n permanente.<\/p>\n\n\n\n<p>En ambos casos, Alicia nos ofrece una lecci\u00f3n sorprendentemente actual: cuando el mundo alrededor se vuelve amenazante, acelerado o incomprensible, la primera responsabilidad consiste en no perder la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>La Reina de Corazones tiene una forma muy sencilla de gobernar. Ante cualquier contratiempo o cualquier gesto que no encaje con su voluntad, grita aquello de \u00ab\u00a1Que le corten la cabeza!\u00bb. No razona, no escucha, no aprende. Ordena. Amenaza. Castiga. Su autoridad no nace de la legitimidad, ni del ejemplo, ni de la inteligencia, sino del miedo que consigue provocar a su alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>A primera vista, parece una figura exagerada, casi grotesca. Una caricatura infantil del poder arbitrario. Pero quiz\u00e1 por eso mismo sigue siendo tan reconocible. Lewis Carroll entendi\u00f3 muy bien que el absurdo no siempre vive lejos de nosotros. A veces se esconde en los palacios, en los procedimientos, en los juicios solemnes, en las reuniones importantes o en las \u00f3rdenes que nadie se atreve a discutir aunque todos sepan que no tienen demasiado sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00edderes as\u00ed crean un clima emocional en sus organizaciones. El Conejo Blanco corre nervioso. Los soldados obedecen. Los cortesanos se inclinan. Nadie quiere llamar la atenci\u00f3n. Todo el mundo parece m\u00e1s preocupado por evitar el castigo que por hacer bien las cosas. En ese mundo, la prudencia se confunde con sumisi\u00f3n, el silencio con lealtad y la obediencia con eficacia.<\/p>\n\n\n\n<p>No hace falta vivir en un cuento para reconocer esa l\u00f3gica. Tambi\u00e9n hay organizaciones que, sin gritar literalmente \u00abque le corten la cabeza\u00bb, funcionan bajo una cultura parecida. Empresas donde el error no se analiza, sino que se penaliza. Donde las malas noticias se maquillan antes de subir por la cadena de mando. Donde las personas aprenden a protegerse antes que a aportar. Donde importa menos encontrar la verdad que evitar aparecer asociado al problema.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo parecido ocurre en la geoestrategia cuando los liderazgos se acostumbran a interpretar cada discrepancia como una amenaza, cada matiz como una traici\u00f3n y cada tensi\u00f3n como una prueba de fuerza. Entonces el poder deja de buscar soluciones y empieza a buscar culpables. Se impone una l\u00f3gica de escarmiento, represalia y exhibici\u00f3n. El adversario ya no es alguien con quien quiz\u00e1 haya que negociar, sino alguien cuya cabeza simb\u00f3lica conviene mostrar para reafirmar autoridad. Y cuando la pol\u00edtica internacional se parece demasiado al jard\u00edn de la Reina de Corazones, todos acaban caminando con cuidado, pero nadie se siente verdaderamente seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema de la cultura del miedo es que, al principio, puede parecer eficaz. Ordena r\u00e1pido. Reduce la discrepancia. Acelera la obediencia. Evita discusiones inc\u00f3modas. Pero su coste oculto es enorme: destruye inteligencia. No porque falten datos, talento o tecnolog\u00eda, sino porque las personas dejan de decir lo que ven. Y una organizaci\u00f3n, un gobierno o una sociedad en la que nadie se atreve a decir lo que ve acaba viviendo dentro de una ficci\u00f3n. Los indicadores pueden seguir siendo impecables. Las declaraciones pueden sonar firmes. Las reuniones pueden mantener su liturgia habitual. Pero algo esencial se ha roto: la conversaci\u00f3n honesta.<\/p>\n\n\n\n<p>En tiempos de cambio, ese riesgo es todav\u00eda mayor. Si el entorno fuera estable, quiz\u00e1 se podr\u00eda sobrevivir durante un tiempo a base de obediencia. Pero cuando todo se mueve (la tecnolog\u00eda, los mercados, las profesiones, los equilibrios geopol\u00edticos, las expectativas sociales), la obediencia ya no basta. Se necesita criterio distribuido. Se necesitan personas capaces de advertir se\u00f1ales d\u00e9biles, cuestionar inercias, corregir errores y proponer caminos nuevos. Justo lo contrario de lo que produce una Reina de Corazones.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso la forma en que Alicia vence a la Reina es tan interesante. No la derrota con fuerza. No re\u00fane un ej\u00e9rcito. No organiza una conspiraci\u00f3n. La vence cuando deja de creer en el teatro del miedo. En el momento decisivo, cuando el juicio absurdo se desmorona y la amenaza se vuelve insoportable, Alicia comprende lo que tiene delante y se atreve a nombrarlo: no son m\u00e1s que una baraja de cartas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa frase contiene una lecci\u00f3n profunda. Muchas formas de poder arbitrario se sostienen porque quienes las padecen acaban aceptando su escenograf\u00eda. Los t\u00edtulos, los rituales, los gritos, las jerarqu\u00edas, las urgencias, los silencios. Todo parece s\u00f3lido hasta que alguien recupera la lucidez suficiente para mirar desde fuera y decir: esto no tiene sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>No perder la cabeza no significa ser imprudente ni desafiar cualquier autoridad. Significa conservar la capacidad de pensar cuando alrededor se impone el miedo. Significa no confundir liderazgo con amenaza, exigencia con castigo, disciplina con humillaci\u00f3n. Significa recordar que una comunidad madura no es aquella en la que nadie se equivoca, sino aquella en la que los errores pueden decirse a tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 uno de los mayores retos del liderazgo contempor\u00e1neo sea precisamente este: crear espacios donde la verdad pueda circular antes de que sea demasiado tarde. Porque las personas comprometidas no nacen en culturas donde se cortan cabezas simb\u00f3licas. Nacen all\u00ed donde se puede hablar, aprender y corregir sin quedar marcado para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Alicia despierta cuando entiende que aquel poder era, en el fondo, una baraja de cartas. Muchas organizaciones, y tambi\u00e9n algunos liderazgos pol\u00edticos, necesitar\u00edan despertar de sus peque\u00f1os pa\u00edses de maravillas. No para perder el respeto a la autoridad, sino para distinguir entre la autoridad que ayuda a crecer y la que solo consigue que todos caminen con miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando una empresa, un pa\u00eds o una \u00e9poca se acostumbran a caminar con miedo, quiz\u00e1 todav\u00eda puedan funcionar durante un tiempo. Pero dif\u00edcilmente avanzar\u00e1n hacia alg\u00fan lugar que merezca la pena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Correo (02\/07\/2026) Durante las pr\u00f3ximas dos entregas tomaremos prestado el universo de Alicia para hablar de dos enfermedades bastante reconocibles en nuestro tiempo, tanto en las organizaciones como en el panorama geoestrat\u00e9gico. 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