{"id":10673,"date":"2026-07-15T12:39:30","date_gmt":"2026-07-15T12:39:30","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10673"},"modified":"2026-07-15T12:39:33","modified_gmt":"2026-07-15T12:39:33","slug":"guillermo-dorronsoro-alicia-o-el-arte-de-no-perder-la-cabeza-2-de-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/eu\/2026\/07\/15\/guillermo-dorronsoro-alicia-o-el-arte-de-no-perder-la-cabeza-2-de-2\/","title":{"rendered":"Guillermo Dorronsoro: &#8220;Alicia, o el arte de no perder la cabeza (2 de 2)&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en El Correo (14-07-2026)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Guillermo-Dorronsoro.jpg\" alt=\"Guillermo Dorronsoro\" class=\"wp-image-1110\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En la entrega anterior visitamos a la Reina de Corazones, esa figura arbitraria que gobierna a golpe de amenaza y parece convencida de que todo problema puede resolverse cortando alguna cabeza. Hoy nos acercamos a otra reina del universo de Alicia, distinta pero igualmente inquietante: la Reina Roja. Si la primera representa la cultura del miedo, la segunda encarna una enfermedad quiz\u00e1 m\u00e1s propia de nuestro tiempo: la cultura de la prisa.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>A trav\u00e9s del espejo<\/em>, Alicia se encuentra con la Reina Roja en un mundo donde las reglas parecen invertidas. All\u00ed no basta con caminar para avanzar. Ni siquiera basta con correr. En una de las escenas m\u00e1s c\u00e9lebres, Alicia y la Reina corren juntas con todas sus fuerzas, pero cuando se detienen descubren que siguen exactamente en el mismo lugar. La Reina lo explica con naturalidad: en ese pa\u00eds hay que correr todo lo que se pueda para permanecer donde se est\u00e1; si se quiere llegar a otro sitio, hay que correr al menos el doble.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen es casi demasiado perfecta para nuestro tiempo. Muchas empresas, gobiernos y sociedades viven instalados en esa carrera. Nuevos planes, nuevas herramientas, nuevas plataformas, nuevas reorganizaciones, nuevas prioridades, nuevas urgencias. Todo se mueve. Todo se revisa. Todo se acelera. Pero a veces, al detenernos un instante, aparece una pregunta inc\u00f3moda: \u00bfhemos avanzado realmente o solo hemos aprendido a correr mejor?<\/p>\n\n\n\n<p>La Reina Roja no gobierna desde el grito arbitrario de la Reina de Corazones. Su poder es m\u00e1s fr\u00edo, m\u00e1s sofisticado, m\u00e1s dif\u00edcil de discutir. No amenaza con cortar cabezas; impone un ritmo. Su mandato no dice \u00abobed\u00e9ceme o te castigar\u00e9\u00bb, sino algo quiz\u00e1 m\u00e1s agotador: \u00abcorre, ad\u00e1ptate, actual\u00edzate, transforma, responde, produce, no te quedes atr\u00e1s\u00bb. El miedo no desaparece, pero cambia de forma. Ya no es solo miedo al castigo. Es miedo a llegar tarde, a quedar fuera, a no estar suficientemente preparado, a no dominar la \u00faltima herramienta, a no entender la siguiente ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa l\u00f3gica ha entrado con fuerza en las organizaciones. La transformaci\u00f3n digital, la inteligencia artificial, la sostenibilidad, la reconfiguraci\u00f3n geopol\u00edtica, los cambios demogr\u00e1ficos y las nuevas expectativas del talento obligan, sin duda, a moverse. Ser\u00eda ingenuo defender la quietud. El problema no es la velocidad en s\u00ed misma. El problema aparece cuando la velocidad deja de estar al servicio de una direcci\u00f3n y se convierte en una forma de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces las agendas se llenan, las reuniones se encadenan, los proyectos se multiplican y las personas empiezan a sentir que trabajan dentro de una cinta de correr. Mucha actividad, poca distancia recorrida. Mucha coordinaci\u00f3n, pocas decisiones. Mucha transformaci\u00f3n aparente, poca transformaci\u00f3n real. La organizaci\u00f3n corre, pero no siempre aprende. Se mueve, pero no siempre cambia. Se actualiza, pero no siempre se pregunta hacia d\u00f3nde quiere ir.