Aprender a cuidarse: autocompasión
<div><a href="https://3.bp.blogspot.com/-4t2CCVb5fGo/WQBx5Jl0qeI/AAAAAAAAI5U/OkFOOya7oHwQJqqYZJ8TxAQNgEoV002lACLcB/s1600/Compasion%2B3.jpg" imageanchor="1"><img border="0" height="300" src="https://3.bp.blogspot.com/-4t2CCVb5fGo/WQBx5Jl0qeI/AAAAAAAAI5U/OkFOOya7oHwQJqqYZJ8TxAQNgEoV002lACLcB/s400/Compasion%2B3.jpg" width="400"></a></div><div><br></div><blockquote>“Desde el mismo momento en que nacemos, estamos bajo el cuidado y bondad de nuestros padres. Luego, al final de la vida, cuando estamos enfermos y viejos, también dependemos de la bondad de otros. ¿Por qué, entonces, en el medio descuidamos la bondad hacia los demás?”<br><span>“El Dalai Lama responde” en <i>Los Maestros del Sendero: De Buda y Jesús a nuestros días</i>. Wolpi, Samuel (1995). Buenos Aires: Kier, p. 187.</span></blockquote><div><p></p></div><div><p></p></div><div><br></div><div>Tengo una buena amiga que suele repetir que <b>“nada es casual, todo es causal”</b>... Estoy realizando un curso de formación interna en la Universidad de Deusto impartido por <a href="https://es.linkedin.com/in/leticia-linares-9602a9122" target="_blank">LeticiaLinares</a> y que lleva por título: “Taller de entrenamiento en Atención Plena”. Ayer fue la séptima y penúltima sesión, bajo el lema “Aprender a cuidarse”. <p></p></div><div><br></div><div>Hace una semana me dio un fortísimo ataque de lumbago que me tiene bastante limitada, así como sensible e irritable. La sesión de ayer me vino como anillo al dedo. Me ha quedado muy muy clara la lección. <p></p></div><div><br></div><div>Aprendemos a cuidarnos dejándonos cuidar. Una lección que no siempre tenemos bien aprendida es la de la autocompasión, como nos ha dicho Leticia: auto-con-pasión. Dedicarnos tiempo y cuidados con pasión, como lo hacemos con otras personas. Hace un tiempo escribí una entrada sobre este elevado sentimiento, <a href="http://www.blogseitb.com/inteligenciaemocional/2015/02/02/compasion-empatia-en-accion/" target="_blank">Compasión:empatía en acción</a>, que va más allá de acercarnos al dolor del otro, supone movimiento y compromiso. <p></p></div><div><br></div><div>Hicimos una meditación larga muy sugerente que a mí me movió mucho y me hizo conectar conmigo y con otras personas. Voy a reproducir aquí los pasos que fuimos dado. <p></p></div><div><b><br></b></div><div><b>Fue una meditación que iba centrándose en distintos personajes</b>, a los que cada uno pusimos nombres concretos antes de empezar:</div><div></div><ul><li><b><i>Uno mismo</i></b>. Lo primero que hicimos fue vernos a nosotros mismos, sentados, de frente y tomando cierta distancia.</li><li><b><i>Un benefactor</i></b>: una persona, ser, lugar… que despierta un especial afecto y acompañamiento, que te hace sonreír y sentirte bien. </li><li><b><i>Un amigo</i></b>, alguien que te inspira confianza y sentimientos positivos.</li><li><b><i>Una persona difícil</i></b>, alguien que te genera sentimientos negativos. Ante esta persona difícil, que quizá es a la que más nos puede costar mirar de frente, es bueno pensar lo siguiente: esta persona está, igual que tú, buscando su lugar en la vida y en esos movimientos te causa dolor.</li><li><b><i>Una persona neutra</i></b>.</li><li><b><i>Un grupo</i></b> (o conjunto) de personas.</li></ul><br><div><b>La consigna para toda la meditación fue que era como sentarnos con un amigo</b>. Igual no podemos curarle ni quitarle su dolor, pero le podemos acompañar. Con cada personaje empezábamos sentándonos frente a él/ella, observándole y observando qué sentimientos nos producía. A cada uno le decíamos: <b>“Igual que yo quiero ser feliz y estar en paz, tú también buscas la paz interior”</b>. Después, durante un rato, repetíamos (sintiendo lo que decíamos) las siguientes frases:</div><div></div><ul><li>“Que no te pase nada malo”.</li><li>“Que tú seas feliz”.</li><li>“Que tú tengas salud”.</li><li>“Que te vaya bien en la vida”.</li></ul><br><div><p></p></div><div><p></p></div><div>Si en algún momento nos despistábamos o nos ‘alejábamos’ de la persona poníamos la mano en nuestro corazón para reconectar con la bondad en nosotros o nos repetíamos a nosotros mismos las frases. Antes de pasar al siguiente personaje, en las transiciones repetíamos:<span> </span></div><div></div><ul><li>“Que yo y todos los seres nos libremos del mal”.</li><li>“Que yo y todos los seres seamos felices”.</li><li>“Que yo y todos los seres tengamos salud”.</li><li>“Que a mí y todos los seres nos vaya bien en la vida”.</li></ul>Lo que más me movió fue sentarme frente a mi benefactor, que murió hace más de veinte años pero que sentí muy presente; y ante el grupo, que ha ido creciendo con caras y nombres. Viví una profunda paz y un desbordante agradecimiento. Me he sentí muy querida y muy acompañada.<br><div><p></p></div><div> </div><div><b><br></b></div><div><b>“Compasión. Es la verdadera comunicación. Dar es la mejor forma de comunicarse”</b>.<p></p></div><br><div><br></div><br>