La designación de Fátima El Mansouri apunta a un intento de modernización en derechos civiles, en medio de la total desconfianza de los jóvenes hacia el sistema político.
Artículo publicado en El Correo (02/10/2026)

Después del desastre neoliberal del magnate Aziz Ajanuch, Marruecos se ha enfrentado a unas elecciones legislativas presididas por el descontento popular y el hastío de una sociedad cada vez más reivindicativa de una verdadera democracia (aunque sea a la islámica) en el país vecino. A riesgo de caer en ciertas generalizaciones, cuya condescendencia se otorga dado el limitado margen que ofrece un artículo de opinión, presento una serie de lecturas de los resultados de este reciente proceso electoral.
En primer lugar, salta a la vista para cualquier politólogo la sangrante cantidad de personas que, siendo llamadas al proceso electoral, han rechazado acudir a votar. En este caso, el 62% de los marroquíes, por distintos motivos, han visto que estas elecciones carecen de auténtico valor, por lo que se han abstenido de participar. Esto equivale a que solo 6 de 26 millones de electores (en un país de alrededor de 39 millones de habitantes) han depositado su voto en las urnas. Sin duda, un fracaso del sistema político marroquí, habida cuenta de que la joya de la corona de cualquier democracia es la participación electoral. ¿Qué país puede hablar de democracia real si a sus elecciones acuden menos de cuatro de cada diez personas?
En segundo lugar, hay que tener en cuenta la correlación de fuerzas resultante de estos comicios. Si bien los partidos próximos al ‘establishment’ han revalidado los resultados del año 2021, en esta cita electoral ha habido dos grandes triunfadores. Por un lado, el PAM, el partido liberal de la Autenticidad y Modernidad, próximo al palacio real y liderado por una mujer, Fátima El Mansouri, que alcanzó el primer puesto en estas elecciones; y, por otro lado, los islamistas del PJD, con el liderazgo del populista ex primer ministro Benkirane, cuya vuelta a la política ha reportado a su partido un ascenso hasta los 54 diputados. Como dato a destacar, está la positiva recuperación electoral del escaño de la diputada Nabila Mounib, representante de la izquierda radical marroquí. Una dirigente política absolutamente crítica con el modelo político del país y con serias intenciones programáticas de implementar una monarquía parlamentaria a la europea.
En tercer lugar, estos resultados hay que leerlos en función de dos diferentes polaridades. Si bien muchos países de Europa, y en especial España, funcionan por medio de divisiones políticas territoriales y de clase, Marruecos tiene las suyas propias. Las más destacadas son las que se fundan en ‘autoritarismo vs. democracia’ y ‘teocracia vs. secularismo’. A juzgar por estos resultados, en Marruecos ha ganado el modelo del autoritarismo secularista, puesto que el ‘establishment’ marroquí es también profundamente liberal no solo en términos económicos sino también en su defensa de una reforma política en términos de derechos y libertades civiles. Por ello, al formarse el próximo gobierno, se espera que Marruecos siga avanzando en su hoja de ruta de modernización en términos de derechos civiles, como, por ejemplo, aquellos relativos a los derechos de las mujeres, las libertades de credo o las de índole sexual. La designación de una mujer como primera ministra, Fátima El Mansouri, es una buena muestra de esta intención a largo plazo. Sin embargo, y como cierta paradoja para los europeos, cabe esperar que coincidan estos grandes avances con otros lamentables retrocesos en derechos fundamentales como son los políticos, sociales y económicos.
En cuarto lugar, estos resultados, aun con su escasa representatividad electoral, dan muestra de la hoja de ruta que imperará en el Marruecos de los próximos cinco años. Fundamentalmente, esta hoja de ruta irá encaminada a la apuesta por la modernización de cara al Mundial de 2030. En este sentido, el que Fouzi Lekjaa haya sido uno de los candidatos principales de PAM y que, además, su partido haya sido elegido para liderar el próximo gobierno apunta a que este Marruecos fijará su camino en continuar el trabajo realizado hasta ahora con un cierto continuismo en políticas sociales y económicas.
Por último, en quinto lugar, estos comicios se celebran justo un año después de las protestas de la Generación Z. A juzgar por los resultados, y por el continuismo electoral, el voto no ha sido el de la protesta joven, por lo que cabe hipotetizar que, en Marruecos, por encima de cualquier proceso electoral, sigue habiendo una amplia masa social juvenil que no interviene en las elecciones (en las anteriores de 2021 la abstención fue del 50%) pero no por dejadez o desidia sino por todo lo contrario, por una desconfianza absoluta en el sistema político marroquí.
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