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n en la geoestrategia reconocemos algo de esa Reina Roja. Estados que reaccionan a cada movimiento del adversario, bloques que compiten en tecnolog\u00eda, defensa, energ\u00eda o influencia global, sociedades que sienten que deben acelerar para no perder posici\u00f3n en un tablero cada vez m\u00e1s inestable. Hay razones para esa urgencia. El mundo se ha vuelto m\u00e1s duro, m\u00e1s competitivo y menos previsible. Pero cuando la pol\u00edtica internacional entra en una din\u00e1mica de carrera permanente, el riesgo es que cada actor acabe atrapado por el movimiento del otro. Se corre para no quedar atr\u00e1s, aunque nadie est\u00e9 del todo seguro de cu\u00e1l es la meta.<\/p>\n\n\n\n<p>La cultura de la prisa tiene un coste silencioso: reduce la capacidad de pensar. Y sin pensamiento, la velocidad se vuelve peligrosa. Las personas ocupadas parecen productivas. Las instituciones hiperactivas, todos los d\u00edas en portada, parecen responsables. Las empresas llenas de iniciativas parecen innovadoras. Pero no siempre lo son. A veces solo est\u00e1n cansadas. Y el cansancio, cuando se cronifica, acaba erosionando el compromiso, la creatividad y el juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso es tan importante preguntarse c\u00f3mo vence Alicia a la Reina Roja. No la vence corriendo m\u00e1s r\u00e1pido. No la derrota aceptando sin m\u00e1s la l\u00f3gica de la carrera. En <em>A trav\u00e9s del espejo<\/em>, Alicia atraviesa un mundo organizado como una partida de ajedrez. Comienza como pe\u00f3n y avanza casilla a casilla hasta convertirse en reina. Su victoria no es solo f\u00edsica; es una forma de maduraci\u00f3n. Alicia aprende las reglas del tablero, pero no queda atrapada definitivamente en ellas. Las comprende lo suficiente como para poder despertar.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa es quiz\u00e1 la clave. Para salir de la cultura de la prisa no basta con detenerse de manera ingenua, como si el mundo pudiera esperarnos. Tampoco sirve correr m\u00e1s por simple ansiedad. Hace falta algo m\u00e1s dif\u00edcil: recuperar criterio sobre el movimiento. Distinguir qu\u00e9 urgencias son reales y cu\u00e1les son fabricadas. Qu\u00e9 cambios son profundos y cu\u00e1les son solo cosm\u00e9ticos. Qu\u00e9 carreras merecen ser corridas y cu\u00e1les solo nos mantienen exhaustos en el mismo lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>En las organizaciones, no perder la cabeza ante la Reina Roja significa volver a hacer preguntas aparentemente sencillas. \u00bfPara qu\u00e9 estamos corriendo? \u00bfQu\u00e9 queremos preservar mientras cambiamos? \u00bfQu\u00e9 decisiones estamos aplazando bajo la apariencia de mucha actividad? \u00bfQu\u00e9 parte de nuestra transformaci\u00f3n es verdadera y qu\u00e9 parte es solo liturgia? \u00bfEstamos avanzando o simplemente evitando la incomodidad de parar a pensar?<\/p>\n\n\n\n<p>La prisa tiene prestigio porque parece compromiso. Pero no todo el que corre est\u00e1 comprometido, ni todo el que se detiene est\u00e1 resisti\u00e9ndose al cambio. A veces parar un momento es la \u00fanica forma seria de avanzar. Alicia lo intuye cuando empieza a comprender que aquel mundo invertido no era una ley natural, sino un juego con reglas absurdas. Y los juegos, cuando se entienden, tambi\u00e9n pueden abandonarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 muchas personas, empresas, instituciones y sociedades necesitamos hoy esa inteligencia de Alicia: moverse sin someterse al movimiento, adaptarse sin convertirse en reh\u00e9n de cada urgencia, transformarse sin olvidar por qu\u00e9 merec\u00eda la pena hacerlo. Porque la pregunta decisiva no es si somos capaces de correr m\u00e1s r\u00e1pido. La pregunta es si, despu\u00e9s de tanto correr, seguimos sabiendo hacia d\u00f3nde queremos ir, o hemos perdido un poco la cabeza&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Si puedes parar estas pr\u00f3ximas semanas estivales, piensa en ello antes de volver a correr&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Correo (14-07-2026) En la entrega anterior visitamos a la Reina de Corazones, esa figura arbitraria que gobierna a golpe de amenaza y parece convencida de que todo problema puede resolverse cortando alguna cabeza. 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