Nos jugamos profundizar en nuestra tarea académica y crecer en humanidad
Artículo publicado en El Correo (16/02/2026)

En febrero de 2019, el P. General promulgó las Preferencias Apostólicas de la Compañía de Jesús, cuatro focos de misión a los que los jesuitas y sus instituciones estamos llamados a responder. En esta ocasión, profundizo en la segunda de ellas, la que nos solicita «caminar junto a los pobres en una misión de reconciliación y justicia».
¿Quiénes son los pobres? Sin duda, la expresión quiere ir más allá de lo que habitualmente entendemos por personas con necesidades socioeconómicas, pues incluye también a las personas y comunidades vulnerables, excluidas, marginadas, humanamente empobrecidas, víctimas de abusos de poder, conciencia o sexuales. Se trata, por tanto, de las personas que conocemos como víctimas de sociedades, estructuras y personas injustas. La preferencia también utiliza una expresión muy querida por el Papa Francisco: «los descartados», que evoca la condición de prescindibles.
¿Qué sentido tiene preocuparse por los pobres? Podemos responder basándonos en nuestra tradición cristiana y humanista. Terencio afirmaba: «Soy humano y nada humano me es ajeno». Nuestro patrono, Santo Tomás de Aquino, lo decía de otro modo: «Toda persona es por naturaleza amiga de toda persona». Esta misma convicción atraviesa algunas propuestas de la razón moderna. Así, John Rawls nos exhortaba a pensar la justicia situándonos tras el llamado ‘velo de la ignorancia’, para garantizar que todas las personas sean tratadas con igual dignidad.
Con todo, son las palabras de Jesús en el Evangelio, «lo que hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños a mí me lo hicisteis», las que más subrayan el valor intrínseco de todo ser humano. La tradición cristiana nos exhorta a cuidar de las víctimas y de los pobres. Y creo que esta llamada nunca ha sido tan urgente: en un mundo tentado por la indiferencia, estamos llamados a construir una cultura de la compasión. Solo habrá un futuro esperanzador para nosotros si también lo hay para las víctimas de este mundo.
El verbo inicial que utiliza la Preferencia es «caminar», que significa ir al lado de otros, sin imponer la ruta ni el paso. No se trata de que quienes desean ayudar decidan por los últimos, ni intenten sustituirlos. Los descartados son personas y comunidades llamadas a decidir su propio destino, el modo en que quieren alcanzarlo y las metas concretas a las que aspiran. Son seres humanos, y por tanto poseen dignidad, autonomía y voluntad.
La Universidad no es, por lo general, un espacio donde estén presentes las situaciones de mayor vulnerabilidad social. Sin embargo, ofrece múltiples oportunidades para ponernos en contacto con personas y comunidades empobrecidas a través de experiencias –como campos de trabajo, voluntariado o prácticas curriculares–. También desde la investigación y la docencia es posible optar por preguntas, enfoques y metodologías que acerquen a realidades de desigualdad y vulnerabilidad.
Una Universidad jesuita puede caminar con los descartados, al menos, desde tres campos cruciales: la formación, el análisis y la investigación, y la responsabilidad de promover la justicia social y contribuir al debate y a la acción colectiva.
El primero es la formación. No se trata solo de capacitar para el ejercicio de una profesión, sino de ayudar a comprender la realidad social en la que vivimos para intervenir en ella. No necesitamos profesionales exitosos en sociedades injustas, sino profesionales humanos en sociedades compasivas.
El segundo ámbito es el análisis y la investigación. Las situaciones de exclusión solo podrán transformarse si antes se comprenden en profundidad y se hacen visibles las lógicas que las sostienen. Este trabajo exige rigor metodológico, pero también una mirada sapiencial que nace de la sensibilidad humana y del contacto con la realidad.
El tercer ámbito consiste en la responsabilidad de promover la justicia social y contribuir al debate y a la acción colectiva, no solo clarificando y criticando, sino también imaginando y proponiendo alternativas. Caminar con los pobres desde la Universidad implica salir de nuestros propios intereses y asumir los de quienes viven en los márgenes. Aliarnos con ellos y con sus organizaciones no es solo un imperativo moral, sino también una vía fecunda de aprendizaje y de producción de un conocimiento más útil y justo. Y esta convicción nos interpela a preguntarnos: ¿para qué enseñamos?, ¿para qué investigamos?, ¿a quién realmente sirve nuestro trabajo?
Sabemos que necesitamos hacer más. Esta Preferencia es una llamada concreta que nos concierne como Universidad y nos compromete. Nos convoca a transformar nuestras prioridades, nuestras prácticas y nuestros modos de estar. En ella nos jugamos no solo la credibilidad de nuestra misión, sino también una oportunidad para profundizar en nuestra tarea académica y crecer en humanidad.
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