¿Cómo deben navegar las organizaciones en un mundo donde la única constante es la inestabilidad? El pasado jueves 23 de abril, el Centro de Ética Aplicada (CEA) de la Universidad de Deusto, junto a Deusto Business Alumni y la Fundación Bancaria BBK, celebró en Bilbao las IX Jornadas de Ética. Bajo un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y una transformación tecnológica sin precedentes, el encuentro se convirtió en un espacio vital para repensar el papel de la empresa como actor ético y político.
Anticipación frente al «apagafuegos»
La jornada comenzó con una premisa clara lanzada por Antón Azlor, presidente de Deusto Business Alumni: la gestión empresarial actual no puede limitarse a la reacción inmediata. En un momento histórico extraordinario, la estrategia debe ser preventiva y de largo plazo. Esta visión conecta directamente con la misión del CEA: integrar la ética no como un parche ante las crisis, sino como la brújula que permite sostener el orden institucional y organizacional en tiempos de zozobra.
Diagnóstico de un mundo en reconfiguración
La conferencia principal de Carme Colomina (CIDOB) ofreció una radiografía cruda pero necesaria de la realidad global. Nos encontramos ante una «gobernanza debilitada» y una disputa feroz por el control tecnológico. Colomina introdujo un concepto que resuena profundamente en el ámbito de la ética aplicada: la «fatiga de la verdad». La desinformación y la dificultad para verificar la realidad están erosionando la confianza, un activo esencial para el funcionamiento de los mercados y las democracias.
Ante este declive de la hegemonía tradicional, Colomina y nuestro director, Javier Martínez Contreras, dialogaron sobre la urgencia de redescubrir el multilateralismo. En un proceso de «deconstrucción» del orden global, la ética surge como el lenguaje común necesario para construir nuevos consensos.
Diplomacia empresarial: más allá del beneficio
Uno de los puntos más innovadores de la jornada fue el debate sobre la diplomacia corporativa. En la mesa redonda moderada por Martínez Contreras, se exploró cómo las empresas ya no son meros agentes económicos, sino actores geopolíticos.
- Begoña Díaz González (Iberdrola) subrayó que el éxito en mercados internacionales depende de la capacidad de la empresa para generar confianza y adaptarse a la cultura y fiscalidad local con una visión de largo plazo.
- Ander Caballero (Gobierno Vasco) fue un paso más allá al proponer que «las herramientas de la diplomacia deben formar parte de la gestión empresarial y de sus consejos de administración».
- Sergio Caballero (Universidad de Deusto) recordó que en un mundo volátil, la «previsibilidad y la estabilidad» se han convertido en bienes escasos de alto valor estratégico.
El retorno a los valores como puerto seguro
La conclusión de las jornadas dejó una reflexión optimista pero exigente. A pesar de que la inversión pueda ralentizarse por los costes de las materias primas o el «caos» informativo, la ética permanece como la base de la credibilidad.
Para el Centro de Ética Aplicada, este encuentro reafirma que la tormenta actual desembocará en un nuevo orden. El reto para las empresas y territorios no es solo sobrevivir al desasosiego, sino ser arquitectos de ese nuevo equilibrio, recuperando los valores fundamentales y la responsabilidad hacia todos sus grupos de interés (stakeholders).
Como se destacó en el cierre de la jornada, en un mundo incierto, la empresa no solo debe adaptarse: debe liderar desde la ética y la diplomacia para contribuir a una sociedad más justa y estable.



