{"id":10372,"date":"2026-04-17T11:44:02","date_gmt":"2026-04-17T11:44:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10372"},"modified":"2026-04-17T11:44:04","modified_gmt":"2026-04-17T11:44:04","slug":"adela-balderas-la-ilusion-en-tiempos-de-prisa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2026\/04\/17\/adela-balderas-la-ilusion-en-tiempos-de-prisa\/","title":{"rendered":"Adela Balderas: \u00abLa ilusi\u00f3n en tiempos de prisa\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p>Las organizaciones pueden fomentarla con reconocimiento, confianza y coherencia.<\/p>\n\n\n\n<p>A<strong>rt\u00edculo publicado en Expansi\u00f3n (07\/04\/2026)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2025\/07\/Adela-Balderas-new.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-9255\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesora de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En ocasiones, el cielo tiene algo que recuerda a los cuadros de Monet. Esa luz que no termina de ser ni d\u00eda ni noche, ese tiempo suspendido en el que el mundo parece bajar el volumen. Las tardes siempre son territorios intermedios: invitan al recogimiento, pero tambi\u00e9n susurran una urgencia suave, casi imperceptible, de aprovechar lo que queda, como un miedo a perderse algo que nos mete en esa rueda de la ansiedad por acumular experiencias que no sentimos. Y en ese espacio que flota entre lo productivo y lo contemplativo, pienso en algo que me bulle constantemente: la ilusi\u00f3n. En la vida, en el trabajo, en lo de cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>No hablo de ilusi\u00f3n como mera fantas\u00eda ni como poes\u00eda, sino de esa chispa \u00edntima que nos impulsa a seguir. Esa que no siempre surge espont\u00e1neamente, sino que se convierte en una decisi\u00f3n silenciosa: una manera de mirar y de vivir, incluso cuando todo parece no invitar a ello. Dec\u00eda Lola Flores que \u201cel brillo de los ojos no se opera\u201d. Me entusiasman esas ocho palabras juntas. El brillo est\u00e1 o deja de estar. No se puede fabricar, no se puede imponer, no se puede sostener artificialmente mucho tiempo. Y cuando se va, suele hacerlo de forma sigilosa, diluy\u00e9ndose entre lo cotidiano, entre la sensaci\u00f3n de cumplir sin estar presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante a\u00f1os hemos hablado del trabajo en t\u00e9rminos de objetivos, resultados y eficiencia. Y s\u00ed, tiene su l\u00f3gica porque las organizaciones necesitan medir, avanzar, competir. Hoy se habla tambi\u00e9n del bienestar, pero en ese lenguaje algo queda fuera aunque no se pueda medir: la ilusi\u00f3n. Ilusi\u00f3n por lo que hacemos, por el trabajo bien hecho, por la conexi\u00f3n, por el trabajo en equipo m\u00e1s all\u00e1 de modelos te\u00f3ricos en cursos obligatorios, por la pareja, por la vida; por sentirse parte de algo que tiene sentido. No como entusiasmo constante ni como motivaci\u00f3n fingida, sino como una forma de estar en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>El escritor Simon Sinek invita a reflexionar en el modelo de liderazgo que cre\u00f3, El c\u00edrculo dorado, qu\u00e9 es lo que nos hace levantarnos cada ma\u00f1ana. No basta con responder correctamente; importa sentirlo en el cuerpo, en la mirada. Esa sensaci\u00f3n de prop\u00f3sito que atraviesa cada gesto y cada decisi\u00f3n sostiene la energ\u00eda diaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La investigaci\u00f3n acad\u00e9mica respalda esta intuici\u00f3n. La doctora Teresa Amabile, profesora em\u00e9rita en Harvard Business School, ha mostrado que la creatividad y la motivaci\u00f3n no surgen de grandes golpes de inspiraci\u00f3n, sino de la interacci\u00f3n constante entre nuestras habilidades, conocimientos y motivaci\u00f3n intr\u00ednseca, esa energ\u00eda que brota cuando hacemos algo por el mero placer de hacerlo, por desaf\u00edo o por satisfacci\u00f3n personal. En su libro El principio del progreso, Amabile, junto a Steven Kramer, se\u00f1ala que cada peque\u00f1o logro enciende una chispa interna donde la ilusi\u00f3n habita.