En su visita a Francia, León XIV pidió a la Iglesia «el coraje necesario para reconocer la gravedad del daño» a las víctimas de abusos sexuales.
Artículo publicado en El Correo (13/10/2026)

He seguido el viaje del Papa a Francia casi en su totalidad. Y me ha gustado mucho. Este hombre se muestra muy cercano a la gente, especialmente con los débiles, los enfermos. Comienzo estas líneas después de la última de las cuatro jornadas de León XIV, mientras el Papa se dirige al aeropuerto de Metz, tras haber presidido una misa en la catedral de San Esteban. Catedral que me ha impresionado por su belleza, y en particular sus vidrieras, algunas obra de Marc Chagal, que el Papa ha citado.
A la misa acudieron Emmanuel Macron y su esposa, aunque la presidencia había informado anteriormente de que no acudiría a ningún acto religioso por aquello de la laicidad. Nadie sabe por qué cambió de opinión. Al término de la misa, mientras se desplazaba hacia la salida del templo, el Papa no se detuvo a saludar al presidente de la República y demás autoridades presentes, sino a la gente, particularmente a las personas discapacitadas.
Mientras la comitiva llega al aeropuerto, la televisión nos muestra imágenes del Papa con los pilotos del vuelo que le llevó de Lourdes a Metz. Robert Prevost es licenciado en Matemáticas y le interesa todo lo relacionado con las ciencias llamadas puras. Nos dicen que se someterá a las preguntas de los periodistas que, como se sabe, viajan con él. Sabremos lo que dirá una hora después del aterrizaje en Roma-Fiumicino. Yo lo dejo, quizá para otra ocasión. Hay mucho material.
Las víctimas señalaron la calidad de la escucha de León XIV, al permitir un diálogo profundo sobre sus testimonios
El Papa llenó el estadio de Francia en Saint Denis con los jóvenes. Había 80.000. Al pontífice se le veía feliz. También abarrotó la plaza de la Concordia y los dos largos kilómetros de la Avenida de los Campos Elíseos. ‘Una misa XXL’, titulaba la televisión francesa. Se hablaba de 700.000 personas y, después la cifra subió a 800.000. Las imágenes televisivas eran impresionantes.
Pero a mí me han impactado más otras cosas. Así, los comentarios de víctimas de abusos sexuales por clérigos, a las que el Papa había querido recibir. No sé cómo los obispos franceses escogieron a los siete seleccionados para verse con León XIV. Ya antes, creo que fue en París, pidió que la Iglesia, en referencia a los abusos sexuales en su seno, «tenga el coraje necesario para reconocer la gravedad del daño (‘fleo’ en francés) causado».
Se vieron en una residencia en Lourdes. El Papa recibió primero a cada una de las siete personas (cuatro hombres y tres mujeres) de forma individual y privada. Posteriormente, se reunieron todos. De las siete víctimas seleccionadas, cinco decidieron dar su opinión e impresiones al término del encuentro que, previsto para sesenta minutos, casi alcanzó las dos horas. Dos personas no quisieron aparecer ni que se comunicaran a la prensa sus nombres. Querían que sus testimonios fueran anónimos. Las declaraciones de las otras cinco fueron impactantes. Todos señalaron la calidad de la escucha del Papa, al permitir un diálogo profundo sobre sus testimonios y propuestas de prevención.
Los católicos tenemos a un gran Papa, y la sociedad, una gran figura de nivel internacional
«Nadie me ha escuchado así», señalaron varios. Voy a dar un solo nombre, pues ha escrito un libro con su triste experiencia. Jean-Marie Delbos, que sufrió agresión sexual en Betharram (‘Mon enfance a Betharram’, Leduc, 2025), un colegio católico muy cerca de Lourdes, con una historia vergonzosa de abusos sexuales y que el pasado septiembre cerró sus puertas, quizá definitivamente.
Macron y León XIV, que se habían visto en el Palacio del Elíseo el día de la llegada del Papa a Francia, se encerraron en un recinto del aeropuerto de Metz, y dedicaron un buen rato a conversar, antes de que el avión despegara camino de Roma. El presidente dijo que sentía pena de verle marchar, pero que toda su estancia en el país había salido bien.
Cabe plantearse qué consecuencias tendrá en Francia la visita del Papa y sus palabras, también fuera del país. Yo me lo pregunto, aunque no tengo fácil la respuesta. Me atrevo a decir que la figura, la persona de León XIV, ha calado más que sus palabras, aunque su francés es muy aceptable. El alcalde de Metz habla del Papa como de una persona sencilla, amable y fuerte. Aunque su discurso es exigente, profundo y, a menudo a mi juicio, demasiado largo.
Los católicos tenemos un gran Papa, y me atrevo a escribir que la sociedad y todos sus miembros, una gran figura de nivel internacional.
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