Este joven nos cuenta cómo su experiencia UNIC en la Universidad de Deusto ha supuesto un punto de inflexión en su manera de ver y entender el mundo.
Ane Bores | Gabinete de prensa de la Universidad de Deusto (06/02/2026).

Osayande junto a su equipo de la Facultad de Ingeniería y Deusto Business School durante su estancia de investigación.
Llegar a una ciudad nueva siempre implica un desafío: adaptarse, aprender y encontrar la manera de aportar algo valioso. Para Osayande Godwill Omorose, integrante del máster en Urban Business and Development en la Universidad de Malmö (Suecia), su paso por la Universidad de Deusto fue mucho más que un viaje académico: fue una experiencia que combinó investigación aplicada, aprendizaje internacional y descubrimiento personal.
Con formación previa en finanzas y economía, y experiencia laboral en servicios financieros y emprendimiento en su Nigeria natal, llegó con una gran inquietud por la sostenibilidad alimentaria. Su tiempo en Deusto le permitió trabajar con un equipo multidisciplinar, perfeccionar habilidades técnicas y construir conexiones internacionales. Como explica él mismo: “He llegado como estudiante y me voy habiendo aprendido a investigar y a trabajar en un entorno internacional”.
La oportunidad surgió en el marco de la Alianza Europea UNIC (European University of Cities in Post-Industrial Transition), una red de diez universidades comprometidas con la movilidad y los retos de las ciudades del futuro a la que pertenece Deusto. Durante este periodo, se unió al proyecto europeo «ToNoWaste«, centrado en prevenir y reducir el desperdicio de alimentos. Allí combinó análisis de datos, revisión bibliográfica y el estudio de los determinantes socioeconómicos del desperdicio en distintos países europeos. “Es un tema que atraviesa todas las dimensiones de la sostenibilidad: económica, social y ambiental. Por eso es tan relevante para la ciudad y para las políticas públicas”, comenta.

Rebeca Cortázar, docente de la Facultad de Ingeniería, explica que la iniciativa se enmarca dentro de la línea temática 2 “Sustainability and Green Cities” de UNIC con el objetivo de ofrecer estancias de prácticas a estudiantes: «Se planteó un piloto en el que buscábamos ofrecer estancias de investigación en entornos universitarios, donde el alumnado pudiera abordar retos reales ligados a las ciudades. Desde DeustoTech surgió esta propuesta que llegó a Malmö y que finalmente trajo a Osayande a Bilbao».
Un encuentro de miradas y aprendizajes
Gracias a la coordinación con el equipo, Osayande se integró rápidamente. El trabajo estuvo supervisado por el profesorado de la Facultad de Ingeniería y de Deusto Business School, permitiéndole abordar el problema del desperdicio desde distintas perspectivas. Esta colaboración no solo enriqueció al alumno, sino que funcionó como un espejo para sus mentores.

Manuel Amador Cervera resalta cómo esta mirada global les obligó a salir de su zona de confort: «Su experiencia y conocimiento del sector alimentario es principalmente de su país, Nigeria. En países con situaciones socioeconómicas tan diferentes como los nuestros, no sólo la problemática del desperdicio alimentario es diferente, sino que los medios para afrontarla también lo son. Esto es enriquecedor tanto para el proyecto como para nosotros como investigadores, porque te ayuda a comprender mejor diferentes contextos y aumentar la representatividad de los análisis. No podemos diseñar soluciones globales con miradas locales”.

Por su parte, Alberto de la Calle describe la experiencia como una “palanca para impulsar la colaboración” que sacudió la rutina del equipo: “Su incorporación aportó frescura; alguien ajeno al proyecto no viene condicionado por la inercia previa del grupo, por lo que nos obliga a hacernos nuevas preguntas y eso mejora exponencialmente las dinámicas de trabajo. Además, la vinculación de una «internship» a un proyecto de investigación resulta especialmente interesante porque proporciona un contexto claro y significativo al trabajo del estudiante. No llega para explorar algo sin más, sino que está enmarcado en un proyecto más amplio. En mi opinión, esto ayuda al estudiante a partir de una base más sólida, unos objetivos más claros y ver que su estancia y trabajo contribuyen al desarrollo de algo más allá que una actividad puntual».

Miguel Ángel Larrinaga, por su parte, subraya la dimensión humana y admite que la evolución del estudiante transformó su propia visión del programa: “Creo que este tipo de experiencias son muy enriquecedoras. A mí, como persona, me ha permitido ver la realidad con un poco más de perspectiva: gratitud por donde nacimos, vivimos y con quienes trabajamos, y valorar el esfuerzo que estas personas hacen por vivir mejor.Tener un seguimiento semanal del trabajo de un estudiante es muy comprometido, pero te permite ver cómo avanza. Es increíble todo lo que Osayande ha hecho en este periodo. He intentado aportar mi grano de arena, pero en estos intercambios lo que aprendemos nosotros de su esfuerzo es tan valioso como lo que ellos aprenden de nuestra técnica y conocimientos».
Preparado para retos globales
Para Osayande, cada reunión fue una lección sobre pensamiento crítico y autonomía. Aprendió a organizar el trabajo, realizar presentaciones y comunicar sus avances semanalmente: “Académica y profesionalmente, esta etapa me ha dado un escenario real de lo que es ser un investigador. Es, de hecho, mi primera experiencia en un entorno laboral europeo, algo muy valioso para mi futuro”.

Pero el aprendizaje no se limitó a lo académico. UNIC le abrió la puerta a conexiones humanas y amistades. Aunque reconoce que la barrera del idioma fuera de la universidad fue un reto —sugiriendo para el futuro clases flexibles de español—, se va con una mayor conciencia cultural. “Resolver desafíos globales requiere diferentes experiencias de vida que permitan anticipar distintos escenarios. Esta movilidad me ha preparado para integrarme en equipos diversos”, asegura.
Esta historia demuestra que las alianzas como UNIC verdaderamente fomentan la comprensión intercultural y la responsabilidad social. La internacionalización y el aprendizaje aplicado se entrelazan en una experiencia que deja huella en estudiantado y profesorado, mostrando que cuando las personas trabajan juntas, el aprendizaje trasciende fronteras y transforma vidas.
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