Artículo publicado en The Conversation (28/01/2026)

En los últimos tiempos estamos volviendo a un ambiente internacional de confrontación geopolítica y económica. Junto con el temor a los conflictos bélicos, asistimos a la vuelta a tensiones proteccionistas que parecían cosa del pasado.
¿Es natural y sano que cada uno defienda lo suyo frente a sus rivales? En economía, ¿debe una región o una empresa luchar contra la competencia hasta eliminarla? ¿Puede la confrontación ser una fuente de autodesarrollo? ¿Qué podemos aprender de un contexto de confrontación constante como el boxeo?
La competencia es el pilar de la economía de mercado
En economía, la competencia se considera un pilar fundamental para el buen funcionamiento de los mercados y el crecimiento a largo plazo: incentiva la eficiencia global del sistema, conduce a un mejor uso de los recursos, a la innovación y al progreso tecnológico.
Las empresas, para conseguir atraer a los clientes, deben realizar mejoras continuas en la oferta. Eso incluye adaptaciones a los diferentes segmentos y ofertas con condiciones más ajustadas. Como resultado, mejora el bienestar de los consumidores y el crecimiento económico.
Por esa razón, la competencia debe protegerse a través de normas, procedimientos e instituciones (como las autoridades de defensa de la competencia existentes a nivel europeo, estatal y autonómico).
Competencia y empresa
En las memorias de sostenibilidad de las empresas también se considera a la competencia como uno de los stakeholders o partícipes sociales. Sin embargo, los criterios de la relación con este grupo están poco desarrollados.
En la lógica empresarial domina la confrontación. Tiene sentido, dado que la base de la competencia es el enfrentamiento en los mercados, la rivalidad, la lucha. Además, la estrategia empresarial está repleta de lenguaje bélico: guerras comerciales, estrategias defensivas y ofensivas, dominio del mercado, poder de negociación, tomado de los tratados de estrategia militar, como el clásico El arte de la guerra, de Sun Tzu.
Las empresas, siguiendo esa lógica de rivalidad, tratan de destruir a sus competidores y adquirir posiciones dominantes. Por su parte, las autoridades públicas deben poner freno a estas prácticas, limitando la excesiva concentración en los mercados y evitando así los posibles abusos de poder.
Respetar al rival merece la pena
Ahora, hagamos un paralelismo entre la competencia entre empresas y el boxeo. Desde el punto de vista psicológico, se han identificado capacidades transformativas de los elementos involucrados en el combate. Como en la economía, un reto desafiante hace crecer significativamente los niveles de motivación, resiliencia y autoexigencia.
La fuerza emocional generada por el desafío es un punto crítico de ajuste: puede facilitar el autoconocimiento o generar una experiencia destructiva. En su mejor expresión, la tensión competitiva obliga a reconocer los límites y a reorganizar, con más consciencia y equilibrio, los recursos propios y la acción.
Algo similar ocurre en la empresa. La comparación con competidores de referencia se convierte en la base de un proceso de mejora continua que propicia el crecimiento de la organización.
Para que surjan oportunidades hay que sembrar
En el deporte y en la empresa, el respeto y reconocimiento mutuo abonan el campo de la colaboración y el crecimiento compartido. Aunque en un principio no parezcan los socios idóneos, también son posibles las alianzas entre competidores. Lógicamente son más sencillas cuando la competencia no es directa y se pueden aprovechar las complementariedades entre los colaboradores.
Esto ocurre cuando los competidores están especializados en segmentos de actividad diferentes o tienen fuertes capacidades en zonas geográficas diversas, sean de distribución o acceso a autorizaciones.
Las farmacéuticas o las empresas cerveceras intercambian habitualmente licencias y marcas. De esa manera pueden acceder, con menor inversión y riesgo, a negocios que quedarían fuera de su alcance.
También en el deporte el respeto en la confrontación directa puede abonar el campo para nuevas oportunidades. Es el caso de los boxeadores Marco Antonio Barrera y Erik Morales. Durante años protagonizaron una rivalidad épica que, además de forjarlos como leyendas, los hizo reconocerse mutuamente. Años después, dirigen juntos uno de los pódcast en español más exitosos sobre boxeo. Juntos han demostrado que la competencia puede dar pie no solo al rendimiento sino también al crecimiento en distintos ámbitos.
Coopetir: colaborar y competir a la vez
El término coopetición, acuñado en 1996 por los profesores e investigadores Adam Brandenburger y Barry Nalebuff, combina cooperación y competencia, y consiste, básicamente, en la colaboración estratégica entre empresas que, al mismo tiempo, compiten en otros ámbitos del mercado. Las empresas pueden colaborar con rivales para alcanzar objetivos que ninguna podría lograr por sí sola. Pueden acceder a tecnologías, compartir costos o ampliar mercados.
Aunque tradicionalmente las empresas consideran que la competencia es incompatible con la cooperación, en la práctica esto es cada vez más común y una acción estratégica en diversos sectores. Grandes rivales, como Apple y Samsung en el suministro de componentes, o DHL y UPS compartiendo capacidades logísticas, han protagonizado grandes acuerdos cooperativos.
Un beneficio para todos
La competencia respetuosa favorece a todos. A nivel colectivo, actúa como un mecanismo dinamizador de la economía, promoviendo la eficiencia, la innovación y el bienestar social. Individualmente, incentiva la mejora y crecimiento de los propios competidores. Y, por último, hace posible que surjan oportunidades de colaboración que no podrían generarse en entornos empresariales hostiles.
En definitiva, la competición debe venir acompañada de respeto. Y el respeto es contrario a la destrucción. De esta manera, además de mejorar el funcionamiento de los mercados, se abrirán más oportunidades para las empresas, más allá del puro incentivo de ganar a sus competidores.
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