Artículo publicado en El Correo (09/03/2026)

La gente se pone en lo peor desde la pandemia. La gente cree que lo peor puede ocurrir y es muy probable que pase. Que la pandemia volverá a encerrarnos en casa, que otro apagón nos dejará otra vez a oscuras, que los efectos climáticos extremos llegarán también pronto a nuestro territorio, que la tercera guerra mundial está a la vuelta de la esquina. La ciudadanía prefiere la seguridad a la libertad y la democracia necesita resignificarse para ser útil en una excepcionalidad que se ha vuelto cotidiana. El Estado de bienestar y su protección social ha evolucionado hacia una demanda de protección integral porque, como decía ayer en una entrevista en este periódico la presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño, los ‘shocks’ «se han convertido en costumbre y serán una constante en el futuro de nuestras vidas».
La guerra de Oriente Próximo ya está conectada a tu surtidor de gasolina y a tu bolsillo, y si nuestro Gobierno de proximidad convoca de forma urgente un gabinete de crisis de la industria vasca está sintonizando con los miedos ciudadanos y la necesidad de que desde las instituciones anticipen soluciones a los problemas que nos tememos que vendrán.
Política de emergencia de ‘kilómetro cero’ para la era de la inseguridad extrema. Se anticipa lo peor para prevenir la magnitud del impacto porque lo peor puede pasar y se van preparando medidas de contingencia ante un escenario que podría prolongarse durante meses.
La cultura de la democracia en modo 112 se puede ver también en la gestión de la fuga de benceno en Petronor que protagonizó la última sesión de control del Parlamento vasco. Tanto las preguntas de todos los partidos de la oposición como las respuestas del Gobierno estaban enfocadas a cómo cuidar y proteger mejor a la ciudadanía poniéndose en que lo peor puede pasar. Es bueno que las instituciones democráticas vascas hayan emitido señales de su utilidad para la seguridad y protección y el lehendakari acertaba al recordar cómo la protección de la comunidad y el territorio están por encima de los intereses de una empresa.
Lo importante para la cultura democrática es que los departamentos de Salud, Seguridad y Medioambiente vigilan el umbral de bienestar que quieren para la ciudadanía. La mayoría de la ciudadanía vasca confía más en el Ejecutivo y en el Parlamento vasco que en las grandes empresas, según el último Deustobarómetro de invierno.
En este contexto de confianza institucional es más fácil la aplicación proporcionada de las medidas de prevención ante futuros y desconocidos shocks.
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