Procesos de memoria en el aula

Enseñar la historia del pasado violento en las aulas a través de herramientas pedagógicas adecuadas es una de las apuestas de los países que quieren superar superar conflictos violentos. Pero, ¿cómo se deben abordar este procesos de memoria? Esto es lo que investiga Alejandra Londoño Bustamante, miembro de la Comisión de la Verdad de Colombia.

Londoño analiza la función del sistema educativo en el esclarecimiento de la memoria y la verdad sobre el conflicto armado en Colombia, cuestión que empezó a abordar como educadora de la Red Feminista Antimilitarista de la ciudad de Medellín y más adelante como integrante del Equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica.

La investigadora viajó hace unos meses a Bilbao para aportar su experiencia. Impartió una conferencia en Arrupe Etxea en la que analizó algunas de las claves de la enseñanza del pasado violento. El encuentro fue organizado por la Comunidad de Aprendizaje sobre la Enseñanza de Historia y Construcción de la Paz en Euskadi, liderada por el Centro de Ética Aplicada y el Consejo de la Juventud de Euskadi (EGK).

En una entrevista previa a la conferencia, Londoño destacó que en las dinámicas que se organizan en las aulas “no hay que temerle a la tensión” que pueda surgir por las discrepancias. Es necesario dejar que las diferencias emerjan y buscar estrategias pedagógicas para los diálogos difíciles que permitan resolver esas tensiones.

Reconocernos en los lugares que ocupamos

“Si no nos damos la posibilidad de encontrarnos en puntos completamente distantes por el miedo a lo que allí pueda suceder, nos estamos negando un principio de la memoria en el aula, que es justamente que nos reconozcamos en los distintos lugares en los que estamos”, señala.

Es asimismo importante establecer claramente al inicio del proceso «cuáles son los objetivos” que se persiguen. Y, durante su desarrollo,  “cultivar la empatía” y entender que “no estamos en un espacio para construir valoraciones respecto a si hay víctimas buenas y víctimas malas, que esto a veces pasa mucho”, apunta.

Conectar las experiencias personales con las colectivas es otra de las claves. Se trata de aplicar herramientas pedagógicas que permitan a los participantes “tender puentes entre las experiencias personales, las experiencias colectivas y otro tipo de relatos que hay entorno al conflicto armado”.

El silencio en la historia del conflicto vasco

Precisamente, Londoño tuvo la oportunidad de dinamizar una sesión con jóvenes de Euskadi sobre memorias colectivas y personales. En esta experiencia le llamó mucho la atención “el lugar que ocupa el silencio en la historia del conflicto en el País Vasco”. “Siento que hay un silencio instalado muy fuerte, como si hubiera muchas cosas que no se pudieran nombrar, que no se pudieran decir”, señala.  

La investigadora observar que, por un lado, es “un silencio que es heredado”, en la medida en que los jóvenes dicen que sus padres no hablan con ellos de lo ocurrido. Y, por otro lado, aprecia “una resistencia o miedo ante el debate, a encontrarse sobre posturas diferentes en las interpretaciones” del conflicto. Hay una resistencia “a ir más allá a ver qué nos genera ese debate”, concluye.

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