{"id":10361,"date":"2026-04-17T11:29:46","date_gmt":"2026-04-17T11:29:46","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10361"},"modified":"2026-04-17T11:31:03","modified_gmt":"2026-04-17T11:31:03","slug":"nere-jone-intxaustegi-cuando-el-amor-se-rompia-promesas-pleitos-y-divorcios-en-la-bizkaia-de-la-edad-moderna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2026\/04\/17\/nere-jone-intxaustegi-cuando-el-amor-se-rompia-promesas-pleitos-y-divorcios-en-la-bizkaia-de-la-edad-moderna\/","title":{"rendered":"Nere Jone Intxaustegi: \u00abCuando el amor se romp\u00eda: promesas, pleitos y divorcios en la Bizkaia de la Edad Moderna"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2024\/09\/Nere-Jone-Intxaustegi.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6744\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Documentos del Archivo Diocesano de Calahorra permiten entender mejor nuestro presente: las luchas actuales por la igualdad, la protecci\u00f3n frente a la violencia y la autonom\u00eda personal. Lo que ha cambiado son las normas, los marcos legales y las posibilidades de acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en Deia (28\/03\/2026)<\/strong><a href=\"https:\/\/www.linkedin.com\/shareArticle?mini=true&amp;title=Cuando%20el%20amor%20se%20romp%C3%ADa%3A%20%0Apromesas%2C%20pleitos%20y%20divorcios%20en%20la%20Bizkaia%20de%20la%20Edad%20Moderna&amp;url=https:\/\/www.deia.eus\/bizkaia\/2026\/03\/28\/amor-rompia-promesas-pleitos-divorcios-bizkaia-edad-moderna-10877880.html\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1200\" height=\"675\" src=\"https:\/\/estaticosgn-cdn.deia.eus\/clip\/ec9702da-640b-4b9f-8f67-b87ea75022b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg\" alt=\"Expediente en el que se recoge el caso de Domingo de Chavarr\u00eda y Dirin, 'Chomin'\"><em>Expediente en el que se recoge el caso de Domingo de Chavarr\u00eda y Dirin, &#8216;Chomin&#8217;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el imaginario colectivo solemos asociar el divorcio y los conflictos de pareja con la actualidad. Sin embargo,\u00a0<strong>mucho antes de que existieran los juzgados civiles<\/strong>\u00a0tal y como hoy los conocemos,\u00a0<strong>hombres y mujeres ya acud\u00edan a los tribunales para resolver disputas amorosas<\/strong>, exigir el cumplimiento de promesas o escapar de matrimonios marcados por la violencia. Para comprender estas historias debemos viajar a la Edad Moderna y, sobre todo, dirigir la mirada a un lugar concreto:\u00a0<strong>el archivo diocesano de\u00a0<\/strong><a href=\"https:\/\/www.deia.eus\/tags\/calahorra\/\">Calahorra<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hasta 1861, una parte muy importante del actual Pa\u00eds Vasco estuvo bajo la jurisdicci\u00f3n de la di\u00f3cesis de Calahorra<\/strong>. Ese a\u00f1o, el papa P\u00edo IX cre\u00f3 la Di\u00f3cesis de Vitoria, reorganizando el mapa eclesi\u00e1stico. Hasta entonces, cualquier pleito relacionado con el matrimonio, divorcios, nulidades, dispensas o rupturas de promesas, deb\u00eda tramitarse ante el obispo de Calahorra. Para los historiadores,&nbsp;<strong>el Archivo Diocesano de Calahorra es un aut\u00e9ntico tesoro<\/strong>. Custodia miles de expedientes que permiten asomarse a la vida cotidiana de los siglos XVII y XVIII. No son documentos fr\u00edos ni meramente administrativos: son relatos de amor, de enga\u00f1o, de violencia, de esperanza y de frustraci\u00f3n. En ellos encontramos tanto conflictos por promesas incumplidas como<strong>&nbsp;procesos de divorcio iniciados, en su mayor\u00eda, por mujeres<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una palabra que obligaba<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En la Edad Moderna, la promesa de matrimonio ten\u00eda un peso enorme.