{"id":10648,"date":"2026-07-08T06:40:32","date_gmt":"2026-07-08T06:40:32","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10648"},"modified":"2026-07-08T06:40:37","modified_gmt":"2026-07-08T06:40:37","slug":"adela-balderas-como-aplicar-el-amor-de-gaudi-a-los-comites-de-empresa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/eu\/2026\/07\/08\/adela-balderas-como-aplicar-el-amor-de-gaudi-a-los-comites-de-empresa\/","title":{"rendered":"Adela Balderas: &#8220;C\u00f3mo aplicar el amor de Gaud\u00ed a los comit\u00e9s de empresa&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-79\"><strong>GESTI\u00d3N<\/strong> La t\u00e9cnica sin pasi\u00f3n puede ser brillante, pero corre el riesgo de quedarse vac\u00eda<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2025\/07\/Adela-Balderas-new.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-9255\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesora de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-80\">La noche del 10 de junio de 2026, en el centenario de la muerte de Antoni Gaud\u00ed, el Papa Le\u00f3n XIV bendijo la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia<sup><\/sup>. Despu\u00e9s, Barcelona levant\u00f3 la mirada<sup><\/sup>. Entre luces, m\u00fasica, fuegos artificiales y drones, apareci\u00f3 en el cielo el rostro del arquitecto y, junto a \u00e9l, su c\u00e9lebre frase: <em>Primer l&#8217;amor, despr\u00e9s la t\u00e8cnica<\/em> (Primero el amor, despu\u00e9s la t\u00e9cnica)<sup><\/sup>. Esta declaraci\u00f3n de principios es casi una advertencia<sup><\/sup>. Para hacer bien las cosas, no basta con saber: hay que amar lo que se hace<sup><\/sup>. Hay que cuidar<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-81\">Mi admirado compa\u00f1ero y amigo Lu\u00eds Alonso Pastor, arquitecto, doctor en Arquitectura e investigador en City Science, admira a Gaud\u00ed con una devoci\u00f3n dif\u00edcil de disimular<sup><\/sup>. Parece que su voz se quiebra al hablar del maestro, con la emoci\u00f3n de quien no solo estudia una obra, sino que la venera<sup><\/sup>. Le impacta todo: desde su manera de mirar a su forma de entender la arquitectura no como una disciplina aislada, sino como una fuerza capaz de transformar una ciudad, una cultura y una sociedad<sup><\/sup>. Le conmueve su evoluci\u00f3n vital y c\u00f3mo pas\u00f3 de iniciar una obra a vivir dentro de ella; c\u00f3mo la Sagrada Familia dej\u00f3 de ser solo un proyecto para convertirse en una vocaci\u00f3n, en una entrega, en una transformaci\u00f3n casi m\u00edstica<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-82\">Porque Gaud\u00ed no fue solo un arquitecto<sup><\/sup>. Fue un transformador, alguien capaz de convertir la piedra en lenguaje, la geometr\u00eda en emoci\u00f3n y la t\u00e9cnica en experiencia espiritual<sup><\/sup>. Comprendi\u00f3 que una obra verdaderamente grande no se construye \u00fanicamente con planos, c\u00e1lculos y materiales, sino con una forma radical de atenci\u00f3n y de cuidado<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-83\">Jos\u00e9 Manuel Almuzara, en <em>Gaud\u00ed: el arquitecto del alma<\/em> (Roca Editorial), lo expresa con profunda veneraci\u00f3n: &#8220;Fue defensor del amor al trabajo individual y en equipo, fruto de la colaboraci\u00f3n&#8221;<sup><\/sup>. En un mundo incierto, vol\u00e1til y acelerado, hablar de amor en el entorno profesional suena sensiblero<sup><\/sup>. Y precisamente por eso hay que hablar m\u00e1s de ello<sup><\/sup>. Porque se nos ha olvidado lo esencial<sup><\/sup>. Hemos dejado la palabra arrinconada en los libros de poes\u00eda, en las canciones, en las pel\u00edculas dulzonas o en esas conversaciones que uno mantiene cuando baja la guardia<sup><\/sup>. Parece una palabra demasiado grande, \u00edntima y vulnerable como para llevarla a una reuni\u00f3n de direcci\u00f3n, a un comit\u00e9 ejecutivo o a una estrategia empresarial<sup><\/sup>. Y, sin embargo, en este tiempo atravesado por la inteligencia artificial, uno de los mensajes m\u00e1s repetidos tiene que ver precisamente con la humanidad, porque quiz\u00e1 no escuchamos lo suficiente en nuestro d\u00eda a d\u00eda individualista, urgente y lleno de ruido<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Humildad de genio<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-84\">Gaud\u00ed nos obliga a mirar esa palabra de frente<sup><\/sup>. La t\u00e9cnica sin amor puede ser brillante, pero corre el riesgo de quedarse vac\u00eda<sup><\/sup>. Puede resolver problemas, pero no transformar