Ve la medida «necesaria» y dice que supone «un paso enorme», pero «aún no hay consenso sobre un sistema de verificación eficaz» que permita ese control sin ser intrusivo.

Entrevista publicada en El Diario Vasco (05/02/2026) | SAN SEBASTIÁN | Patricia Rodríguez.
La medida anunciada por parte del Gobierno de restringir el acceso a redes sociales a menores de 16 años tiene una finalidad clara, pero plantea «muchas dudas» sobre su aplicación práctica, tal y como afirma Estela Brión, experta en tratamiento de datos, profesora en la Universidad de Deusto y autora del libro Protección de datos personales, redes sociales y menores de edad. ¿Cómo se va a controlar el acceso? La clave está en los sistemas de verificación de la edad.
— ¿Qué le parece que se vaya a prohibir el acceso a menores de 16 años a redes sociales?
— Es un paso enorme y la medida promete. Me parece que era necesaria desde hace tiempo, pero honestamente, dudo de su posible implementación a día de hoy.
— ¿Por qué?
— Para prohibir eficazmente hay otras medidas que se han tenido que implantar y garantizar antes y en esa parte estamos mucho más verdes. Hablo de que no existe un consenso sobre un sistema eficaz de verificación de edad, no tanto desde el punto de vista técnico, de eficacia, sino desde el de la privacidad y la protección de datos.
— Explíquese.
— Hay plataformas que han puesto medidas, como el reconocimiento facial o la foto del DNI; la banca también tiene este tipo de medidas como la lectura biométrica para abrir una cuenta… Esos sistemas existen. Pero desde el punto de vista de protección de datos, son sistemas que se han señalado como intrusivos. Ahí tenemos un problema: hay que decidirse sobre un sistema de verificación robusto, que funcione, pero no seguir con la eterna discusión de “este sistema no, este tampoco”, porque al final los años pasan y no estamos protegiendo eficazmente a esos menores. Al final no hay un criterio uniforme legal que diga “todos a una con este sistema”, ya que cada uno desarrolla como cree oportuno.
— ¿Hay verificadores efectivos?
— Desde el punto de vista técnico, sí, y más ahora con sistemas de IA. Desde hace años la industria puede detectar con un grado de precisión muy elevado y de una manera bastante certera la edad del usuario, sin pedirle incluso la documentación oficial. Hay muchas posibilidades. Los interrogantes se presentan con la privacidad, con lo intrusivo que sea el sistema para la finalidad que tiene, que es verificar la edad. El reto es encontrar el equilibrio.
Hace dos años el Gobierno presentó la cartera digital beta, una prueba piloto, para evitar que los menores consuman contenido nocivo. Se trata de una aplicación que, desde el anonimato, va a emitir un certificado de si el menor puede acceder o no a un determinado servicio, pero sin desvelar ni su edad ni su identidad.
La cartera digital beta puede ser interesante porque la red social no llega a acceder a esos datos, simplemente sabe si esa persona puede acceder o no. Y toda esa información queda bajo custodia de una aplicación que es del Gobierno. El punto negativo es que tienes que obligar a toda la ciudadanía a que se lo saque para acreditar el acceso. Y otro punto en contra es que también es un sistema eludible.
— ¿Cualquiera con un mínimo de habilidad podría sortearlo?
— Todos los sistemas en un punto u otro se pueden eludir, pero unos con más facilidad que otros. No obstante, ya no es tan sencillo como mentir sobre tu edad, donde no hay ningún tipo de control. En muchas redes sociales es suficiente con un sistema de autodeclaración, esto es, el propio menor tiene que introducir una fecha. Este es el peor de todos porque es muy fácil de sortear. Hay que decidirse por algunos sistemas, porque hablamos de proteger el interés superior del menor.
— ¿Y cuál sería a su juicio un buen sistema de verificación?
— Todos tienen su parte buena y su parte mala y no me atrevería a decir uno. Por ejemplo, con la IA, si dejamos al operador privado que haga la comprobación a través de distintos algoritmos va a ser muy preciso, pero también va a conseguir información muy valiosa que no sabemos si después la va a utilizar para otras cosas.
— Luego cuanto más efectivo es a nivel técnico, más datos necesita.
— Sí, siempre es proporcional. Cuanta más información puedan tratar los algoritmos, será más preciso, pero también más intrusivo.
— ¿Cómo lo controlará Australia?
— No lo sé. Como estén como nosotros, no hay forma aún de garantizarlo. Es necesario destinar investigación, trabajar de la mano con programadores, juristas…
— ¿Estamos muy “verdes”?
— Sí, y hemos visto que es un reto desde el punto de vista, quizás no tanto técnico, sino técnico-jurídico. El reglamento europeo de protección de datos ya exigía verificar la edad desde 2018. Estamos en 2026 y seguimos a vueltas sin un sistema de verificación eficaz.
— ¿Quién es el responsable del control de esos datos?
— Si pone el sistema el proveedor, él es el responsable. Y hemos visto que no siempre tratan con fines muy éticos. La IA es muy precisa pero tiene un riesgo. Si vamos a dejar a un operador privado tratar ese volumen de información, luego tenemos que confiar en que lo hagan solo con el fin de verificar la edad y eso probablemente no va a ocurrir. Entiendo los recelos por parte de los gobiernos de no dejar en manos de sus algoritmos verificar algo tan sensible. La gente ni se imagina el volumen de datos que recaban.
CRÍTICAS DESDE LAS PLATAFORMAS
Telegram acusa a Sánchez de buscar «el control total»
A Pavel Durov (San Petersburgo, 41 años), también conocido como el Zuckerberg ruso, no le han gustado nada las medidas legislativas anunciadas por Pedro Sánchez con las que quiere hacer frente al «Salvaje Oeste digital» y prohibir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales.
Durov, fundador de la plataforma de mensajería instantánea Telegram, ha arremetido con dureza contra estas medidas y acusa al presidente español de «impulsar regulaciones peligrosas que amenazan tus libertades en internet». Unas críticas que casi se solaparon con las del primer ejecutivo de X, Elon Musk, que tachó horas antes a Sánchez de «traidor».
«Estas medidas podrían convertir a España en un estado de vigilancia con el pretexto de ‘protección’», ha señalado el magnate.
Desde Moncloa, sin embargo, consideran que ese mensaje está «lleno de mentiras y ataques ilegítimos contra el Gobierno» y sostienen que el propio comportamiento de Durov evidencia la necesidad urgente de regular las plataformas digitales.
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