&nbsp;<strong>En una sociedad mayoritariamente analfabeta, la palabra dada era el v\u00ednculo m\u00e1s s\u00f3lido<\/strong>. Dos personas pod\u00edan comprometerse verbalmente, ante testigos o incluso en privado, y ese compromiso era socialmente considerado casi tan fuerte como un contrato. Sin embargo, tras el Concilio de Trento (1545-1563), la Iglesia estableci\u00f3 normas claras:&nbsp;<strong>para que un matrimonio fuera v\u00e1lido deb\u00eda celebrarse p\u00fablicamente en la iglesia, ante un sacerdote y testigos<\/strong>, y tras la proclamaci\u00f3n de amonestaciones en tres misas consecutivas. Las simples promesas no constitu\u00edan matrimonio v\u00e1lido.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estaticosgn-cdn.deia.eus\/clip\/66f6695e-e8ad-499c-a046-c7fc98a95f34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg\" alt=\"Catedral de Calahorra\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Catedral de Calahorra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La teor\u00eda era clara. No obstante, la pr\u00e1ctica, era mucho m\u00e1s compleja.&nbsp;<strong>En muchos lugares se segu\u00eda creyendo que el intercambio de promesas, e incluso las relaciones \u00edntimas derivadas de ellas, generaban un v\u00ednculo casi matrimonial<\/strong>. Cuando una de las partes romp\u00eda el compromiso, la otra pod\u00eda acudir a los tribunales eclesi\u00e1sticos para exigir que se cumpliera la palabra o que se compensara el da\u00f1o sufrido. No se trataba solo de una cuesti\u00f3n sentimental: la reputaci\u00f3n, el honor y el futuro econ\u00f3mico estaban en juego.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Uno de los casos m\u00e1s fascinantes conservados en los archivos es el de Domingo de Chavarr\u00eda y Dirin y Mar\u00eda de Abieta<\/strong>, ambos naturales de&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.deia.eus\/bilbao\/\">Bilbao<\/a>. Para nosotros son Chomin y Marichu, los nombres cari\u00f1osos que se dedicaban en sus cartas.&nbsp;<strong>En 1703, Mar\u00eda demand\u00f3 a Domingo por romper su promesa de matrimonio&nbsp;<\/strong>tras tres a\u00f1os de relaci\u00f3n. Durante el proceso present\u00f3 como prueba varias cartas enviadas por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Son documentos extraordinarios, no solo por su valor jur\u00eddico, sino por su humanidad<\/strong>. Domingo se dirig\u00eda a ella como \u201chija m\u00eda de mi coraz\u00f3n\u201d y firmaba como \u201cChomin\u201d. Se desped\u00eda con expresiones como \u201cquien de coraz\u00f3n te quiere y te estima\u201d, y todas las cartas conclu\u00edan con un \u201cagur\u201d, reflejo del uso cotidiano del euskera en el Bilbao del siglo XVIII.<\/p>\n\n\n\n<p>En algunas misivas&nbsp;<strong>aparecen referencias a su hija Josefa<\/strong>, a la que llamaban Pepachu.&nbsp;<strong>Domingo incluso expresaba su deseo de tener otro hijo<\/strong>&nbsp;y volver a sentir las patadas del feto en el vientre de Mar\u00eda. En una frase especialmente conmovedora escribi\u00f3 que esperaba \u201cestar recibiendo patadas de hijo o hija, como en la noche de Navidad\u201d.&nbsp;<strong>Estas palabras nos muestran una faceta \u00edntima y tierna de la paternidad en el Antiguo R\u00e9gimen<\/strong>, rompiendo t\u00f3picos sobre la frialdad emocional del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El 11 de abril de 1704, el obispo de Calahorra dict\u00f3 sentencia: Domingo deb\u00eda casarse con Mar\u00eda o pagar 150 ducados<\/strong>, adem\u00e1s de las costas procesales. Pero el caso no termin\u00f3 ah\u00ed. Ambos apelaron.&nbsp;<strong>Mar\u00eda exig\u00eda 2.000 ducados; Domingo se negaba a casarse o a pagar esa suma<\/strong>. Finalmente, seg\u00fan los registros, nunca llegaron a casarse. Esta historia es mucho m\u00e1s que un pleito amoroso. Nos habla del peso social de la palabra, del valor probatorio de una carta y de la capacidad de una mujer para acudir a la justicia en defensa de su honor.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Separarse sin romper el v\u00ednculo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Si la ruptura de promesa concern\u00eda a quienes todav\u00eda no hab\u00edan llegado al altar, el divorcio, m\u00e1s propiamente la separaci\u00f3n de lecho y habitaci\u00f3n, afectaba a quienes ya hab\u00edan contra\u00eddo matrimonio.