{"id":9220,"date":"2025-07-03T08:17:59","date_gmt":"2025-07-03T08:17:59","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=9220"},"modified":"2025-07-03T08:18:01","modified_gmt":"2025-07-03T08:18:01","slug":"paco-bree-alucinar-es-humano-y-tambien-artificial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2025\/07\/03\/paco-bree-alucinar-es-humano-y-tambien-artificial\/","title":{"rendered":"Paco Bree: \u00abAlucinar es humano&#8230; \u00bfy tambi\u00e9n artificial?\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en El Espa\u00f1ol (02\/07\/2025)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Paco-Bree.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-235\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<p id=\"paragraph_1\">Un estudio reciente publicado por&nbsp;<strong>Ma\u00ebl Leroyer, Charlotte Bories y Adam M. Grant<\/strong>&nbsp;en&nbsp;<em>Harvard Business Review<\/em>&nbsp;(junio de 2025) revela una paradoja inquietante:&nbsp;<strong>los ejecutivos que utilizaron inteligencia artificial generativa tomaron decisiones peores que quienes no la usaron<\/strong>. Lejos de amplificar su capacidad de an\u00e1lisis, muchos l\u00edderes confiaron ciegamente en sistemas que&nbsp;<strong>no distinguen entre lo verdadero y lo veros\u00edmil<\/strong>. Si una herramienta concebida para ayudarnos a pensar acaba confundiendo m\u00e1s que aclarando, \u00bfqu\u00e9 nos est\u00e1 diciendo eso sobre la forma en que decidimos?<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_2\">La pregunta no es solo t\u00e9cnica, sino tambi\u00e9n filos\u00f3fica, psicol\u00f3gica, biol\u00f3gica y espiritual. Porque&nbsp;<strong>decidir no es solo calcular<\/strong>. Es interpretar, imaginar, arriesgar. Es ejercer una forma profunda de libertad. Y al mismo tiempo, es una actividad que realizamos bajo m\u00faltiples sesgos invisibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grupo de personas increpa a Cerd\u00e1n, a punto de ser trasladado a prisi\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_3\"><strong>La historia humana est\u00e1 tejida por errores de percepci\u00f3n.<\/strong>&nbsp;Desde guerras provocadas por ideas equivocadas hasta crisis econ\u00f3micas amplificadas por exceso de confianza, las decisiones err\u00f3neas no siempre se deben a la falta de informaci\u00f3n, sino a c\u00f3mo la interpretamos. La psicolog\u00eda cognitiva ha identificado m\u00e1s de&nbsp;<strong>180 sesgos cognitivos<\/strong>, muchos de ellos autom\u00e1ticos y persistentes. El&nbsp;<strong>sesgo de confirmaci\u00f3n<\/strong>, la&nbsp;<strong>falacia del coste hundido<\/strong>, el&nbsp;<strong>efecto halo<\/strong>&nbsp;o la&nbsp;<strong>ilusi\u00f3n de control<\/strong>&nbsp;no son patolog\u00edas modernas, sino herencias evolutivas que, en entornos de riesgo, sol\u00edan ayudarnos a sobrevivir. Sin embargo,&nbsp;<strong>en el mundo actual se convierten en trampas del pensamiento<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_4\">A lo largo de la historia, los sesgos han condicionado decisiones trascendentales. Desde la ceguera imperial ante se\u00f1ales de decadencia, como la de&nbsp;<strong>Luis XVI<\/strong>&nbsp;antes de la Revoluci\u00f3n Francesa, hasta errores estrat\u00e9gicos como la invasi\u00f3n de Bah\u00eda de Cochinos, la mente humana ha demostrado ser&nbsp;<strong>brillante en retrospectiva y limitada en tiempo real<\/strong>. Los sesgos cognitivos crecen con la edad, en parte porque cuanto m\u00e1s vivimos, m\u00e1s reforzamos nuestras creencias previas. La neurociencia ha mostrado c\u00f3mo&nbsp;<strong>la dopamina y la oxitocina pueden sesgar la atenci\u00f3n, la memoria y la valoraci\u00f3n de opciones<\/strong>, y c\u00f3mo estructuras como la&nbsp;<strong>am\u00edgdala<\/strong>&nbsp;y el&nbsp;<strong>c\u00f3rtex prefrontal<\/strong>&nbsp;intervienen en juicios cargados de emoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_5\">Pero no solo los humanos alucinamos.