{"id":10457,"date":"2026-05-07T09:26:45","date_gmt":"2026-05-07T09:26:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10457"},"modified":"2026-05-07T09:26:48","modified_gmt":"2026-05-07T09:26:48","slug":"guillermo-dorronsoro-el-arte-de-dar-oportunidades-al-destino-10-de-1001-el-tercer-ojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2026\/05\/07\/guillermo-dorronsoro-el-arte-de-dar-oportunidades-al-destino-10-de-1001-el-tercer-ojo\/","title":{"rendered":"Guillermo Dorronsoro: \u00abEl arte de dar oportunidades al destino (10 de 1001): El tercer ojo\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en Empresa XXI (01\/05\/2026)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Guillermo-Dorronsoro.jpg\" alt=\"Guillermo Dorronsoro\" class=\"wp-image-1110\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-77\">Hizo una pausa en su relato antes de seguir. Holmes manten\u00eda los dedos entrelazados, atento. Irene, como siempre, parec\u00eda escuchar no solo lo que Hermes dec\u00eda, sino tambi\u00e9n lo que sent\u00eda al decirlo. Inici\u00f3 el relato de su octavo viaje: \u00abLa octava herramienta no tiene que ver con prever el futuro, sino con aprender a convivir con \u00e9l\u00bb. Dej\u00f3 un momento que el silencio hiciera sitio al recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-78\">\u00abPodemos pensar que interpretar el futuro es una cuesti\u00f3n de lucidez<sup><\/sup>. Que basta con entender tendencias, detectar se\u00f1ales, anticipar riesgos<sup><\/sup>. Pero el futuro no se deja ver solo por quien mira mejor<sup><\/sup>. Tambi\u00e9n se revela a quien aprende a mirar cada d\u00eda, con disciplina<sup><\/sup>. Eso aprend\u00ed en mi visita al Tibet<sup><\/sup>. Recuerdo el ascenso lento por un empinado sendero de piedra que parec\u00eda colgar del vac\u00edo<sup><\/sup>. Cada paso obligaba a respirar de nuevo<sup><\/sup>. El monasterio apareci\u00f3 al final de una curva, suspendido entre roca, nieve y cielo, como si alguien lo hubiera construido para ense\u00f1arle al tiempo a quedarse quieto\u00bb<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-79\">All\u00ed conoc\u00ed a Lobsang Rampa<sup><\/sup>. No ten\u00eda el aspecto solemne de los ancianos monjes que aparecen en los libros<sup><\/sup>. Sonre\u00eda poco, pero con una calma que desarmaba cualquier impostura<sup><\/sup>. La primera tarde no me habl\u00f3 del tercer ojo, ni de viajes astrales, ni de ninguna de las historias que lo hab\u00edan hecho famoso<sup><\/sup>. Me llev\u00f3 a un patio interior, me entreg\u00f3 un rastrillo de madera y se\u00f1al\u00f3 un jard\u00edn de grava blanca<sup><\/sup>. \u00abEmpieza\u00bb<sup><\/sup>. Mir\u00e9 el suelo, desconcertado<sup><\/sup>. Rampa levant\u00f3 una ceja: \u00abDebes aprender\u00bb<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-80\">Durante d\u00edas, repet\u00ed el mismo gesto: arrastrar el rastrillo sobre la grava, trazar l\u00edneas rectas, rehacer c\u00edrculos borrados por el viento, barrer hojas que volv\u00edan a caer<sup><\/sup>. Al principio lo hac\u00eda con impaciencia, me parec\u00eda absurdo haber cruzado medio mundo para aquello<sup><\/sup>. Por las tardes, jugaba al ajedrez con Lobsang<sup><\/sup>. Una tarde, agotado, dej\u00e9 caer la herramienta sobre el suelo<sup><\/sup>. Hab\u00eda ido a aprender a ver m\u00e1s lejos, no a dibujar surcos