&nbsp;<strong>En la Edad Moderna no exist\u00eda el divorcio civil tal y como lo entendemos hoy; la \u00fanica v\u00eda posible era la eclesi\u00e1stica<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estaticosgn-cdn.deia.eus\/clip\/7d7e4706-3ae2-4453-a342-0063458a357f_source-aspect-ratio_default_0.jpg\" alt=\"Las cartas de \u2018Chomin\u2019 conclu\u00edan con un \u201cagur\u201d, reflejo del uso cotidiano del euskera en el Bilbao del siglo XVIII.\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Las cartas de \u2018Chomin\u2019 conclu\u00edan con un \u201cagur\u201d, reflejo del uso cotidiano del euskera en el Bilbao del siglo XVIII.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para la Iglesia, el matrimonio era un sacramento indisoluble<\/strong>, un v\u00ednculo que no pod\u00eda romperse. En situaciones extremas, no obstante, pod\u00eda autorizarse el divorcio: los c\u00f3nyuges cesaban la convivencia, pero segu\u00edan unidos jur\u00eddicamente y no pod\u00edan contraer un nuevo matrimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>Las demandas se presentaban ante el tribunal eclesi\u00e1stico, y la mayor\u00eda eran iniciadas por mujeres.<strong>&nbsp;\u00bfEl motivo principal? Los malos tratos<\/strong>; es decir, la violencia dentro del hogar. Hoy tendemos a pensar en la violencia dom\u00e9stica como un problema contempor\u00e1neo. Sin embargo, los expedientes de los siglos XVII y XVIII demuestran que era una realidad profundamente arraigada.<strong>&nbsp;Los documentos hablan de golpes con palos, pu\u00f1etazos, patadas, cuchilladas, amenazas de muerte, encierros y expulsiones nocturnas del hogar<\/strong>. Tambi\u00e9n aparecen otras conductas: maridos que se emborrachaban, que dilapidaban la dote de la esposa, que perd\u00edan el dinero en el juego o que manten\u00edan relaciones extramatrimoniales.<\/p>\n\n\n\n<p>La lista de ejemplos es larga:&nbsp;<strong>en 1657, la bilba\u00edna Mar\u00eda Gregoria pidi\u00f3 el divorcio porque su marido la golpeaba con un palo hasta dejarle el rostro lleno de hematomas<\/strong>. De hecho, una noche, los vecinos tuvieron que intervenir para evitar que la matara. Por su parte, en&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.deia.eus\/durangaldea\/durango\/\">Durango<\/a>,&nbsp;<strong>Antonia denunci\u00f3 que su marido la amenazaba con espada y cuchillo<\/strong>, y que la hab\u00eda contagiado una enfermedad tras mantener relaciones con otras mujeres.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>M\u00e1s ejemplos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><strong>En 1682, otra mujer en Bilbao relat\u00f3 que su esposo la empuj\u00f3 por las escaleras, la encerr\u00f3 en el balc\u00f3n y la amenaz\u00f3 estando embarazada<\/strong>. En torno a 1700, en la zona de Markina, Marina solicit\u00f3 la separaci\u00f3n tras apenas seis meses de convivencia: su marido se emborrachaba constantemente, le negaba alimento y la insultaba.&nbsp;<strong>Especialmente brutal fue el caso de Manuela, en&nbsp;<\/strong><a href=\"https:\/\/www.deia.eus\/kostaldea\/lekeitio\/\"><strong>Lekeitio<\/strong><\/a><strong>: fue golpeada tras dar a luz y arrastrada por el cabello; en otro embarazo recibi\u00f3 golpes en el vientre que le provocaron un aborto<\/strong>. Adem\u00e1s, su marido conviv\u00eda p\u00fablicamente con otra mujer con la que tuvo una hija.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas de las mujeres que iniciaron estos procesos judiciales&nbsp;<strong>buscaron refugio en conventos durante el procedimiento<\/strong>. El motivo era l\u00f3gico: abandonaban el hogar que compart\u00edan con sus maridos, a quienes hab\u00edan acusado de malos tratos y de los que quer\u00edan divorciarse. Ese fue el caso de Mar\u00eda Susana Larrinaga Arrazola, que se refugi\u00f3 en el convento de la Esperanza de Bilbao, y el de Mar\u00eda Baraya, que hizo lo propio en el convento de Santa Susana de Durango.