Artículo publicado en El Correo (28/09/26)

En Euskadi estamos acostumbrados a hablar del nacionalismo. Del nacionalismo vasco, concretamente. Sabemos reconocer sus símbolos, sus relatos y sus emociones. Sin embargo, hay otro nacionalismo del que hablamos mucho menos precisamente porque lo confundimos con la normalidad, el nacionalismo español.
El ‘procés’ catalán permitió verlo con claridad. Después del 1 de octubre de 2017, muchos balcones de barrios populares de ciudades españolas se llenaron de banderas nacionales. No eran únicamente las banderas de las instituciones. Para muchos ciudadanos, se convirtieron en la expresión emocional de una comunidad nacional que sentía amenazada su integridad territorial. Aquella reacción no la inventó Vox ni la ultraderecha. Vox supo leerla y convertirla en una de sus principales señas de identidad. En las elecciones andaluzas de 2018 llegó por primera vez a un Parlamento envuelto en la bandera española y en una retórica de confrontación con el independentismo catalán. El «a por ellos» que acompañó algunas manifestaciones no iba dirigido contra los inmigrantes. Ellos eran catalanes que defendían la independencia.
Sostengo que la reacción social espontánea en toda España descubriendo por primera vez los colores de la bandera de Ceuta está más relacionada con ese nacionalismo español latente que con el odio a los inmigrantes. La reacción social tiene una dimensión migratoria, pero reducirla exclusivamente a la inmigración sería insuficiente. Para muchos españoles, lo que está ocurriendo es también una cuestión de soberanía, frontera y territorio. Y para el 90% de la ciudadanía española, Marruecos estaba detrás de ese ataque a la integridad territorial. La sociedad civil se ha activado por Ceuta desde el punto de vista de un ataque a la nación española. Y los cambios que ha ido haciendo en su discurso el Gobierno español tienen que ver con el acercamiento a la realidad social del nacionalismo español, intentando formar parte del equipo que también atribuye a Marruecos la responsabilidad de la entrada ilegal masiva de cerca de 80.000 personas en Ceuta.
En esta legislatura se ha hablado mucho de plurinacionalidad desde el bloque que compone la mayoría de investidura del Gobierno de Pedro Sánchez. Pero el plurinacionalismo español no existe como identidad alternativa a la cultura española cristalizada en las actitudes que se ponen espontáneamente en funcionamiento cuando la ciudadanía española se siente atacada por un enemigo externo o interno a su integridad. El nacionalismo español puede permanecer latente durante largos periodos precisamente porque no necesita reivindicarse permanentemente como nacionalismo. Se activa cuando percibe que la nación está amenazada.
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