{"id":9514,"date":"2025-09-03T12:42:23","date_gmt":"2025-09-03T12:42:23","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=9514"},"modified":"2025-09-03T12:42:25","modified_gmt":"2025-09-03T12:42:25","slug":"paco-bree-nos-hace-la-inteligencia-artificial-mas-sabios-o-mas-fragiles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2025\/09\/03\/paco-bree-nos-hace-la-inteligencia-artificial-mas-sabios-o-mas-fragiles\/","title":{"rendered":"Paco Bree: \u00ab\u00bfNos hace la inteligencia artificial m\u00e1s sabios o m\u00e1s fr\u00e1giles?\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p>\ud83d\udccd<strong>Publicado en:<\/strong>\u00a0El Espa\u00f1ol \u2013 Invertia.<br>\ud83d\uddd3\ufe0f\u00a0<strong>Fecha:<\/strong>\u00a027 de agosto de 2025.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Paco-Bree.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-235\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p id=\"paragraph_1\">\u00ab<strong>Nos estamos volviendo menos inteligentes, m\u00e1s cerrados de mente e intelectualmente limitados por la tecnolog\u00eda<\/strong>\u00ab, advert\u00eda Nicholas Carr en una entrevista con BBC Mundo en 2021. Han pasado apenas cuatro a\u00f1os y la pregunta es inevitable:&nbsp;<strong>\u00bfdir\u00eda lo mismo hoy, en plena era de la inteligencia artificial generativa?<\/strong>&nbsp;Desde entonces, la irrupci\u00f3n masiva de chatbots como ChatGPT ha multiplicado tanto el acceso al conocimiento como las dudas sobre sus efectos en la mente. Lo que parec\u00eda una exageraci\u00f3n intelectual se ha convertido en materia cl\u00ednica: hospitales que atienden casos de delirio tras conversaciones con algoritmos, expertos que acu\u00f1an t\u00e9rminos como&nbsp;<em>IA-psicosis<\/em>, universidades que debaten c\u00f3mo frenar el plagio masivo. La cuesti\u00f3n ya no es solo si la tecnolog\u00eda nos distrae, sino si est\u00e1 empezando a moldear de manera irreversible&nbsp;<strong>nuestra atenci\u00f3n, nuestra creatividad y nuestra \u00e9tica.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_2\">La expresi\u00f3n&nbsp;<em>IA-psicosis<\/em>&nbsp;no es todav\u00eda un diagn\u00f3stico m\u00e9dico. Es una etiqueta nacida en redes sociales para describir un patr\u00f3n emergente: personas que, tras pasar horas con sistemas como ChatGPT, Claude o Gemini, comienzan a&nbsp;<strong>perder el sentido de lo real<\/strong>, desarrollan delirios de grandeza, imaginan revelaciones m\u00edsticas o establecen v\u00ednculos rom\u00e1nticos con algoritmos dise\u00f1ados para responder de manera persuasiva. El&nbsp;<em>Washington Post<\/em>&nbsp;document\u00f3 en agosto que psiquiatras de la Universidad de California han tenido que hospitalizar a varios pacientes con s\u00edntomas psic\u00f3ticos despu\u00e9s de un uso intensivo de estas herramientas, mostrando transcripciones de conversaciones que alimentaban teor\u00edas delirantes.&nbsp;<strong>La American Psychological Association ha advertido del riesgo de confundir chatbots con terapia real y ha pedido mayor supervisi\u00f3n a las autoridades reguladoras.<\/strong>&nbsp;Expertos como C. Vaile Wright se\u00f1alan que los incidentes son todav\u00eda anecd\u00f3ticos, pero suficientemente preocupantes como para exigir atenci\u00f3n inmediata. Lo llamativo es la velocidad:&nbsp;<strong>en menos de tres a\u00f1os desde el lanzamiento de ChatGPT, con 700 millones de usuarios semanales, aparecen los primeros casos cl\u00ednicos graves vinculados a su uso.