Para qué te metes.

Quedan poco más de dos semanas para alcanzar un nuevo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Un día de unión global en el que reivindicamos la igualdad real de género, los derechos laborales y sociales, y en el que se visibiliza la lucha contra la violencia machista.

Por si quedara alguna duda (yo no la tengo, gracias), me asomo un día más a la portada de El País y me abochorno al corroborar cómo los abusos de poder, las agresiones sexuales y las violaciones, siguen a la orden del día:

  • (1) Por la detención del ex-príncipe Andrés por sus vínculos con el pederasta Epstein.
  • (2) Por la denuncia al jefe de la Policía Nacional. Porque su círculo (3) pudo tapar la violación. Porque la identidad de la denunciante (4) se ha desvelado en los chats policiales, lo que ya provoca una mayor ansiedad y la re-victimización de la mujer denunciante.
  • (5) Por los ataques a izquierda y derecha por ocultar o minimizar las denuncias interpuestas en distintos ayuntamientos o en círculos cercanos al presidente del Gobierno.
  • (6) Por el «tufo machista» de quienes, sin embargo, deben apoyarte para que puedas gobernar.

Es la portada de hoy. No he tenido que hacer mucho scroll. Que se visibilice la violencia genera a su vez un efecto péndulo y hay quienes cuestionan la veracidad, justifican dicha violencia o minimizan la necesidad de continuar trabajando por la igualdad.

Pareciera que hoy lo contracultural es negar la mayor; normalizar la misoginia y esa masculinidad tóxica de la que muchos huímos (nos han educado para huír). Pero, ojo, no son los jóvenes, no son grupúsculos en redes sociales… va más allá y debemos estar atentas para un retroceso a todos los niveles. Llámelo Trump, llámelo VOX, llámelo meritocracia, llámelo empresas que dejan de mojarse por la diversidad cuando no retorna un EBITDA positivo.

Desde aquí reconocemos nuestras incoherencias, los errores que cometo y comentemos. Llevamos años intentando ponernos las gafas moradas para, al menos, volver a cuestionarnos, hacernos preguntas incómodas, reflexionar sobre nuestro papel en las organizaciones, en las familias, en la iglesia, en cómo educamos a nuestros hijos (chicos los dos, en mi caso). El feminismo es complejidad, es desarrollo personal, es justicia y es profundidad de miras.

No sé para qué me lío.

No sé para qué reviso la prensa.

No qué para qué me meto.

Bueno… Sí lo sé. Está más vigente que nunca.

Foto de Markus Spiske en Unsplash

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