en la arena&#8230; Me observ\u00f3 largo rato, sin enfado<sup><\/sup>. \u00abEse es tu problema. Crees que ver lejos consiste en forzar la vista\u00bb<sup><\/sup>. Se agach\u00f3, recogi\u00f3 el rastrillo y volvi\u00f3 a entreg\u00e1rmelo<sup><\/sup>. \u00abEl futuro no es una puerta que se abre de repente. Es una forma de atenci\u00f3n\u00bb<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-81\">Aquella noche, sentados frente a una ventana desde la que se ve\u00eda la monta\u00f1a recortada contra las estrellas, Rampa me habl\u00f3 al fin de lo que hab\u00eda ido a buscar<sup><\/sup>. \u00abLa mayor\u00eda cree que el tercer ojo es un don<sup><\/sup>. Una especie de privilegio reservado a unos pocos<sup><\/sup>. No lo es<sup><\/sup>. El tercer ojo no sirve para ver cosas extraordinarias<sup><\/sup>. Sirve para no dejar de ver lo importante cuando todo se llena de ruido<sup><\/sup>. La gente quiere cambiar de vida con un fogonazo: una idea brillante, una decisi\u00f3n radical, una revelaci\u00f3n<sup><\/sup>. Pero el futuro rara vez entra as\u00ed<sup><\/sup>. Casi siempre llega disfrazado de gesto repetido, de disciplina silenciosa\u00bb<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-82\">Se\u00f1al\u00f3 el jard\u00edn que hab\u00edan rastrillado durante d\u00edas: \u00abCada surco que trazas parece igual<sup><\/sup>. Pero no lo es<sup><\/sup>. Porque lo que cambia no es la grava. Eres t\u00fa\u00bb<sup><\/sup>. Entend\u00ed entonces que hab\u00eda confundido intensidad con profundidad<sup><\/sup>. Que mirar al futuro no era una actividad espor\u00e1dica, sino una manera de estar despierto<sup><\/sup>. Como quien afina un instrumento cada ma\u00f1ana y practica paciente, aunque nadie vaya a escucharlo ese d\u00eda<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-83\">La octava herramienta consiste precisamente en esto: convertir la atenci\u00f3n al futuro en un h\u00e1bito, en una disciplina constante<sup><\/sup>. No esperar que nos visite como una tormenta, sino entrenar la mirada cada d\u00eda para reconocer sus se\u00f1ales<sup><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_0f7e1562fca0ee4d-84\">Irene le pregunt\u00f3, intrigada: \u00ab\u00bfY c\u00f3mo supiste que ya hab\u00edas aprendido la lecci\u00f3n?\u00bb<sup><\/sup>. Hermes sonri\u00f3: \u00abPorque un amanecer, mientras rastrillaba el jard\u00edn por en\u00e9sima vez, me di cuenta de que hab\u00eda dejado de pensar en cu\u00e1ndo me ir\u00eda<sup><\/sup>. Y fue entonces cuando vi, al fondo del valle, una l\u00ednea de hierro brillando al sol\u00bb<sup><\/sup>. Mir\u00f3 un instante hacia el ventanal, donde la noche parec\u00eda prometer caminos<sup><\/sup>. \u00abComprend\u00ed que el futuro tambi\u00e9n exige saber marcharse<sup><\/sup>. Y entonces Lobsang me cont\u00f3 que mi siguiente lecci\u00f3n no estaba en la cima de una monta\u00f1a, sino en una estaci\u00f3n de tren donde todos creen que esperan&#8230; sin saber que tambi\u00e9n est\u00e1n eligiendo\u00bb<sup><\/sup>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en Empresa XXI (01\/05\/2026) Hizo una pausa en su relato antes de seguir. Holmes manten\u00eda los dedos entrelazados, atento. Irene, como siempre, parec\u00eda escuchar no solo lo que Hermes dec\u00eda, sino tambi\u00e9n lo que sent\u00eda al decirlo. 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