{"id":9987,"date":"2026-01-27T16:02:36","date_gmt":"2026-01-27T16:02:36","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/?p=9987"},"modified":"2026-01-27T16:02:38","modified_gmt":"2026-01-27T16:02:38","slug":"manfred-nolte-el-discurso-del-senor-carney-en-davos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deusto.es\/viviendodeusto\/2026\/01\/27\/manfred-nolte-el-discurso-del-senor-carney-en-davos\/","title":{"rendered":"Manfred Nolte: \u00abEl discurso del se\u00f1or Carney en Davos\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo publicado en El Economista (27\/01\/26)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"85\" src=\"https:\/\/blogs.deusto.es\/wp-content\/uploads\/sites\/78\/2022\/09\/Manfred-Noltr.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-219\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Profesor de Deusto Business School<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<p>El martes de la semana pasada, en el auditorio principal de Davos, se produjo un silencio que dej\u00f3 de ser protocolo y se convirti\u00f3 en conciencia. Hablaba Mark Carney.<\/p>\n\n\n\n<p>Con anterioridad, el presidente de Estados Unidos hab\u00eda mantenido un largo discurso, en el tono acostumbrado y con los mensajes amenazantes de siempre. Hubo gestos de incomodidad, murmullos, alguna protesta ahogada. Al t\u00e9rmino, sin ovaciones, algo trascendental acababa de ratificarse ante los ojos de una marea de asistentes. El foro que durante d\u00e9cadas hab\u00eda simbolizado la cooperaci\u00f3n, la previsibilidad y el orden compartido se hab\u00eda convertido en el altavoz de una ruptura anunciada entre el garante del sistema y el propio sistema.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Mark Carney subi\u00f3 al estrado no habl\u00f3 como un jefe de gobierno. Habl\u00f3 como alguien que ven\u00eda a poner nombre a lo que todos hab\u00edan sentido y pocos hab\u00edan asumido. \u00abVivimos dentro de una mentira\u00bb, proclam\u00f3. La frase no era ret\u00f3rica. Era quir\u00fargica.<\/p>\n\n\n\n<p>Carney record\u00f3 una an\u00e9cdota relatada por V\u00e1clav Havel. La del tendero que cada ma\u00f1ana colocaba en su escaparate el cartel oficial de \u00ab\u00a1Proletarios del mundo, un\u00edos!\u00bb. No porque creyera su contenido, sino para evitar problemas. La mayor\u00eda tampoco lo cre\u00eda, pero todos lo hac\u00edan. Y ese gesto colectivo sosten\u00eda artificialmente un sistema imposible tras el tel\u00f3n de acero.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante d\u00e9cadas \u2014vino a decir Carney\u2014 los pa\u00edses, las empresas y las instituciones hab\u00edan colocado tambi\u00e9n su cartel en el escaparate: el de un orden internacional basado en reglas. Sab\u00edan que era una ficci\u00f3n parcial. Que las reglas se aplicaban de forma asim\u00e9trica. Que los fuertes se exim\u00edan de ellas cuando les conven\u00eda. Pero la ficci\u00f3n era \u00fatil. Permit\u00eda prosperar. Permit\u00eda hablar de valores bajo la protecci\u00f3n de una hegemon\u00eda que garantizaba bienes p\u00fablicos globales. Ese pacto hab\u00eda terminado.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante d\u00e9cadas se nos hab\u00eda ense\u00f1ado que la interdependencia comercial convert\u00eda la guerra en improbable y que la integraci\u00f3n financiera disciplinaba a los Estados. Carney estaba denunciando que ese supuesto hab\u00eda dejado de ser cierto. Que la interdependencia ya no protege: expone. Que las cadenas de suministro ya no conectan: subordinan. Y que la integraci\u00f3n econ\u00f3mica, lejos de ser garant\u00eda de estabilidad, se hab\u00eda convertido en un instrumento de coerci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Las grandes potencias ya no disimulan. Usan los aranceles como palanca, las finanzas como presi\u00f3n y las cadenas de suministro como arma estrat\u00e9gica. La integraci\u00f3n econ\u00f3mica, que deb\u00eda proteger a todos, se hab\u00eda convertido paulatinamente en el mecanismo que permite condicionar a los m\u00e1s vulnerables.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en ese punto, Carney pronunci\u00f3 lo que en Davos son\u00f3 como una herej\u00eda liberadora: ha llegado el momento de retirar el cartel del escaparate. El viejo orden no va a volver. Y la nostalgia no es una estrategia.<\/p>\n\n\n\n<p>Carney no apel\u00f3 al multilateralismo cl\u00e1sico, debilitado y exhausto. Tampoco propuso levantar murallas nacionales. Introdujo una categor\u00eda nueva: el protagonismo aut\u00f3nomo de las potencias medias. Hasta ahora, el mundo se explicaba en t\u00e9rminos de grandes potencias y pa\u00edses sat\u00e9lite. Carney romp\u00eda ese esquema. Afirmaba que existe un tercer espacio formado por Estados que no pueden imponer, pero que tampoco est\u00e1n dispuestos a someterse. Y que, actuando coordinadamente, pueden generar un equilibrio nuevo en un mundo que ya no se rige por reglas compartidas.<\/p>\n\n\n\n<p>A eso lo llam\u00f3 \u00abrealismo basado en valores\u00bb. Realismo, porque el mundo ya no funciona como se dec\u00eda que funcionaba. Basado en valores, porque sin ellos la adaptaci\u00f3n se convierte en pura sumisi\u00f3n. \u00abSi no estamos en la mesa, estamos en el men\u00fa\u00bb. La frase reson\u00f3 en la sala con el mensaje agridulce de la s\u00e1tira, como un principio estrat\u00e9gico y moral al mismo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el verdadero alcance del discurso iba a\u00fan m\u00e1s lejos. Si la integraci\u00f3n econ\u00f3mica puede ser utilizada como arma, entonces la autonom\u00eda estrat\u00e9gica deja de ser una consigna pol\u00edtica para convertirse en una necesidad econ\u00f3mica. Energ\u00eda, minerales cr\u00edticos, defensa industrial, tecnolog\u00eda y cadenas de suministro pasan a ser elementos de soberan\u00eda. No por nacionalismo, sino por supervivencia en un entorno donde las normas ya no protegen. Es, en t\u00e9rminos intelectuales, el fin de la globalizaci\u00f3n ingenua.<\/p>\n\n\n\n<p>Un mundo de fortalezas ser\u00e1 m\u00e1s pobre y m\u00e1s fr\u00e1gil, advirti\u00f3. Pero un mundo donde las potencias medias dejan de competir por agradar al hegem\u00f3n y empiezan a cooperar entre s\u00ed puede ser, parad\u00f3jicamente, m\u00e1s estable que el que acabamos de perder. \u00abLos poderosos tienen su poder. Nosotros tenemos la capacidad de dejar de fingir\u00bb. En esa frase se concentra el legado del discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>Davos ha sido durante d\u00e9cadas el lugar donde se celebraba la ficci\u00f3n \u00fatil de un orden compartido. Este a\u00f1o, por primera vez, ha sido el lugar donde un gran estadista y un visionario ha explicado por qu\u00e9 esa ficci\u00f3n ya no puede sostenerse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Economista (27\/01\/26) El martes de la semana pasada, en el auditorio principal de Davos, se produjo un silencio que dej\u00f3 de ser protocolo y se convirti\u00f3 en conciencia. Hablaba Mark Carney. 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