
Esta semana es muy importante en Bilbao, junto a las de los Premios de Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Del lunes 28 de septiembre a este miércoles 30, se celebra la novena edición de Bilbao Kultura Social Forum con 21 ponentes muy diversos del mundo del activismo social, de la cultura y de la filosofía.
Me gusta mucho uno de sus lemas: ‘El mundo tiene grietas. También posibilidades’. Es curioso que, si buscas grieta en el diccionario de sinónimos de la RAE, no aparece brecha. Y sin embargo si buscas brecha, grieta es uno de sus sinónimos. Curiosa asimetría que desconozco su razón.
En nuestras discusiones sociales, económicas, familiares y políticas, hablamos, más de brechas que grietas. Según Wikipedia, el término proviene del franco breka y del germánico breham, vinculados al alemán brechen (‘romper’) y al neerlandés breken. También comparte origen con el verbo inglés break. Hay más significados, pero me quedo con este concepto. A lo que llamamos brechas hoy, no es que en un día todo estuviera unido y cohesionado. Nunca lo ha estado. Sino que lo resumimos como un reflejo de que la sociedad debe trabajar para reducir las desigualdades en muchos campos.
Por empezar un tema de actualidad relacionado con las brechas, en los medios de comunicación se habla mucho de las brechas salariales entre hombre y mujeres. Y aunque se ha mejorado, parece que tiene sentido que un día el género no sea una razón de discriminación salarial por realizar el mismo trabajo. Esto lo entendieron hace tiempo los países escandinavos, mientras en África y Asia, incluyendo dos economías tan avanzadas como Japón y Corea del Sur, van muy por detrás, demostrando que los aspectos culturales y religiosos influyen mucho en los equilibrios sociales.
En las discusiones sobre las brechas salariales, surgen también derivadas sobre el mismo concepto: porqué personas que trabajan en la misma posición y haciendo las mismas tareas no reciben el mismo salario.
La conclusión es que debemos diferenciar lo que dicen las funciones y los resultados obtenidos. La mayoría de los gestores lo tienen muy claro, pero la perspectiva del gestionado suele ser distinta. La realidad es que una cosa es el valor de lo que se supone que se debe hacer (las responsabilidades, funciones y tareas) y otra es pagar por lo que realmente se ha hecho y cómo. Los salarios se deben adaptar al valor aportado por cada persona, que puede ser distinto a lo largo de los años, siendo unos buenos con variables importantes y otros malos, sin variable y congelación salarial.
Volviendo a las brechas me han surgido otras que también son muy importantes y que dejan heridas profundas en nuestra sociedad.
Seguramente la más abismal y que lleva tiempo agravándose es la brecha entre ricos y pobres. Menos de 60.000 personas (0,001% de la población mundial) poseen tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad. Para que se entienda más claro: 60.000 individuos tienen más que 4.000 millones de personas juntas.
Me parece muy importante diferenciar el filantro capitalismo que muestran algunas de estas personas y familias que ayudan a resolver temas concretos de educación, salud, etc. en su entorno, de aquellos que como dijo Adam Smith en La riqueza de las naciones (1776) tienen un «miserable espíritu del monopolio».
En esta brecha de ricos y pobres, podemos incluir desde hace siglos la existente entre el «norte y el sur», sobre la que algún día escribiré.
Otras brechas son las de trato generacionales (edadismo, precariedad de los jóvenes, dificultad de buscar empleos para mayores de 40-45 años), relacionadas con la inmigración, las digitales, las lingüísticas, las ideológicas, las de acceso a la educación, las sanitarias, las de dependencia, las de vivienda, etc.
Vivimos en una sociedad teóricamente responsable. Identificar, entender y hablar de brechas es sano. Siempre hay una opinión pública de la persona que está en el lado seguro de la brecha que justifica porqué la que está en el lado débil permanece allí. Los ascensores y puentes a menudo no funcionan. En sociedades cohesionadas, afrontan estos temas no sólo por el estado, sino por la sociedad civil.
Aquí tenemos muy buenos ejemplos que nos muestran ventanas para que veamos más allá de nuestra comodidad. Y como empezaba el artículo sobre el Bilbao Kultura Social Forum, el trabajo que hacen Jordi Albareda y Saoia Eibar con su equipo y el apoyo de BBK, Diputación Foral de Bizkaia, el ayuntamiento de Bilbao y Deusto Business School es de gran impacto por la transcendencia y la pluralidad de sus iniciativas para conocer las posibilidades de que ante las grietas o brechas, no bastan tiritas. De nuevo, la suerte no tenemos que ir lejos a buscarla.
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