Euskadi necesita un gran pacto por el crecimiento y el futuro que involucre al conjunto de la sociedad, instituciones y agentes sociales
El Correo (26/05/26)

La economía vasca mantiene niveles elevados de renta, productividad y capital per cápita. Nuestras empresas se están internacionalizando, y tenemos un nivel alto de exportaciones. Además, tenemos también una buena capacidad de innovación. Pero los grandes indicadores macroeconómicos siguen mostrando una tendencia persistente: Euskadi sigue perdiendo peso relativo dentro de España. Lo hace en inversión, en participación en el PIB y también en creación de empleo. El fenómeno no es nuevo, es fruto de nuestra historia, pero lamentablemente no se ha corregido en la última década.
Los datos del último informe de Fundación BBVA-Ivie sobre ‘stock de capital’ muestran una comunidad autónoma con mucho menor dinamismo inversor que las que hoy lideran el crecimiento español. En los últimos diez años, el crecimiento acumulado de la inversión bruta en Euskadi fue de un 5,1% (el más bajo de todas la comunidades), muy lejos del 38,6% del conjunto del Estado; mucho más de Madrid (61,2%), Cataluña (55,8%), Valencia (47,9%) o Andalucía (29,7%).
Ese menor dinamismo inversor tiene consecuencias económicas visibles. En los últimos años, la economía española ha crecido sistemáticamente por encima de Euskadi. La diferencia parece pequeña en términos anuales, pero el País Vasco acumula en la última década un 5% adicional de pérdida de PIB relativo, que queda enmascarado en los datos per cápita, al tener una peor evolución de población.
La pérdida de posición del País Vasco no responde a una crisis puntual aguda, sino a décadas de falta de inversión, fruto de un modelo económico muy debilitado por la historia sufrida. Se ha perdido capital humano, capital financiero, centros de decisión, empresarios, y además tenemos un modelo de relaciones laborales muy complejo.
Eso se viene traduciendo en una menor capacidad de generar empleo, y así en la última década este ha crecido un 30% menos que la media, muy apoyado además por el fuerte crecimiento del empleo público (+25%). Esto incide en menores oportunidades de trabajo para nuestros jóvenes y explica, en gran parte, los datos de un reciente trabajo publicado por la Fundación Artizarra, que señala que hay unos 72.000 jóvenes vascos que viven fuera de Euskadi, de los que el 80% tendrían interés en volver.
Euskadi afronta un problema estructural adicional, vinculado a lo anterior: envejecimiento demográfico. Mientras comunidades como Madrid, Cataluña, Valencia o Andalucía ganan población y trabajadores, Euskadi avanza poco.
La consecuencia es la pérdida gradual de peso económico relativo. A principios de siglo, Euskadi representaba cerca del 6,5% del PIB español; hoy su participación es mucho menor, mientras Madrid y otras comunidades aumentan tamaño económico. Nuestra comunidad sigue siendo una de las más ricas de España en renta per cápita y productividad, pero pesa menos en el conjunto estatal. Nuestra economía se encuentra en «una espiral de descenso de peso relativo».
Aun así, el País Vasco conserva fortalezas diferenciales. Su industria mantiene un peso superior al promedio estatal, y la productividad sigue entre las más altas de España. El problema es que, con los datos de estos últimos años, esas ventajas ya no bastan para mantener cuota económica relativa si no van acompañadas de más inversión, más escala empresarial y mayor capacidad de atracción de actividad y talento.
La gran cuestión para la próxima década será precisamente esa: si Euskadi logra transformar su situación económica actual en un crecimiento suficiente para no seguir perdiendo peso frente al resto, y garantizar su futuro. Porque los datos muestran una paradoja cada vez más visible: una economía avanzada y productiva, pero con mucha menor capacidad de expansión que las regiones que hoy lideran el crecimiento español.
Hay que poner en valor las iniciativas recientes del Gobierno vasco, como la Alianza Financiera Vasca, el Plan Industria-Euskadi 2030; o la que acaba de anunciar el lehendakari de una «ley de medidas urgentes que agilice proyectos de inversión estratégicos»; pero todo apunta a que van a ser insuficientes para revertir la situación.
La paradoja de la economía vasca, que quizás nos tiene sumidos durante décadas en un «ciclo económico vicioso», requiere —como sostienen los estudios sobre ‘paradox theory’ desarrollados por autores como Wendy K. Smith y Marianne Lewis— soluciones capaces de integrar tensiones aparentemente contradictorias: mantener cohesión social y, al mismo tiempo, aumentar competitividad; preservar nuestro modelo industrial y, a la vez, acelerar la atracción de talento e inversión. Las sociedades más exitosas resuelven estas tensiones construyendo consensos amplios y estrategias compartidas de largo plazo. Euskadi necesita eso: un gran pacto de país, un ‘plan Euskadi por el crecimiento y el futuro’, que involucre a instituciones, empresas, sindicatos y sociedad civil.
Leave a Reply