Presidente Deusto Business Alumni.
Artículo publicado en El Correo (26/06/2026)

¿Qué tienen en común una compositora coreana, un climatólogo estadounidense, una filósofa de la ciencia británica y varios futuros premios Nobel? Lo hemos visto la semana pasada en Bilbao.
Desde hace dieciocho años, los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento han reunido a algunas de las personas que más han contribuido a ampliar los límites de lo que sabemos sobre el mundo. Lo han hecho desde una ciudad y una Comunidad que históricamente ha sido asociada a la industria, al comercio y a la transformación económica, pero que durante unos días se ha convertido también en capital internacional de la ciencia, las humanidades y la creación cultural.
La tendencia hoy es que necesitamos resultados inmediatos, ya que queremos respuestas e impactos rápidos. Sin embargo, la mayoría de los grandes avances que hoy están transformando nuestras vidas nacieron décadas atrás en laboratorios, universidades y centros de investigación donde nadie podía garantizar su éxito.
El propio nombre de los premios explica bastante bien su propósito. La frontera del conocimiento no está en los mapas, sino allí donde todavía no tenemos respuestas. En laboratorios, universidades, centros de investigación o espacios de creación cultural donde miles de personas trabajan cada día para entender mejor el mundo y empujar un poco más lejos los límites de lo conocido.
Si miramos hacia atrás, buena parte del progreso humano puede interpretarse como una sucesión de fronteras del conocimiento que alguien decidió desafiar. Las diversas generaciones han ampliado, cada vez más rápido, el mapa de lo conocido, como la comprensión de las leyes de la física, los avances en la lucha contra el cáncer, la lucha contra el cambio climático, el desarrollo de nuevas teorías económicas, etc.
Por eso tiene tanto valor reconocer a quienes realizan ese trabajo. A menudo hablamos de innovación, competitividad o transformación tecnológica, pero olvidamos que detrás de cada avance relevante existen investigadores, profesores, científicos, pensadores y creadores que han dedicado décadas a construir conocimiento antes de que aparezcan sus aplicaciones prácticas.
Estos Premios se han convertido, además, en una referencia internacional extraordinaria, ya que 34 de sus galardonados obtuvieron posteriormente el Premio Nobel. Identificar con tanta anticipación contribuciones llamadas a cambiar disciplinas enteras exige una enorme capacidad de criterio y una visión global excepcional. ¿No es impresionante?
Pero más importante que acabar recibiendo un Nobel es entender qué tienen en común muchos de estos premiados. La capacidad de dedicar años a perseguir preguntas para las que nadie garantiza una respuesta. La perseverancia para continuar cuando los resultados tardan en llegar. La curiosidad intelectual suficiente para seguir explorando cuando la mayoría ya se siente cómoda con las explicaciones existentes. Es fácil enumerarlo, pero persistir ante las dudas sobre los resultados esperados, la financiación siempre limitada o las familias que esperan dedicación de calidad, califican la calidad de las personas que se dedican a esta noble vocación de retar las fronteras del conocimiento.
Ninguno de los grandes problemas que enfrentamos como la gestión de la energía, la competitividad, el envejecimiento, la inteligencia artificial o el cambio climático podrá resolverse con menos conocimiento. Todos exigirán más ciencia, más investigación, más pensamiento crítico y más colaboración internacional.
Por eso creo que en Bilbao y Euskadi nos debemos sentir orgullosos de albergar estos premios. Por el prestigio que proyectan sobre la ciudad y por lo que representan.
También son el reflejo de una apuesta sostenida durante casi dos décadas por parte de la Fundación BBVA. Vinculada a BBVA, un banco tan nuestro que forma parte de la historia económica y empresarial de nuestro país, la fundación ha demostrado que una entidad vinculada al mundo financiero también puede desempeñar un papel relevante apoyando la ciencia, la cultura y la generación de conocimiento.
Los discursos del Presidente de la Fundación BBVA, de la Presidenta del CSIC, del Alcalde, del Lehendakari y, especialmente, de los 12 premiados este año me parecieron de un gran nivel y aire fresco. La Ciencia, la Tecnología y las Artes no generan tanta expectación como el deporte, el espectáculo o la política, pero están detrás de las grandes innovaciones que nos ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas, gracias a esos curiosos persistentes, premiados en Bilbao.
En ocasiones buscamos tesoros en lugares lejanos sin darnos cuenta de los que tenemos cerca. Los Premios Fronteras del Conocimiento son uno de ellos. Conviene recordarlo y cuidarlos.
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