Artículo publicado en Deia (23/02/2025)

En el camino de Santiago acostumbramos a ir todos en el mismo sentido oeste, hacia el destino santo y el fin de la tierra. Pero supongo que en su día muchos volverían a pie a sus casas, contracorriente, propiciando encuentros cruzados.
Leer a un autor contemporáneo tiene algo de acompañarle en el camino. Lo ves un día y quizá durante varios seguidos y luego lo pierdes para volver a encontrarlo más adelante o quizá no hacerlo nunca. A algunos caminantes te alegras de reencontrarlos y los saludas con una sonrisa, a otros los evitas más o menos disimuladamente. A un autor lo conoces un día y acompañas sus pasos un momento para decidir si lo abandonas, si compartes unos kilómetros más y si, después de terminada una jornada, te apetece o no recuperarlo más adelante. Como lector tienes el mágico privilegio de dar marcha atrás para buscarlo en etapas que él ya hizo en el pasado.
Me ha sucedido con el filósofo de la ciencia Antonio Diéguez. Lo escuché en una conferencia a finales del año pasado en el CSIC. Me interesó lo que contaba y cómo lo hacía, de modo que compré su último libro, Pensar la tecnología. Como caminante en sentido contrario, fui luego picando obras anteriores en orden cronológico inverso.
Pensar la tecnología es una introducción humanista a las más disruptivas innovaciones tecnológicas de la actualidad, explicadas con rigor técnico, pero de modo accesible. Presenta los desafíos que esos nuevos dilemas suponen, tanto para la ética como, de modo más general, para la convivencia y la democracia. Desdramatiza algunos peligros con una serenidad de la que me gustaría aprender.
La cuestión de la Ciencia, su anterior libro, pero todavía de 2024, es más general, trata de filosofía de la ciencia y presenta algunas de las grandes cuestiones de la materia puestas al día y relacionadas directamente con la actualidad y sus problemas: la ciencia y la verdad, la crítica, la participación, el negacionismo y las pseudociencias, los límites de la ciencia, etc. Alguien que, como yo, ha estado metido en el desarrollo y promoción del derecho humano a la ciencia, echa de menos que el autor se hubiera referido a este derecho con algún guiño de aprecio: en ocasiones parece que le vendría bien para redondear alguna de sus ideas. Pero el detalle de que no se refiera a algo para mí tan caro no me impide valorar la enorme utilidad del libro.
El anterior se titula Transhumanismo. Puede parecer que un libro sobre “la búsqueda tecnológica del mejoramiento humano” con más de 5 años podría haberse quedado algo desfasado en su parte tecnológica, pero lo cierto es que no, o solo en aspectos muy anecdóticos, sin afectar a la esencia de los planteamientos y argumentos de fondo que el libro trata. En general el autor se muestra serenamente descreído con respecto a algunas de las promesas del optimismo que algunos gurús de la tecnología presentan, en ocasiones por efectistas, en otras por contradictorias.
Dos cosas me gustan de estos libros, aparte de lo ya dicho sobre el equilibrio entre rigor y amenidad, y entre planteamientos académicos clásicos y lecturas de actualidad. Por un lado, que es un filósofo que para amar su disciplina no tiene que despreciar otras, como hacen algunos, sino que muestra un respeto crítico y una curiosidad sin límites ante otros saberes. Por otro lado, aporta una riqueza de argumentos y dilemas para pensar los problemas actuales que me han resultado, como curioso no experto en la filosofía de la ciencia y de la tecnología, nuevos y sugerentes.
Esta es una columna de actualidad. No traiciono su sentido comentando lecturas de filosofía de la ciencia y de la tecnología: se me ocurren pocas cosas con mayor presente y futuro que escapar por un segundo de la agenda de Trump y Musk, de Putin y de Milei, para preguntarnos con cierto rigor dónde demonios estamos.
La próxima vez que me cruce por el camino con Antonio Diéguez será ya con sus nuevas cosas, en la dirección del camino.
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