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_3\">M\u00e1s all\u00e1 del drama individual, lo que emerge es una pregunta m\u00e1s profunda sobre el destino de nuestras capacidades cognitivas. La IA generativa no solo produce respuestas; tambi\u00e9n&nbsp;<strong>reconfigura nuestra forma de pensar<\/strong>. Un&nbsp;<strong>estudio del MIT publicado en junio de 2025<\/strong>&nbsp;muestra c\u00f3mo quienes escriben ensayos exclusivamente con apoyo de estas herramientas experimentan un descenso medible en memoria, conectividad cerebral y creatividad, un fen\u00f3meno bautizado como&nbsp;<strong>\u00abdeuda cognitiva\u00bb<\/strong>. La promesa de liberar tiempo y energ\u00eda se convierte en trampa cuando esa liberaci\u00f3n deriva en&nbsp;<strong>atrofia de la atenci\u00f3n<\/strong>, en incapacidad para sostener un pensamiento largo o una idea propia. La neurociencia ya hab\u00eda documentado el fen\u00f3meno de&nbsp;<em>cognitive offloading<\/em>: la tendencia humana a externalizar memoria y razonamiento en dispositivos externos. Lo novedoso es que ahora externalizamos&nbsp;<strong>intuici\u00f3n, estilo, juicio y hasta la chispa creativa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_4\">Esto abre un dilema inquietante:\u00a0<strong>\u00bfla IA nos hace m\u00e1s listos o m\u00e1s tontos?<\/strong>\u00a0La respuesta es ambivalente. Puede expandir la competencia de quienes la usan de manera cr\u00edtica, combinando su capacidad con la propia reflexi\u00f3n, pero tambi\u00e9n puede convertir en incompetentes a quienes la utilizan como muleta exclusiva. Un profesional puede apoyarse en IA para\u00a0<strong>sintetizar informaci\u00f3n compleja<\/strong>\u00a0y as\u00ed tomar decisiones m\u00e1s fundamentadas; otro puede delegar tanto que pierde confianza en su propio juicio. Y esa divergencia est\u00e1 remodelando el tejido de la competencia humana.<a href=\"https:\/\/www.outbrain.com\/what-is\/default\/es\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_5\">Los efectos no se limitan a la memoria o la atenci\u00f3n. Se extienden a la&nbsp;<strong>creatividad<\/strong>, la&nbsp;<strong>seguridad psicol\u00f3gica<\/strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>capacidad de liderazgo<\/strong>. La creatividad, ese acto de conectar puntos distantes para producir algo nuevo, se ve tensionada entre la abundancia de ideas generadas por la m\u00e1quina y la pereza mental que esa abundancia produce.&nbsp;<strong>\u00bfPara qu\u00e9 esforzarse si el algoritmo sugiere decenas de variantes en segundos?<\/strong>&nbsp;Al mismo tiempo, el liderazgo enfrenta un nuevo desaf\u00edo:&nbsp;<strong>guiar equipos en entornos donde las respuestas r\u00e1pidas y brillantes pueden ser obra de un sistema, no de una mente humana.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_6\">Aqu\u00ed entra la dimensi\u00f3n \u00e9tica, quiz\u00e1 la m\u00e1s urgente. La IA facilita un acceso sin precedentes al conocimiento, pero tambi\u00e9n a la trampa. Estudiantes que presentan trabajos escritos \u00edntegramente por algoritmos, investigadores que corren el riesgo de plagiar sin saberlo, escritores que no reconocen la mediaci\u00f3n tecnol\u00f3gica en sus libros, empresas que se apropian de ideas ajenas empaquetadas por una m\u00e1quina. La frontera entre autor y asistente se vuelve difusa, y con ella se erosiona la&nbsp;<strong>cultura del esfuerzo y de la autor\u00eda.