{"id":10706,"date":"2026-07-28T07:14:50","date_gmt":"2026-07-28T07:14:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=10706"},"modified":"2026-07-28T07:14:55","modified_gmt":"2026-07-28T07:14:55","slug":"guillermo-dorronsoro-el-principe-de-maquiavelo-leones-contra-zorros-1-de-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2026\/07\/28\/guillermo-dorronsoro-el-principe-de-maquiavelo-leones-contra-zorros-1-de-2\/","title":{"rendered":"Guillermo Dorronsoro: \u00abEl Pr\u00edncipe de Maquiavelo: leones contra zorros (1 de 2)\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en El Correo (27\/07\/2026)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Guillermo-Dorronsoro.jpg\" alt=\"Guillermo Dorronsoro\" class=\"wp-image-1110\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Hace ya algunos a\u00f1os tuve la fortuna de asistir a una clase del profesor noruego Steinar Bjartveit, que me dej\u00f3 una imagen que desde entonces me ha acompa\u00f1ado: para gobernar, y tambi\u00e9n para dirigir, hay que aprender a ser a la vez le\u00f3n y zorro.<\/p>\n\n\n\n<p>Steinar hab\u00eda llegado hasta aquella imagen de la mano de Maquiavelo. En <em>El pr\u00edncipe<\/em>, el pensador florentino advert\u00eda que el le\u00f3n posee fuerza suficiente para enfrentarse a los lobos, pero no sabe reconocer las trampas. El zorro, por el contrario, descubre las trampas, aunque carece de fuerza para defenderse de los lobos. Y Steinar conclu\u00eda: quien aspire a dirigir equipos necesita algo de ambos.<\/p>\n\n\n\n<p>El le\u00f3n, la leona, representan el coraje, la decisi\u00f3n y la perseverancia. Es quien protege al equipo cuando llegan tiempos dif\u00edciles, sostiene una convicci\u00f3n frente a la mayor\u00eda y acepta el coste y el desgaste de tomar decisiones que nadie quiere tomar. Sin estas personas, las organizaciones pueden pasar a\u00f1os hablando de transformaciones que nunca comienzan.<\/p>\n\n\n\n<p>Una frase tradicionalmente atribuida a Alejandro Magno sostiene que un ej\u00e9rcito de corderos dirigido por un le\u00f3n puede resultar m\u00e1s temible que un ej\u00e9rcito de leones dirigido por un cordero. La atribuci\u00f3n es incierta, pero la intuici\u00f3n sigue siendo poderosa: un buen liderazgo puede despertar el valor de un grupo, igual que uno malo puede desperdiciarlo por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos siglos despu\u00e9s, Robert Redford recuper\u00f3 esa misma tensi\u00f3n en la magn\u00edfica pel\u00edcula <em>Leones por corderos<\/em>: el contraste entre quienes asumen los riesgos y quienes deciden desde una distancia confortable. Porque no basta con rugir ni con enviar a otros a batirse, para luego echarles la culpa si llega la derrota. El coraje de una persona directiva empieza cuando quien decide acepta las consecuencias de su decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el le\u00f3n tiene un problema: conf\u00eda demasiado en su fuerza. Tiende a avanzar de frente, a elevar la voz y a pensar que cualquier resistencia desaparecer\u00e1 si empuja con suficiente energ\u00eda. No siempre ve las trampas. A veces cae repetidamente en la misma mientras culpa al terreno, a sus adversarios o a la falta de valent\u00eda de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>El zorro posee otras virtudes. Observa antes de actuar, comprende los intereses que se esconden detr\u00e1s de las palabras y sabe que los organigramas explican solo una peque\u00f1a parte de c\u00f3mo funciona realmente una organizaci\u00f3n. Construye alianzas, encuentra caminos laterales y distingue entre lo deseable y lo posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n el zorro tiene su peligro. Puede terminar viendo tantas trampas que ya no se atreva a avanzar, y queda agazapado. Puede convertir la prudencia en c\u00e1lculo permanente y la inteligencia pol\u00edtica en una forma sofisticada de inmovilidad. Comprende perfectamente por qu\u00e9 nada puede hacerse y acaba siendo incapaz de hacer nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 por eso el verdadero problema no sea decidir si somos leones o zorros. El problema es no saber dejar de serlo. Muchos directivos y directivas utilizan una y otra vez la capacidad que les permiti\u00f3 llegar hasta donde est\u00e1n. Quien prosper\u00f3 gracias a su valent\u00eda contin\u00faa embistiendo cuando deber\u00eda escuchar. Quien avanz\u00f3 gracias a su habilidad pol\u00edtica sigue negociando cuando ha llegado el momento de decidir. Convertimos nuestras fortalezas en costumbres y, despu\u00e9s, nuestras costumbres en c\u00e1rceles.<\/p>\n\n\n\n<p>La madurez directiva consiste en reconocer qu\u00e9 animal necesita cada situaci\u00f3n. Hay momentos para rugir, defender una idea y asumir el riesgo de dar un paso al frente. Y hay momentos para observar, comprender, conversar o buscar una puerta que no aparece en los planos.<\/p>\n\n\n\n<p>No necesitamos personas moderadamente valientes y moderadamente astutas. Necesitamos personas capaces de transformarse: leones que aprendan a detectar las trampas y zorros que, cuando llegue el momento, recuerden c\u00f3mo se ruge.<\/p>\n\n\n\n<p>Steinar, como todos los buenos maestros, consigui\u00f3 que aquella imagen sobreviviera muchos a\u00f1os en la memoria de un alumno poco disciplinado como yo (quiz\u00e1 tuviera tambi\u00e9n algo de culpa que nos contara esta historia en el despacho de Maquiavelo en Florencia). En mi vida en las organizaciones he ido encontrando los dos perfiles, y tambi\u00e9n he podido disfrutar del liderazgo de algunas pocas personas que sab\u00edan elegir qu\u00e9 animal sacar en cada momento\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Me ha tocado tambi\u00e9n a m\u00ed elegir. Y aunque he ca\u00eddo en trampas por rugir a destiempo, y a veces he dejado tambi\u00e9n que el zorro se quedase demasiado tiempo escondido, al menos ser consciente de estos errores me ha ayudado a pensar en ello y a corregir el rumbo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 las mejores lecciones sean precisamente esas: las que, mucho despu\u00e9s de terminar la clase, contin\u00faan haci\u00e9ndonos preguntas y ayud\u00e1ndonos a ser mejores profesionales, mejores personas.<\/p>\n\n\n\n<p>El pr\u00f3ximo art\u00edculo os hablar\u00e9 de los consejos que deja en otro cap\u00edtulo para navegar la esquiva fortuna\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Correo (27\/07\/2026) Hace ya algunos a\u00f1os tuve la fortuna de asistir a una clase del profesor noruego Steinar Bjartveit, que me dej\u00f3 una imagen que desde entonces me ha acompa\u00f1ado: para gobernar, y tambi\u00e9n para dirigir, hay que aprender a ser a la vez le\u00f3n y zorro. 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