{"id":10283,"date":"2026-03-30T13:03:50","date_gmt":"2026-03-30T13:03:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10283"},"modified":"2026-03-30T13:03:52","modified_gmt":"2026-03-30T13:03:52","slug":"manfred-nolte-salarios-y-beneficios-una-pugna-mal-entendida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2026\/03\/30\/manfred-nolte-salarios-y-beneficios-una-pugna-mal-entendida\/","title":{"rendered":"Manfred Nolte: \u00abSalarios y beneficios: una pugna mal entendida\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p>Art\u00edculo publicado en El Correo (20\/03\/2026)<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Manfred-Noltr.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-219\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Hay debates econ\u00f3micos que reaparecen con una regularidad casi ritual. El de la distribuci\u00f3n funcional de la renta es uno de ellos. Cada vez que la inflaci\u00f3n erosiona el poder adquisitivo o que la econom\u00eda se desacelera, resurge la misma pregunta: \u00bfqui\u00e9n se queda con qu\u00e9? La respuesta que suele dominar el espacio p\u00fablico es conocida: el capital avanza y el trabajo retrocede.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, como ocurre a menudo, la narrativa pol\u00edtica y la realidad estad\u00edstica no siempre coinciden. Y conviene recordarlo desde el principio: la evoluci\u00f3n de salarios y beneficios no se desarrolla necesariamente en una l\u00f3gica de suma cero. Las econom\u00edas modernas no son un tablero est\u00e1tico en el que lo que gana uno lo pierde inevitablemente el otro. Con frecuencia ambos factores avanzan simult\u00e1neamente cuando aumenta la productividad, se expande la inversi\u00f3n o se ampl\u00eda el empleo.<\/p>\n\n\n\n<p>La renta nacional \u2013el PIB medido por el lado de la renta\u2013 se reparte esencialmente entre tres grandes agregados. El primero es la remuneraci\u00f3n de los asalariados, es decir, los sueldos y salarios que perciben los trabajadores. El segundo es el excedente bruto de explotaci\u00f3n, que recoge los beneficios empresariales y las rentas del capital, adem\u00e1s de incorporar la llamada renta mixta de los trabajadores aut\u00f3nomos. El tercer componente corresponde al Estado, bajo la forma de impuestos netos sobre la producci\u00f3n y las importaciones, una vez descontadas las subvenciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Este \u00faltimo agregado se mantiene relativamente estable en torno al diez por ciento del PIB. Por esa raz\u00f3n, y por pura econom\u00eda anal\u00edtica, suele dejarse al margen cuando se examina la distribuci\u00f3n funcional de la renta. El verdadero foco del debate se concentra as\u00ed en la relaci\u00f3n entre los dos grandes protagonistas del sistema productivo: trabajo y capital.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante d\u00e9cadas se ha instalado la idea de que la participaci\u00f3n de los salarios en la renta nacional sigue una senda descendente estructural. El argumento suele reforzarse con una referencia hist\u00f3rica muy concreta: en 1977, la cuota salarial en Espa\u00f1a alcanz\u00f3 el 56,5% del PIB. Ese dato se invoca a menudo como la edad dorada de un supuesto equilibrio distributivo favorable al trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aquella cifra debe interpretarse con cautela. Los a\u00f1os setenta no fueron una etapa de estabilidad econ\u00f3mica. La transici\u00f3n pol\u00edtica coincidi\u00f3 con una inflaci\u00f3n elevada, una fuerte presi\u00f3n sindical y m\u00e1rgenes empresariales muy estrechos en una econom\u00eda todav\u00eda cerrada y poco competitiva. A ello se sumaron los shocks petroleros de 1973 y 1979, que multiplicaron el precio del crudo y desencadenaron una grave crisis industrial. El m\u00e1ximo de 1977 refleja m\u00e1s bien una situaci\u00f3n excepcional que un punto de equilibrio sostenible.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces, la apertura exterior, la integraci\u00f3n en la Uni\u00f3n Europea y el aumento de la competencia internacional transformaron profundamente la estructura productiva espa\u00f1ola. Durante a\u00f1os la participaci\u00f3n salarial descendi\u00f3 mientras la econom\u00eda se adaptaba a un entorno m\u00e1s abierto y exigente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la evoluci\u00f3n reciente introduce matices importantes en ese relato. Tras la crisis financiera de 2008\u20132013, la recuperaci\u00f3n del empleo impuls\u00f3 de nuevo la masa salarial. El aumento del n\u00famero de ocupados, las subidas del SMI y la actualizaci\u00f3n de convenios han reforzado progresivamente la remuneraci\u00f3n de los trabajadores. Seg\u00fan los datos de la Contabilidad Nacional del INE y de Eurostat, la participaci\u00f3n salarial se ha recuperado desde niveles cercanos al 45% tras la crisis financiera hasta situarse en torno al 52% en 2025, con estimaciones que en algunos trimestres se aproximan al 54%. En t\u00e9rminos hist\u00f3ricos, se trata de una de las cotas m\u00e1s elevadas del \u00faltimo cuarto de siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Paralelamente, el peso del excedente empresarial se ha moderado tras las fases m\u00e1s duras de la crisis. La evoluci\u00f3n reciente sugiere, por tanto, que el diagn\u00f3stico de una erosi\u00f3n permanente del peso del trabajo en la renta nacional resulta demasiado simplificador. Los datos apuntan m\u00e1s bien a un movimiento c\u00edclico que responde a factores como el empleo, la productividad, la inflaci\u00f3n o la propia estructura sectorial de la econom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de esto significa que el debate carezca de importancia. La distribuci\u00f3n entre salarios y beneficios sigue siendo uno de los indicadores m\u00e1s sensibles de cualquier econom\u00eda moderna. Pero precisamente por ello conviene abordarlo con prudencia anal\u00edtica y con una mirada apoyada en los datos. Las simplificaciones ret\u00f3ricas pueden ser eficaces en la arena pol\u00edtica, pero rara vez ayudan a comprender la realidad econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>En ocasiones, la pugna entre capital y trabajo se presenta como un juego de suma cero en el que cualquier avance de uno implica necesariamente el retroceso del otro. La experiencia econ\u00f3mica muestra, sin embargo, que las econom\u00edas m\u00e1s pr\u00f3speras son precisamente aquellas en las que ambos factores avanzan conjuntamente gracias al aumento de la productividad, la inversi\u00f3n y el crecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez por eso convenga recordar una evidencia b\u00e1sica: en una econom\u00eda din\u00e1mica, salarios y beneficios no son enemigos naturales. Son, en realidad, dos pilares de un mismo sistema productivo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Correo (20\/03\/2026) Hay debates econ\u00f3micos que reaparecen con una regularidad casi ritual. El de la distribuci\u00f3n funcional de la renta es uno de ellos. Cada vez que la inflaci\u00f3n erosiona el poder adquisitivo o que la econom\u00eda se desacelera, resurge la misma pregunta: \u00bfqui\u00e9n se queda con qu\u00e9? 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