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_6\"><strong>La inteligencia artificial tambi\u00e9n alucina<\/strong>. En su caso, alucinaci\u00f3n significa generar informaci\u00f3n falsa con apariencia convincente. Modelos como ChatGPT, Bard o Claude pueden inventar citas, datos o biograf\u00edas, sin intenci\u00f3n de enga\u00f1ar, pero con total confianza en su construcci\u00f3n. Estas&nbsp;<strong>alucinaciones artificiales<\/strong>&nbsp;no son errores espor\u00e1dicos: son consecuencia estructural de c\u00f3mo aprenden los modelos de lenguaje. Son&nbsp;<strong>predicciones de la palabra m\u00e1s probable<\/strong>, no verificaciones de verdad. Y el riesgo se amplifica cuando el usuario proyecta sobre el sistema un nivel de fiabilidad que este no puede garantizar.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_7\">Alucinar, etimol\u00f3gicamente, viene del lat\u00edn&nbsp;<em>alucinari<\/em>, que significa \u00abdivagar en la mente\u00bb. En neurolog\u00eda, se define como&nbsp;<strong>percibir una experiencia sin un est\u00edmulo externo real<\/strong>, como escuchar voces o ver figuras inexistentes. En estados alterados de conciencia \u2014por fiebre, trauma, sustancias o meditaci\u00f3n extrema\u2014 pueden aparecer&nbsp;<strong>im\u00e1genes, intuiciones o s\u00edmbolos<\/strong>&nbsp;que no provienen del entorno, sino de la psique. Desde la antig\u00fcedad, chamanes, m\u00edsticos y artistas han explorado estas visiones, atribuy\u00e9ndoles valor prof\u00e9tico o revelador. Hoy la neurociencia lo estudia como actividad del&nbsp;<strong>cerebro en modo generativo<\/strong>. Sorprendentemente,&nbsp;<strong>los grandes modelos de IA funcionan de manera an\u00e1loga<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_8\">\u00bfPuede entonces la inteligencia artificial ofrecernos visiones valiosas? \u00bfO simplemente reproduce el ruido de nuestros sesgos?<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_9\"><strong>El reto est\u00e1 en discernir.<\/strong>&nbsp;Porque no todo lo que parece cierto lo es, y no todo lo que no entendemos es falso. En este punto, la&nbsp;<strong>filosof\u00eda de la mente<\/strong>, la&nbsp;<strong>teor\u00eda del conocimiento<\/strong>, la&nbsp;<strong>sociolog\u00eda del error<\/strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>epistemolog\u00eda cr\u00edtica<\/strong>&nbsp;nos dan herramientas para distinguir entre intuici\u00f3n v\u00e1lida, sesgo aprendido y alucinaci\u00f3n disfrazada. La mente humana no es una m\u00e1quina perfecta:&nbsp;<strong>procesamos informaci\u00f3n limitada, filtramos la realidad seg\u00fan nuestros mapas internos y proyectamos significados donde no los hay<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_10\">Pero tambi\u00e9n ocurre lo contrario: descubrimos patrones donde otros solo ven caos.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_11\"><strong>Nikola Tesla<\/strong>&nbsp;aseguraba que muchas de sus ideas le llegaban en forma de visiones.&nbsp;<strong>Alan Turing<\/strong>, con su mente prodigiosa, combinaba l\u00f3gica matem\u00e1tica con una capacidad asombrosa para imaginar sistemas a\u00fan no inventados. Ambos anticiparon tecnolog\u00edas que transformaron el mundo. La intuici\u00f3n profunda, cuando se combina con rigor, ha sido fuente de hallazgos revolucionarios. El problema surge cuando sustituimos el rigor por el deslumbramiento.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_12\"><strong>\u00bfC\u00f3mo educar entonces el juicio en la era de la inteligencia artificial?<\/strong>&nbsp;Quiz\u00e1s la clave est\u00e9 en cultivar lo que algunos llaman \u201cpensamiento espacioso\u201d (<em>spacious thinking<\/em>), un t\u00e9rmino desarrollado en otro art\u00edculo reciente de&nbsp;<em>Harvard Business Review<\/em>&nbsp;(2025) por&nbsp;<strong>Liz Fosslien y Mollie West Duffy<\/strong>. Se trata de dar tiempo y aire al pensamiento complejo, evitando la compulsi\u00f3n de decidir r\u00e1pido.