vidas<sup><\/sup>. Y eso ocurre en las organizaciones empresariales<sup><\/sup>. Durante a\u00f1os hemos hablado de eficiencia, productividad, innovaci\u00f3n, tecnolog\u00eda, indicadores, procesos, objetivos y resultados<sup><\/sup>. Todo ello importa<sup><\/sup>. Pero quiz\u00e1 hemos olvidado que detr\u00e1s de cualquier gran proyecto hay siempre un hilo invisible que sostiene lo que no se ve: el cuidado, el compromiso, la confianza, la atenci\u00f3n al detalle, el respeto por el oficio y por las personas que lo hacen posible<sup><\/sup>. Ese hilo invisible se parece mucho al amor, entendido como una forma superior de atenci\u00f3n, con decisi\u00f3n cotidiana de hacer las cosas bien incluso cuando nadie mira<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-85\">Gaud\u00ed aprend\u00eda de todo, con la humildad profunda de los genios de verdad<sup><\/sup>. Como cuenta Almuzara, miraba la naturaleza no como un paisaje, sino como la gran escuela<sup><\/sup>. &#8220;Este \u00e1rbol cercano a mi obrador: este es mi maestro&#8221;, dec\u00eda<sup><\/sup>. Y afirmaba que &#8220;el sol es el mejor pintor&#8221;<sup><\/sup>. Del mejor pintor aprendi\u00f3 el uso de la luz<sup><\/sup>. Esa luz que Gaud\u00ed hace que sobrecoja el alma<sup><\/sup>. El sonido tambi\u00e9n fue esencial<sup><\/sup>. Como cuenta Gijs van Hensbergen en su biograf\u00eda, Gaud\u00ed, incluso al final de su vida, asist\u00eda a clases para estudiar la cadencia hipn\u00f3tica del canto gregoriano<sup><\/sup>. La m\u00fasica fue una constante en su existencia, &#8220;desde el incesante zumbido de las cigarras hasta el lento mon\u00f3tono repicar de las campanas de la iglesia reverberando en los campos de Riudoms&#8221;<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-86\">El arquitecto prestaba atenci\u00f3n sagrada a todo lo que le rodeaba<sup><\/sup>. Una atenci\u00f3n que hoy resulta m\u00e1s necesaria que nunca en nuestras organizaciones<sup><\/sup>. Y miraba desde una fe inmensa, que no separaba la vida de la obra, ni la belleza del servicio ni la t\u00e9cnica del esp\u00edritu<sup><\/sup>. La fe era una forma de comprender el mundo<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-87\">Por su aspecto humilde, lo confundieron con un mendigo<sup><\/sup>. El hombre que hab\u00eda imaginado una de las grandes obras de la historia fue, a veces, alguien a quien casi nadie supo mirar<sup><\/sup>. Y quiz\u00e1 ah\u00ed est\u00e1 una de las grandes lecciones: podemos tener delante la grandeza y no verla<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-88\">La obra de Gaud\u00ed es profundamente generosa<sup><\/sup>. Como escribe Van Hensbergen, &#8220;es un arte para todo el mundo, es un arte generoso y humanitario&#8221;<sup><\/sup>. Quiz\u00e1 por eso su arquitectura human\u00edstica est\u00e1 hoy m\u00e1s vigente que nunca, porque nos recuerda que la t\u00e9cnica solo alcanza su plenitud cuando se pone al servicio de la belleza, del sentido y de las personas<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-89\">Y quiz\u00e1 una de las grandes preguntas del liderazgo contempor\u00e1neo no sea solamente qu\u00e9 hacemos, sino a qu\u00e9 prestamos atenci\u00f3n, para poder poner toda nuestra energ\u00eda para acabar construyendo nuestra vida<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-90\">Gaud\u00ed luch\u00f3 siempre<sup><\/sup>. Sus p\u00e9rdidas, su austeridad y sus renuncias pusieron a prueba su fe<sup><\/sup>. Ajeno a las opiniones, cuando se le reclamaba que acelerara los trabajos de la Sagrada Familia se le atribuye una respuesta: &#8220;Mi cliente no tiene prisa&#8221;<sup><\/sup>. La frase no habla solo de tiempo, tambi\u00e9n de confianza, de entrega y de serenidad<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_675d68d79efff620-91\">Es posible que sea el momento de revisar y revisitar hacia d\u00f3nde dirigimos nuestra mirada<sup><\/sup>. De cuidar m\u00e1s el detalle<sup><\/sup>. De mirar de verdad a las personas que nos rodean<sup><\/sup>. De poner alma en cada proyecto<sup><\/sup>. De recordar que la excelencia no nace solo de la t\u00e9cnica, sino de la atenci\u00f3n que ponemos en aquello que hacemos<sup><\/sup>. Al final, cuando se apaga el ruido de la prisa, solo queda lo que somos capaces de construir con calma, con mimo y con sentido<sup><\/sup>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>GESTI\u00d3N La t\u00e9cnica sin pasi\u00f3n puede ser brillante, pero corre el riesgo de quedarse vac\u00eda. 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