Siempre tenemos la opción de elegir.

A veces nos parece que no, pero siempre hay opción, no tengas ninguna duda. Siempre podemos tomar un camino diferente a la ruta marcada. Está claro que no podemos elegir la realidad, existe y es única, pero siempre podemos elegir nuestra forma de mirarla.

Lo explicaba Nesta, la agencia que promueve la innovación en UK, cuando decía hace unas semanas que además del Plan A (Austeridad), o el Plan B (Estímulos a la actividad económica), UK podía elegir el Plan I. Un Plan con 12 recomendaciones, todas ellas viables, aunque diferentes de la lógica dominante (por cierto, casi todas ellas centradas en el universo de la Educación y en el de la Ciencia, Tecnología e Innovación).

Lo explican también los jóvenes de McKinsey, que acaban de descubrir tres cosas (gracias por el link, Pilar):

There’s mom. There’s apple pie. And there’s small business.

Acaban de descubrir que las PYMES son esenciales para recuperar el empleo en USA, y que hay que cuidarlas un poquito más. Se me han saltado las lágrimas (supongo que a sus madres también). Cualquier día descubren que las empresas sirven para algo más que para retribuir a los accionistas…

Porque esa es la opción invisible que tenemos delante, que nos sacará de esta crisis, y que no acabamos de ver. Así que hazme el favor de parar un poco, y pensarme la respuesta a esta pregunta: ¿Para qué creamos las empresas?

Ya sé que te habrán enseñado que las empresas las crean los accionistas, para obtener un retorno económico a cambio del capital que aportan en su creación. Y si no te lo han enseñado, lo habrás descubierto cuando llegas a la empresa y ves que todas las decisiones acaban en la última línea de la cuenta de resultados. Sin beneficio, no hay empresa. Es lo que creían los que impulsaron la última reforma laboral, o los que están decidiendo los últimos EREs…

No tenemos opción ¿verdad? Porque las empresas son para que los accionistas ganen dinero ¿verdad?

Las personas dedicamos gustosamente nuestra vida a que los accionistas ganen dinero, nos hace ilusión, es la emoción que nos hace levantarnos cada mañana y trabajar. Es la herencia que queremos dejar a nuestros hijas e hijos: dad sentido a vuestra vida, trabajad para que los accionistas puedan obtener un retorno a su inversión…

Igual te parece que la pregunta que te estoy haciendo es una pérdida de tiempo. Que esta conversación no es relevante, y que efectivamente no hay opción. Vuelve entonces a tu empresa, y a la economía y a nuestra sociedad, que van todas ellas muy bien y tiene pinta que a mejor. Sigue con ello, no quiero distraerte.

Igual esta pregunta te hace pensar. Es difícil, porque todas las leyes y todas las instituciones y todos los mercados están construidos en gran medida sobre esta base tan sencilla: “Las empresas son para ganar dinero”. E imaginarse una sociedad y una economía construida sobre otras bases no es sencillo ¿verdad?

Por eso necesitamos gestores humanistas. Como los que construyeron el Renacimiento. También de los otros, que hasta que reinventemos la economía tenemos que seguir comiendo ; )

Es mi sueño que tú y yo nos levantemos por la mañana y nos hagamos mientras desayunamos esa pregunta tan sencilla ¿para qué? Con eso, ya estaríamos empezando a salir de esta crisis, estoy seguro.

Te dejo con un vídeo de Killian Jornet (ya sabes que lo que realmente me gusta es correr por el monte, así que este joven es mi héroe). Me ha gustado leer en su página web que su libro favorito es “El Principito”, y también las frases que le inspiran. Y fíjate en el vídeo lo que responde cuando le preguntan para qué corre:

Cuando compites, una victoria te da una emoción, pero esta emoción no es más grande que la emoción que sientes cuando estás aquí y se pone el sol o cuando estás corriendo solo y ves un animal, cuando estás con los amigos entrenando… al final todo son emociones y la vida, el hombre, vive de emociones, no de curriculum.


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