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estaticosgn-cdn.deia.eus\/clip\/a1be17e2-5278-4ba9-be11-f6e57ba1751a_source-aspect-ratio_default_0.jpg\" alt=\"Grabado del antiguo convento de La Esperanza de Bilbao, hoy Instituto Zabalburu\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Grabado del antiguo convento de La Esperanza de Bilbao, hoy Instituto Zabalburu<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estos casos, conservados en los archivos de Calahorra, muestran que&nbsp;<strong>la violencia no distingu\u00eda entre costa e interior, entre villas grandes y pueblos peque\u00f1os, ni entre clases sociales<\/strong>. La diferencia es que las familias acomodadas ten\u00edan m\u00e1s recursos para afrontar los costes del proceso judicial, por lo que su rastro documental es m\u00e1s abundante.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, dado que el castellano era la lengua utilizada por el clero diocesano, mientras que un porcentaje muy elevado de la poblaci\u00f3n era monoling\u00fce en euskera, las traducciones entre ambas lenguas resultaban frecuentes. La sociedad del Antiguo R\u00e9gimen era profundamente patriarcal.&nbsp;<strong>El marido era considerado cabeza de familia y la esposa le deb\u00eda obediencia<\/strong>. Los refranes y expresiones populares reflejaban esa mentalidad, y no era extra\u00f1o que los golpes se presentaran como \u201ccorrecciones\u201d. Sin embargo, incluso ese sistema ten\u00eda l\u00edmites.&nbsp;<strong>Cuando la violencia era extrema y pod\u00eda demostrarse, los jueces pod\u00edan conceder el divorcio<\/strong>. Pero no siempre lo hac\u00edan, ya que a menudo se intentaba la mediaci\u00f3n: vecinos, familiares o cl\u00e9rigos presionaban para que la mujer regresara al hogar \u201cpor el bien de la familia\u201d. Aun as\u00ed,&nbsp;<strong>el simple hecho de que tantas mujeres acudieran al tribunal diocesano demuestra que no fueron sujetos pasivos<\/strong>. Utilizaron las herramientas jur\u00eddicas disponibles para proteger su vida y su dignidad, aunque las posibilidades fueran limitadas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Voces que cruzan los siglos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Las rupturas de promesa y los divorcios de la Edad Moderna nos hablan de<strong>&nbsp;una sociedad donde el honor, la palabra y la reputaci\u00f3n ten\u00edan un peso decisivo<\/strong>. Pero tambi\u00e9n nos hablan de emociones intensas: amor, celos, deseo, miedo, frustraci\u00f3n. Las cartas de Chomin y Marichu nos permiten escuchar la ternura de un padre que espera sentir las patadas de su hijo antes de nacer. Los expedientes de divorcio nos devuelven la voz de mujeres que describen golpes, amenazas y humillaciones con una claridad que atraviesa los siglos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe indicar que&nbsp;<strong>el Archivo de Calahorra no conserva solo papeles, conserva vidas<\/strong>. Y al leerlas comprendemos que ni el amor ni la violencia son invenciones modernas. Lo que cambia son las normas, los marcos legales y las posibilidades de acci\u00f3n.&nbsp;<strong>Escuchar estas historias nos ayuda a entender mejor nuestro presente<\/strong>: las luchas actuales por la igualdad, la protecci\u00f3n frente a la violencia y la autonom\u00eda personal tienen ra\u00edces profundas. En definitiva, entre promesas rotas y matrimonios fracasados, los tribunales eclesi\u00e1sticos de la Edad Moderna fueron escenario de dramas humanos tan intensos como los de cualquier novela. La diferencia es que estos son reales, y a\u00fan hoy esperan ser le\u00eddos entre los legajos de un archivo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Documentos del Archivo Diocesano de Calahorra permiten entender mejor nuestro presente: las luchas actuales por la igualdad, la protecci\u00f3n frente a la violencia y la autonom\u00eda personal. Lo que ha cambiado son las normas, los marcos legales y las posibilidades de acci\u00f3n. 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