Voy cruzando el ecuador de esta serie, cuando me ha regañado el osoastur. Con el cariño con el que siempre escribe, es una delicia leer los posts de este joven renacentista, pero el tirón de orejas ha sido serio.

Me viene a recordar que están muy bien todos estos trucos para navegar el devenir profesional, pero que lo primero quizá sea no olvidar que somos personas, y nuestra vida es mucho más que lo que hacemos en esto que llamamos la vida profesional. Touché.

He agradecido mucho el recordatorio, que a veces le acabamos dando a la profesión más importancia de la que tiene, y entonces perdemos la perspectiva, y nos empezamos a ir al garete (que es cuando los barcos quedan a la deriva sin poder elegir el rumbo que quieren seguir, y ni siquiera pueden echar el ancla para fijar su posición). Es un viaje que he visto hacer a algunas personas, y en alguna ocasión cuando me miro al espejo me pregunto si no andaré yo también en ese camino.

Porque a veces ponemos tanta intensidad en nuestros proyectos profesionales, o a buscarlos cuando no los tenemos, que esa misma fuerza nos arrastra, nos hace perder el rumbo. Eso les pasa también a los barcos cuando navegan: una vez que sales del puerto, una cosa es la ruta que trazas sobre el mapa, y otra muy distinta la que la mar te deja dibujar sobre las olas. Esa segunda trayectoria, la que de verdad haces, es lo que en términos náuticos se llama la derrota.

Por eso los capitanes siempre necesitaban a su lado al oficial de derrota. Es el que les avisaba de los peligros del mar, el que era capaz de calcular la desviación de la nave, y corregirla. Cartas náuticas, astrolabios, sextantes, el sol y las estrellas eran sus herramientas… Claro que ahora con el GPS y los satélites hemos perdido la noción de la importacia de llevar a bordo un buen oficial de derrota.

Frank Worsley, calculando la derrota del Endurance. Shackleton eligió bien a su oficial…

Por eso he agradecido el post del osoastur, y te dejo esta semana este consejo que probablemente debiera haber sido el primero: ten siempre a tu lado un buen oficial de derrota. Esas personas que no nos valoran por nuestros éxitos o fracasos profesionales, sino por ser nosotros. Que nos recuerdan lo que buscábamos cuando empezamos este viaje, que nos ayudan a corregir el rumbo. Están en tu familia, en tu cuadrilla, una amiga, un amigo. O igual aparecen de repente en tu vida, con un sextante en la mano. Hazme caso, y no te dejes engañar por los modernos GPSs: mucho mejor un buen oficial de derrota.

Además, cuando lleguen las otras “derrotas” (no las náuticas, sino los revolcones que nos da el devenir profesional, ya hemos hablado de ello) y el resto de “oficiales” abandonen el puente, le reconocerás porque el oficial de derrota se sentará a tu lado, y con paciencia te volverá a enseñar que aunque la mar siempre es traidora, por fortuna, el sol y las estrellas no. No las pierdas de vista.

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