Entre Benzú y Tarajal. Los despojos humanos de la geopolítica

Llevo varios años viniendo a Ceuta, esa ciudad autónoma española que desde hace décadas vive permanentemente alerta mirando a sus dos fronteras y al vallado, conocido como “el perímetro”, que la separa de territorio marroquí. Desde el paso de Belliones o Benzú hasta el más conocido de Tarajal, Ceuta, como ariete de la política migratoria subcontratada de España y la UE, ha implementado toda una serie de medidas, que no dejan de aumentar, con el objeto de impedir un fenómeno que es absolutamente imparable: la inmigración irregular hacia el viejo continente.

Durante años, he sido testigo de llegadas muy numerosas, tanto por saltos en el doble vallado del perímetro como por entradas en pateras, o a nado, hasta alguna de las playas de la ciudad. He visto las instalaciones del CETI tan desbordadas que era necesaria la instalación de campamentos por parte del regimiento de Regulares 54 o he constatado cómo no cabía un joven más en los centros de acogida como el de La Esperanza de Hadú.

El hecho diferencial de esta entrada masiva

Bien, en todos estos casos citados, casi siempre definidos como “avalanchas”[1] casi nunca (con la excepción de la ocurrida en julio de 2018) se superaron, en referencia a quienes consiguieron pasar el perímetro, el número de quinientas personas. El hecho diferencial que ha marcó la entrada masiva del pasado día 17 de mayo de 2021 estuvo definido por dos características fundamentales:

  1. En primer lugar su magnitud, pues hablamos de un “salto” de más de 7.000 personas, de ellos, más de 2.000 menores.
  2. En segundo lugar, la evidente inacción de las Fuerzas Auxiliares marroquíes y la sospechosa complicidad de su gobierno. Si bien no es la primera vez que la Gendarmerie Royale o la mejaznia obedece órdenes para relajar sus labores de vigilancia, en esta ocasión su connivencia activa, en especial en la utilización de menores, ha sido tan evidente que ha merecido la condena del Parlamento Europeo
Entre Benzú y Tarajal. Los despojos humanos de la geopolítica

Filtro ético

Ha pasado un mes desde entonces, muchos de los magrebíes y subsaharianos que pasaron han sido devueltos ya, las fuerzas desplegadas por el ejército español han vuelto a sus bases y la ciudad ha recuperado una tensa normalidad, aunque todavía son visibles cientos de jóvenes que viven y duermen entre la escollera del muelle de la Puntilla y los alrededores de la Planta Desaladora de Agua o Playa Benítez.

“…tu dame euro, tu dame euro y yo tiro pegamento, no esnifo pegamento más…pero dame euro, mi no quiere robar…por favor mi tiene hambre…”

Realmente la normalidad que aparece en los informativos de TV no deja de ser una forma de autoengaño, pues si la pasáramos por un mínimo filtro ético aquí nunca se vuelve a la normalidad. La gran mayoría de los medios de comunicación del país, y en general europeos, han analizado los hechos desde una perspectiva geopolítica, una visión cierta pero parcial. Así, se ha puesto el foco en el enfado diplomático del reino Alahuíta por la aceptación, por parte del Gobierno español, de la entrada -justificada por razones humanitarias- del representante saharaui Brahim Ghali.

Esta cuestión no es nueva, tradicionalmente las políticas del estado marroquí, en definitiva del Makhzén [2], han presionado a sus vecinos utilizando el papel de Marruecos como ‘gendarme de Europa’, tanto en su función de controlador de la inmigración irregular [3] como en la de contención del terrorismo islamista. Pocos han sido los que han puesto el foco, no una simple mención, en la cuestión de los y las migrantes como sujetos de derechos humanos y, por tanto, en el trato humanitario debido para con ellos, independientemente de si han sido utilizados, engañados e incluso empujados por mafias sin escrúpulos. Y finalmente, nadie, absolutamente nadie, ha puesto el dedo en la llaga de las posibles soluciones.

Una idea equívoca

Se ha generado una idea equívoca en el país, cual es que lo ocurrido con el paso masivo de migrantes por la frontera de Belliones -fue aquí donde realmente comenzó la llegada aquel lunes de mayo- primero y posteriormente por la de Tarajal -esta ha sido la más mediática-, ha sido un hecho puntual y, por lo tanto, volveremos a la cotidianidad, definida esta por la efectividad de la policía marroquí y la ausencia de llegadas irregulares.

Nada más lejos de la realidad. En esta frontera sur de Europa, situada en el norte de África no lo olvidemos, estas situaciones, más o menos masivas, se vienen repitiendo desde 1996. Desde el comienzo del nuevo siglo, el goteo de migrantes ha sido continuo y la acogida de refugiados o menores ha situado casi siempre a los Centros de Estancia Temporal o a los Centros de Acogida muy por encima de los  niveles de ocupación para los que fueron creados.

Podemos justificar nuestro blindaje de “las vallas” en que existen mafias que trafican con seres humanos o que nos obliga el Frontex, ambas ciertas, pero con ello no hacemos sino ocultar la raíz del problema. Como bien explica Sami Naïr en el prólogo del libro Mediterráneo, el naufragio de Europa, de Javier de Lucas, debiéramos preguntarnos que, “si bien es legítimo luchar contra las mafias criminales que utilizan la desesperación de los demandantes de asilo, también debe serlo reflexionar sobre si esas mismas mafias no son consecuencia de una organización desigual y despiadada de la riqueza a escala mundial. Y se trata de luchar contra las causas, no sólo contra sus consecuencias”.

Occidente, en especial una Unión Europea, que sigue invirtiendo millones de euros en reforzar la Agencia Europea de Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) no consigue salir de este bucle perverso; desde una perspectiva ética su comportamiento en la gestión humanitaria de los contingentes de refugiados que llegaban hasta asentamientos como el de Moria, cerca de Lesbos, ha sido más que criticable. Mientras tanto, las políticas de cooperación al desarrollo en origen, esas mismas que se demandan desde África, siguen siendo poco más que una mera anécdota. Desidia del primer mundo que pagan con su vida quienes son, parafraseando a Zygmund Bauman, los “despojos humanos de la geopolítica mundial”.


Notas:

[1]  Avalancha, oleada, invasión, tsunami…esas “metáforas inquietantes” a las que aluden Goytisolo, J. y  Sami Naïr en El peaje de la vida. Integración o rechazo de la migración en España (Edic.Aguilar, Madrid, 2001: p. 13).

[2]  La estructura creada por el fallecido Hassaán II, todo un poder fáctico real, que gira en torno a los intereses políticos y económicos de la familia real, ahora en manos de Mohamed VI.

[3]  Me niego a utilizar el término “inmigración ilegal”.  Entiendo que en términos de derecho sea así, pero soy de los que prefiere hablar de inmigración irregular pues tipificar como delictivo el deseo de buscar  una vida mejor me resulta difícil de asumir.