&nbsp;<strong>Pensar en amplitud es una forma de resistir tanto el sesgo como la ilusi\u00f3n algor\u00edtmica.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_13\">En el fondo, toda decisi\u00f3n es una apuesta sobre el futuro. Pero si no comprendemos los mecanismos que deforman esa apuesta, tomamos decisiones con la br\u00fajula desviada. En palabras del neurocient\u00edfico&nbsp;<strong>Antonio Damasio<\/strong>,&nbsp;<em>\u201cla emoci\u00f3n es necesaria para la raz\u00f3n\u201d<\/em>. Sin emoci\u00f3n, no decidimos. Sin cuerpo, no entendemos. Sin conciencia, no discernimos. \u00bfC\u00f3mo ense\u00f1ar eso a un modelo estad\u00edstico?<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_14\">La espiritualidad tambi\u00e9n tiene algo que decir aqu\u00ed.&nbsp;<strong>Tradiciones orientales y occidentales coinciden en la necesidad de limpiar la mente para ver con claridad.<\/strong>&nbsp;Desde los ejercicios de discernimiento de&nbsp;<strong>Ignacio de Loyola<\/strong>&nbsp;hasta las pr\u00e1cticas contemplativas del&nbsp;<strong>zen<\/strong>, el acto de decidir se ha visto como una alquimia interna. Como dec\u00eda&nbsp;<strong>Krishnamurti<\/strong>,&nbsp;<em>\u201cobservar sin juicio es la forma m\u00e1s alta de inteligencia\u201d<\/em>. Quiz\u00e1s ese sea el gran diferencial humano:&nbsp;<strong>poder observarnos decidiendo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_15\">Y sin embargo, la historia muestra que no basta con tener conciencia. La presi\u00f3n social, el sesgo de grupo, la autoridad percibida, la falta de tiempo y el miedo a equivocarse siguen empujando decisiones hacia zonas grises. En contextos de alta incertidumbre, como los actuales, aumenta el deseo de respuestas simples. Pero&nbsp;<strong>la simplicidad mal entendida es el mayor riesgo de la inteligencia artificial<\/strong>: su capacidad para sonar convincente, aunque no sea cierta.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_16\">La soluci\u00f3n no es desconfiar de la IA, sino&nbsp;<strong>usar su potencial como espejo, no como or\u00e1culo<\/strong>. Para eso, necesitamos l\u00edderes capaces de hacer preguntas antes de buscar respuestas. Ejecutivos que entiendan el dise\u00f1o de sistemas tanto como la fragilidad humana. Profesionales que reconozcan que&nbsp;<strong>una predicci\u00f3n no es una verdad, sino una hip\u00f3tesis<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_17\">La conclusi\u00f3n es tan inquietante como poderosa:&nbsp;<strong>la \u00fanica forma de navegar un futuro lleno de sesgos y alucinaciones, humanas o artificiales, es ampliar nuestra conciencia<\/strong>. M\u00e1s que controlar la IA, debemos aprender a&nbsp;<strong>controlar nuestra forma de pensar con la IA<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_18\">Y eso requiere otra forma de liderazgo.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_19\">Para los l\u00edderes del siglo XXI, la recomendaci\u00f3n es clara:\u00a0<strong>formarse en sesgos cognitivos, comprender las alucinaciones algor\u00edtmicas y fomentar una cultura organizacional donde la pausa, la humildad y la verificaci\u00f3n sean virtudes estrat\u00e9gicas<\/strong>. La ventaja no estar\u00e1 solo en qui\u00e9n adopte antes la tecnolog\u00eda, sino en\u00a0<strong>qui\u00e9n sepa combinarla con lucidez, juicio y profundidad humana<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Espa\u00f1ol (02\/07\/2025) Un estudio reciente publicado por&nbsp;Ma\u00ebl Leroyer, Charlotte Bories y Adam M. Grant&nbsp;en&nbsp;Harvard Business Review&nbsp;(junio de 2025) revela una paradoja inquietante:&nbsp;los ejecutivos que utilizaron inteligencia artificial generativa tomaron decisiones peores que quienes no la usaron. 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