<\/strong>&nbsp;En mi propio caso lo veo con claridad: he publicado&nbsp;<strong>seis libros antes de la irrupci\u00f3n de la IA generativa y tres despu\u00e9s<\/strong>, y esa trayectoria me permite entender el valor de estas herramientas.&nbsp;<strong>La m\u00e1quina ayuda, acelera y enriquece procesos<\/strong>, nos permite pensar de manera m\u00e1s hol\u00edstica y detallada al mismo tiempo, pero lo realmente decisivo es mantener un&nbsp;<strong>rol nuclear en la creaci\u00f3n<\/strong>&nbsp;de libros, arte, columnas o c\u00f3digo. Ninguna mente puede acumular todo el conocimiento del mundo, y ah\u00ed la IA resulta invaluable. Pero la diferencia esencial es que la autor\u00eda no consiste en almacenar datos, sino en darles forma, criterio y direcci\u00f3n. Esa sigue siendo, y debe seguir siendo, una tarea humana.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_7\">Porque la escala del desaf\u00edo es abrumadora. Hoy se calcula que la informaci\u00f3n digital acumulada por la humanidad es&nbsp;<strong>millones de veces superior a lo que puede manejar un cerebro individual, una brecha que no mide solo datos, sino tambi\u00e9n velocidad, alcance y memoria colectiva.<\/strong>&nbsp;Esa desproporci\u00f3n explica por qu\u00e9 la IA es tan valiosa como la extensi\u00f3n cognitiva: abre conexiones imposibles para nuestra memoria biol\u00f3gica. Pero confirma tambi\u00e9n que&nbsp;<strong>el valor humano no est\u00e1 en acumular, sino en interpretar, elegir y crear sentido.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_8\">Y, sin embargo, ser\u00eda ingenuo ignorar el otro lado. Nunca antes en la historia hab\u00edamos tenido acceso a&nbsp;<strong>todo el conocimiento acumulado por la humanidad a golpe de click.<\/strong>&nbsp;Lo que antes requer\u00eda a\u00f1os de estudio en bibliotecas, hoy se alcanza en segundos. La pregunta es qu\u00e9 hacemos con esa abundancia.&nbsp;<strong>\u00bfLa usamos para ensanchar la imaginaci\u00f3n, para educar a m\u00e1s personas, para resolver problemas colectivos? \u00bfO la utilizamos para maquillar incompetencia, acelerar publicaciones vac\u00edas y multiplicar el ruido?<\/strong>&nbsp;Es una paradoja fascinante: si las mentes m\u00e1s brillantes de la historia hubiesen tenido esta herramienta, quiz\u00e1 habr\u00edan llegado antes a sus descubrimientos\u2026 o quiz\u00e1 nunca habr\u00edan aprendido a pensar con la intensidad que les dio origen.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_9\">La \u00e9tica aparece aqu\u00ed no como ornamento, sino como&nbsp;<strong>condici\u00f3n de posibilidad.<\/strong>&nbsp;Porque si tenemos tanto conocimiento y, aun as\u00ed, el mundo sigue atrapado en guerras, desigualdades y polarizaci\u00f3n,&nbsp;<strong>algo no est\u00e1 funcionando.<\/strong>&nbsp;Quiz\u00e1 el problema no sea la IA, sino lo que hacemos con ella. La herramienta refleja nuestras intenciones: si buscamos atajos, nos los da; si buscamos profundidad, tambi\u00e9n puede ofrec\u00e9rnosla. Pero requiere una voluntad consciente, un esfuerzo deliberado de discernimiento.