Artículo publicado en El Correo (08/06/26)

Hay que reconocer la capacidad carismática del Papa Leon XIV para reunir físicamente a más de un millón de personas en una misa dominical callejera. Durante la liturgia rescató a nuestro místico universal, San Juan de la Cruz, para recordar el poder de la fe ciega y la capacidad de confiar en algo cuando todo se tuerce. La idea de que es posible atravesar la oscuridad de los malos tiempos sin perder la esperanza. Aunque sea de noche.
La nueva espiritualidad de las iglesias vacías y jóvenes cargados de energía positiva trascendental nos sitúa tras la pandemia en una necesidad continua de creer de forma profunda. La esperanza con propósitos trascendentales. Y la ‘generación Z’ está a la vanguardia de ese renacimiento espiritual hecho de propósito, identidad, astrología, autocuidado y una búsqueda constante de significado para atravesar todas las noches oscuras que se registran a su alrededor. Una mística cargada de hedonismo, placer y Tik Tok.
La fe ciega en lo trascendente puede ayudar a nuestra salud emocional inyectándonos energías de esperanza en medio de las adversidades. Pero también nos vendría bien para nuestra cohesión social, nuestra convivencia y nuestro bienestar que los jóvenes conservaran una cierta fe en la democracia.
No es fácil pedirles ese acto de confianza. Son la generación que ha crecido entre salarios bajos, alquileres imposibles y la sensación permanente de que el ascensor social está averiado. La noche es muy larga cuando no puedes independizarte.
Quizá por eso resulta tan llamativo observar cómo la política empieza a parecerse cada vez más a una religión. Coincide la visita del Papa con una España en la que Pedro Sánchez vuelve a poner a prueba la resiliencia de sus votantes, de sus socios y de su propio partido.
Las sucesivas noches judiciales, cargadas de indicios, revelaciones y sospechas, exigen un ejercicio de fe política que en ocasiones parece superior al que demandan algunas confesiones religiosas. El mensaje viene a ser: ya sé que es de noche, pero todavía tenéis que creer. Todavía tenéis que apoyar unos Presupuestos. Todavía tenéis que confiar.
El cantar del alma de San Juan de la Cruz que elevó a los altares de la trascendencia emocional Enrique Morente a través de su adaptación con el tango flamenco Aunque es de noche vuelve a situarnos en la importancia de buscar referentes en los que confiar ciegamente en tiempos de oscuridad.
Entender la democracia como fuente eterna profunda aunque ahora sea de noche. Confiar en unas urnas debería tener por lo menos la misma fuerza trascendental que las energías o los distintos dioses. Una fuente imperfecta, a veces decepcionante, pero capaz de renovarse una y otra vez. Incluso cuando es de noche.
Incluso cuando parece que todo se oscurece. Incluso cuando alguien intenta romperlo todo en su nombre.
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