La mente no puede ser reemplazada por máquinas que no tienen experiencia subjetiva ni sustituyen a la escucha y el diálogo.
Artículo publicado en El Correo (24/02/2026)

Hoy, 24 de febrero, Día de la Psicología, el Colegio Oficial de Bizkaia organiza una jornada de reflexión que nos invita a celebrar los avances de la disciplina, pero también a detenernos a pensar críticamente sobre su presente y su futuro. La psicología atraviesa un momento especialmente favorable tanto en el plano científico como en el profesional.
En el campo educativo la comprensión de los procesos de aprendizaje, el desarrollo emocional, la motivación, las dificultades cognitivas y relacionales resultan claves para construir entornos educativos eficaces. La presencia de la psicología en los centros educativos contribuye a potenciar el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes, atendiendo a su diversidad y a sus necesidades emocionales y sociales. De esta manera la psicología está descubriendo los factores individuales de personalidad implicados en el fracaso escolar y fundamentalmente los factores psicosociales implicados en la génesis y el mantenimiento de los trastornos psicopatológicos.
Asimismo, la psicología ha demostrado ser fundamental en el ámbito de la empresa y de las organizaciones. El estudio del comportamiento humano en el trabajo permite mejorar tanto el rendimiento como la calidad de vida de las personas en las compañías. Las organizaciones que integran y aplican el conocimiento psicológico avanzan hacia modelos más humanos, sostenibles y responsables, donde la salud mental deja de ser un asunto secundario para convertirse en un eje estratégico.
En el campo de la salud, particularmente en el de la psicopatología, los avances son innegables. La psicología clínica y sanitaria se han consolidado, gracias a la investigación basada en la evidencia, en una mayor sensibilidad social hacia la salud mental y en una demanda creciente de atención psicológica. Pero el eje que vertebra el éxito de la psicología es la propia intervención psicológica, fundamentalmente la psicoterapia en sus diversas modalidades. El diálogo psicoterapéutico como intervención clínica es un acto de escucha comprensiva e inconmensurablemente sutil y complejo, donde millones de estímulos psíquicos y físicos interactúan en el fluir de un encuentro –único e irrepetible– entre dos seres humanos conscientes, uno profesional y el otro paciente. Lejos de ser una intervención simple o mecánica, es un proceso profundamente complejo que requiere formación especializada, experiencia clínica y una comprensión profunda de la subjetividad humana.
Sin embargo, este escenario de expansión y reconocimiento no debe conducirnos a la complacencia ni al ensimismamiento como profesionales de la psicología. Asistimos, de nuevo, a intentos de suplantación promovidos por un sector de la ciencia fuertemente respaldado por intereses económicos y por una racionalización utilitaria que prioriza la eficiencia y el control por encima del sentido, la ética y la dignidad humana, como es el caso de la Inteligencia Artificial mal utilizada.
La consciencia, ese misterioso don que nos constituye como seres humanos, no puede reducirse a algoritmos ni a modelos predictivos. La mente junto con su cerebro alberga el mayor enigma de la neurociencia actual, que es la consciencia humana, y esta no puede ser sustituida por la IA. La investigación en general debería tenerla mucho más en cuenta y apostar por una investigación menos mercantilizada, productiva e interesada, donde el pensamiento reflexivo interdisciplinar persiga dar respuestas a las verdaderas necesidades humanas. Es imprescindible reforzar y complementar de manera constante en las universidades, en particular en las facultades de Psicología, aquellos conocimientos y teorías que subrayan una verdad fundamental: la mente humana no puede ser reemplazada por máquinas que no tienen experiencia subjetiva y que por lo tanto no pueden alcanzar la comprensión humana.
La salud mental y las múltiples problemáticas psicológicas que nuestras sociedades generan –soledad, ansiedad, estrés, depresión, violencia, exclusión– deben ser tratadas desde modelos biopsicosociales integrativos, basados en la evidencia y sobre todo desde un marco ético y deontológico que garantice el ejercicio de la profesión. La psicología como ciencia y como profesión que prioriza el cuidado de las personas debe defender el valor irreemplazable del encuentro humano, de la escucha, del diálogo clínico. En estos tiempos, reivindicar y defender desde la psicología la conciencia ética y la consciencia cognitiva humana no es una postura sensiblera: es un acto de compromiso social y científico.
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