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_10\">Algunas instituciones ya intentan responder. La APA insiste en esa preocupaci\u00f3n y reclama regulaci\u00f3n. Universidades en Europa y Estados Unidos discuten&nbsp;<strong>protocolos de transparencia acad\u00e9mica<\/strong>, obligando a declarar si un trabajo se apoya en IA. Empresas como Anthropic o OpenAI introducen salvaguardas t\u00e9cnicas: l\u00edmites de tiempo, recordatorios para hacer pausas, alertas cuando detectan patrones de riesgo. UNESCO insiste en que la&nbsp;<strong>\u00e9tica de la IA debe ser global, inclusiva y vinculante<\/strong>, no un mero ap\u00e9ndice. Pero todo esto apenas roza la superficie. Lo que est\u00e1 en juego no es solo nuestra salud mental o la integridad de un sistema educativo. Es&nbsp;<strong>el modelo de humanidad que estamos construyendo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_11\">La neurociencia ha mostrado que el cerebro es pl\u00e1stico: se adapta, se reorganiza, se expande o se atrofia seg\u00fan los usos.&nbsp;<strong>La IA es, en ese sentido, un espejo amplificador.<\/strong>&nbsp;Si la utilizamos para explorar, comparar, cuestionar, podemos cultivar mentes m\u00e1s abiertas y competentes. Si la usamos para delegar todo esfuerzo, terminaremos atrofiando las mismas capacidades que nos definen como especie. La clave est\u00e1 en c\u00f3mo entrenamos nuestra&nbsp;<strong>atenci\u00f3n, nuestra \u00e9tica y nuestra creatividad<\/strong>&nbsp;en un contexto donde la tentaci\u00f3n de externalizar todo es enorme.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_12\">Quiz\u00e1, entonces, la advertencia de Carr en 2021 se vuelve m\u00e1s urgente: si la tecnolog\u00eda nos est\u00e1 volviendo menos inteligentes, \u00bfser\u00e1 porque hemos elegido usarla de la forma m\u00e1s superficial? La respuesta no vendr\u00e1 de los algoritmos, sino de nuestra capacidad de&nbsp;<strong>mirarnos en ellos sin deslumbrarnos.<\/strong>&nbsp;Porque lo que se juega en esta d\u00e9cada no es solo la competencia econ\u00f3mica o la productividad laboral, sino&nbsp;<strong>la integridad de nuestras sinapsis, el tejido \u00edntimo de la atenci\u00f3n y la memoria, la reserva \u00e9tica que nos permite discernir<\/strong>&nbsp;entre usar un conocimiento y abusar de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_13\">El cierre, pese a todo, puede ser inspirador. Si comprendemos que la IA no piensa por nosotros, sino que&nbsp;<strong>nos obliga a repensarnos<\/strong>, el reto deja de ser defensivo y se convierte en oportunidad. No se trata de prohibir ni de idolatrar, sino de entrenar una&nbsp;<strong>neurocultura<\/strong>&nbsp;que combine plasticidad cerebral y plasticidad \u00e9tica. Una cultura donde el conocimiento a golpe de click no sustituya al esfuerzo, sino que lo potencie; donde la creatividad asistida no borre la voz humana, sino que la amplifique; donde el liderazgo no consista en delegar en sistemas autom\u00e1ticos, sino en decidir con m\u00e1s criterio, empat\u00eda y coraje.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"paragraph_14\">La tecnolog\u00eda no nos har\u00e1 m\u00e1s sabios por s\u00ed sola. Pero puede ser el catalizador que nos obligue a cultivar la\u00a0<strong>sabidur\u00eda con m\u00e1s urgencia.<\/strong>\u00a0En ese espejo digital podemos ver lo peor y lo mejor de nosotros. Y quiz\u00e1 ah\u00ed radique la verdadera oportunidad: en recordar que, aunque los algoritmos calculen,\u00a0<strong>solo los humanos podemos elegir con alma.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\ud83d\udccdPublicado en:\u00a0El Espa\u00f1ol \u2013 Invertia.\ud83d\uddd3\ufe0f\u00a0Fecha:\u00a027 de agosto de 2025. \u00abNos estamos volviendo menos inteligentes, m\u00e1s cerrados de mente e intelectualmente limitados por la tecnolog\u00eda\u00ab, advert\u00eda Nicholas Carr en una entrevista con BBC Mundo en 2021. 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