Artículo publicado en Gara (20/10/26)

Universidad de
Deusto
En la política canadiense suele usarse la expresión ROC (Rest of Canada) para distinguir Quebec por un lado y el resto del país de mayoría anglófona por el otro. Inspirado en ello, cuando me toca escribir o hablar sobre el sistema español en contextos extranjeros, utilizo la expresión ROS (Rest of Spain) para referirme a la parte del Estado que no corresponde a las naciones vasca y catalana. Sobre todo para explicar que el Estado está conformado por tres realidades políticas mucho más diferentes de lo que a primera vista podría parecer.
Desde 1977 se han celebrado dieciséis elecciones a Cortes Generales que constituyen un banco de datos más que suficiente para comprobar hipótesis sobre los efectos del sistema electoral o sobre el comportamiento del electorado. Al hilo de esto, se puede constatar la realidad plurinacional del Estado en el diferente comportamiento electoral de las sociedades vasca, catalana y española. Estos tres sujetos políticos se reafirman en cada proceso electoral, con dinámicas y posicionamientos diferenciados que, además, hace tiempo que caminan por senderos divergentes. Una dinámica que podremos volver a comprobar el próximo 29 de noviembre.
Que existen tres sujetos diferentes en el mapa estatal se puede probar con numerosos datos electorales, pero aquí solo podemos incluir unos pocos. Como el lector sabe, las últimas elecciones generales de 2023 dieron lugar a una peculiar legislatura en la que España ha estado gobernada por una coalición de fuerzas progresistas, apoyada parlamentariamente por las formaciones soberanistas vascas y catalanas, frente a una bronca oposición del PP y Vox.
Aquel inusual resultado fue fruto de una extraña combinación electoral de los tres sujetos políticos. En aquellas elecciones, el bloque formado por PP y Vox obtuvo en ROS una nítida mayoría absoluta, tanto en votos (53%) como en escaños (56%). Sin embargo, esta voluntad clara y rotunda de ROS se vio truncada porque catalanes y vascos votaron de manera muy diferente. En Cataluña, el bloque de la izquierda estatal (PSC y Sumar/Comuns) consiguió la mayoría absoluta de escaños y prácticamente de los votos, mientras que en Euskadi Sur fue el bloque de las candidaturas soberanistas (EH Bildu y PNV) el que obtuvo esa misma mayoría. Tres sujetos distintos y tres mayorías absolutas diferentes para cada uno de ellos. Tampoco fue la primera vez que ello se producía y todo indica que en las próximas elecciones esta dinámica se repetirá y acentuará.
Ahondando en los resultados del año 2023, la suma de los dos grandes partidos españoles (PP y PSOE) superó el 50% del voto en todas las comunidades y ciudades autónomas del Estado salvo en tres: la vasca, la navarra y la catalana. Al mismo tiempo, la suma de PP y Vox arrojó también cifras superiores al 50% de los votos en casi todas las Comunidades. Dicha mayoría clara solo se resintió moderadamente en Canarias (38%) y se desplomó, de nuevo, en Cataluña (21%), Navarra (22%) y la CAV (14%).
Igualmente, el PP fue el partido ganador en 40 de las 52 circunscripciones electorales al Congreso y en las 12 que le faltaron estuvieron, cómo no, todas y cada una de las circunscripciones vascas y catalanas. Desde luego que, si fuera por ROS, España ya habría tenido tres años y medio de gobiernos PP-Vox porque allí fueron, y con mucha distancia, la opción electoral preferida. Pero entonces el voto diferente de las naciones minoritarias fue suficiente para, in extremis, neutralizar esa amplia victoria en ROS. En resumen, que los españoles han tenido estos tres años un gobierno que en realidad no querían, que al parecer solo deseaban los catalanes y que los vascos, sin desearlo, rechazaban menos que el que preferían en ROS.
El próximo 29 de noviembre, el juego de los tres sujetos no será tan equilibrado como para provocar otra situación parecida. Han sido tres años y medio de enfado generalizado en ROS porque, en realidad, allí votaron una cosa y obtuvieron otra. Y a eso hay que añadir que el bloque perdedor en ROS solo ha podido gobernar pactando precisamente con esos que ni son de ROS, ni quieren serlo. Total, que el día 29 de noviembre ROS clamará venganza y su voto será, seguramente, mucho más contundente y abrumador como para superar por número lo que las otras dos naciones juntas puedan decidir.
Nada de esto es una llamada a la resignación, ni mucho menos a la abstención. Solo pretende ser una prueba, forzosamente resumida, de que en el Estado español existen tres sujetos políticos con comportamientos electorales diferentes y divergentes. Lo llevamos viendo al menos desde las elecciones generales de 2008, que reprodujeron el mismo esquema. No se sorprenda el lector si alguno de los grandes partidos tiene un comportamiento a la baja en ROS y al alza en Euskadi y Cataluña porque ello será una prueba más de que la hipótesis aquí defendida es correcta.
En realidad, esto no es sino la constatación democrática del carácter plurinacional del Estado. Las evidencias electorales son contundentes y tozudas. Más aún, son divergentes. Desde el cambio de siglo, también el apoyo a mayores cuotas de autogobierno es claramente divergente entre los electorados de Cataluña y Euskadi, por un lado, y ROS por el otro, como se puede comprobar en los estudios sociológicos.
Guste o no, el Estado español es plurinacional y ningún analista riguroso puede negar las evidencias empíricas que persistentemente lo demuestran. Los datos electorales, que en democracia son los más contundentes que existen, avalan la existencia de sujetos políticos diferentes en Cataluña y Euskadi Sur dentro de un Estado plural, pero muy asimétrico, que el sujeto mayoritario, ROS, se niega a reconocer. El problema es que esta negación es cada vez más descarada y además contraproducente, porque las dinámicas de las tres naciones no solo son diferentes, sino también divergentes. Quedan solo unas semanas para volver a comprobarlo.
Leave a Reply