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una vida saludable y plena<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Iniciado en 1938, el Harvard Study of Adult Development sobre bienestar y felicidad confirma esta intuici\u00f3n desde otra perspectiva. Uno de los estudios m\u00e1s largos sobre la vida humana ha seguido a tres generaciones de participantes para entender qu\u00e9 hace que la vida sea buena, saludable y plena. No solo mide logros o salud f\u00edsica, sino experiencias, relaciones y sentido de prop\u00f3sito. Lo que emerge de manera consistente es que la calidad de nuestras relaciones importa m\u00e1s que el dinero, el estatus o los genes. Las personas m\u00e1s conectadas son m\u00e1s felices, saludables y longevas. Adem\u00e1s, el sentido percibido de nuestras acciones, por peque\u00f1o que sea, impacta en nuestra vitalidad y bienestar mental. Hacer lo que hacemos con ilusi\u00f3n no es trivial: es esencial para una vida plena.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta evidencia cient\u00edfica refuerza lo que sentimos: la ilusi\u00f3n no nace del azar. Se fragua en la interacci\u00f3n entre experiencias, conexiones y el sentido que damos a lo que hacemos. Muchas veces merece la pena recordar por qu\u00e9 hacemos lo que hacemos y qu\u00e9 nos hace sentir vivos.<\/p>\n\n\n\n<p>El fil\u00f3sofo Ernst Bloch hablaba del principio esperanza como esa fuerza que orienta al ser humano hacia lo que todav\u00eda no es, pero podr\u00eda ser: no se trata de una esperanza ingenua, sino de una actitud que nos mueve a dar sentido a lo que hacemos y a imaginar nuevas posibilidades. Para Jos\u00e9 Ortega y Gasset, la vida no est\u00e1 terminada, se va haciendo. \u201cYo soy yo y mi circunstancia\u201d, escribi\u00f3, record\u00e1ndonos que somos lo que vivimos, pero tambi\u00e9n lo que anhelamos. En ese espacio entre lo que es y lo que podr\u00eda ser, la ilusi\u00f3n no enga\u00f1a: sostiene, orienta y empuja, como una forma de seguir adelante con sentido y con luz propia. La ilusi\u00f3n, desde esta mirada, es mucho m\u00e1s que una emoci\u00f3n, es una forma de estar en el mundo, una declaraci\u00f3n silenciosa de que seguimos caminando, pensando, sintiendo, hacia algo que sentimos valioso. Quiz\u00e1 por eso conecta con la infancia. No con su ingenuidad, sino con esa capacidad intacta de implicarse, de anticipar, de dar significado incluso a lo peque\u00f1o. Un ni\u00f1o no necesita garant\u00edas para ilusionarse: le basta la posibilidad de poder hacer algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ana Frank escrib\u00eda a escondidas en ese diario que tanto nos ha ense\u00f1ado: \u201cNo veo la miseria que hay, sino la belleza que a\u00fan queda\u201d. Y, como en un cuadro que necesita una pincelada m\u00e1s, es inevitable mencionar la pel\u00edcula que de vez en cuando hay que revisitar, <em>La vida es bella<\/em>, como un recordatorio de que la ilusi\u00f3n puede sostenerse incluso en la adversidad. No se trata de negar lo que duele, sino de elegir desde d\u00f3nde mirar, de convertir la mirada en un acto creativo que protege el sentido. Quiz\u00e1 la ilusi\u00f3n tenga algo de eso: una forma de cuidado interior, de fortaleza \u00edntima.<\/p>\n\n\n\n<p>La ilusi\u00f3n no es responsabilidad exclusiva de cada persona. Los contextos importan: estructuras organizativas, relaciones laborales, sentido compartido. Las organizaciones no pueden fabricar ilusi\u00f3n, pero s\u00ed pueden facilitarla mediante el reconocimiento, la confianza y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. El brillo de los ojos no se impone. Pero s\u00ed se cuida. O, al menos, se respeta.<\/p>\n\n\n\n<p>En un mundo que acelera, optimiza y se mide obsesivamente, la ilusi\u00f3n puede parecer invisible. Pero su impacto es estructural, porque atraviesa relaci\u00f3n, sentido, bienestar y lugar en el mundo. Quiz\u00e1 la pregunta no sea c\u00f3mo mantenerla siempre, sino c\u00f3mo no perderla. C\u00f3mo preservar, en medio de la incertidumbre, esa capacidad de mirar, de encontrar valor en lo peque\u00f1o. No porque todo sea extraordinario, sino porque somos capaces de verlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque, m\u00e1s all\u00e1 de objetivos, resultados o certezas, existe una aspiraci\u00f3n m\u00e1s sencilla: seguir sintiendo que lo que hacemos tiene sentido. Seguir mirando sin cinismo. Seguir encontrando algo que nos mueva. Y, sobre todo, poder decir que no queremos que nos falte lo esencial: la ilusi\u00f3n. Que, pase lo que pase, nos sigan brillando los ojos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las organizaciones pueden fomentarla con reconocimiento, confianza y coherencia. Art\u00edculo publicado en Expansi\u00f3n (07\/04\/2026) En ocasiones, el cielo tiene algo que recuerda a los cuadros de Monet. Esa luz que no termina de ser ni d\u00eda ni noche, ese tiempo suspendido en el que el mundo parece bajar el volumen. 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