Para entender el futuro es importante entender la velocidad a la que se mueve: ni adelantarse, ni quedarse atrás.
Artículo publicado en Empresa XXI (15/02/26)

Hermes prosiguió el relato de sus viajes. ‘Llegué a la capital del Imperio Galáctico cuando aún parecía eterno. Trántor no imponía respeto ni temor; imponía rutina. Millones de personas viviendo bajo una cúpula de normalidad, convencidas de que aquello duraría para siempre. Porque así había sido siempre, desde que tenían recuerdo.
En la selva de edificios no buscaba palacios ni despachos oficiales. Sabía que allí no encontraría lo que necesitaba. Buscaba a alguien que pasara desapercibida, aunque ya cargara con el peso del futuro.
La encontré en una biblioteca poco frecuentada, lejos de las salas principales. Wanda Seldon estaba sentada en una silla junto a un ventanal lleno de luz, leyendo sin prisa. El tiempo todavía no la apremiaba. No me presenté, y tampoco ella lo hizo. Me miró un instante, con curiosidad serena, sin sorpresa.
Yo solo tenía una pregunta. Ella ya sabía que la Segunda Fundación iba a ser necesaria. Si su abuelo Hari le había confiado el encargo de hacerlo ¿por qué todavía ella no la había puesto en marcha?’
Wanda escuchó en silencio la pregunta, y se tomó un tiempo para contestar: ‘Prepararse no siempre es actuar. Hacerlo antes de tiempo es tan equivocado como intervenir con retraso. Mi abuelo diseñó un marco que le permitió entender lo que iba a ocurrir. Mi responsabilidad es acertar en el momento en que debo llevar adelante sus planes.
Es por eso que la Segunda Fundación aún no existe. No porque no sepamos cómo crearla, sino porque todavía no toca. Aunque nos parezca que la tecnología o el poder de la Primera Fundación pueden cambiar las cosas a gran velocidad, la realidad nos ha enseñado desde siempre que romper las inercias previas lleva mucho tiempo. Para entender el futuro, es muy importante entender la velocidad a la que se mueve….
Comprendí entonces que descubrir las promesas que va a traer el futuro no es suficiente. Es preciso también acertar en los tiempos en que esas promesas se cumplirán, se convertirán en realidad.’
Hermes guardó silencio por un momento. Aquella lección no tenía réplica.
‘Antes de despedirme, necesitaba conocer el destino de su cuarto viaje. Wanda cerró el libro y me miró con atención por primera vez: «Debes volver a visitar un Oráculo. Pero no estará en Delfos ni hablará en nombre de los dioses. Vivirá en un mundo que cree ser real y no lo es, un mundo en el que las máquinas han construido una caverna de Platón perfecta para los seres humanos. Allí aprenderás por qué el futuro nunca se muestra con claridad»‘.
Hermes dio por concluido el relato de su tercer viaje ‘Entendi la referencia sin necesidad de más explicaciones, desde joven he devorado las novelas y películas de ciencia ficción de todos los tiempos…’.
Sherlock intervino, pensativo: ‘Tres herramientas para leer el futuro. La primera es que conocer nuestra Historia nos ayuda, porque aunque el futuro no se repite…’
Irene añadió, con una sonrisa: ‘…siempre rima con el pasado.’
Sherlock prosiguió ‘La segunda es que, para entender el futuro, es preciso a veces cambiar de paradigma, verlo con ojos nuevos. Y la tercera clave es la importancia de entender la velocidad de los cambios: ni adelantarse, ni quedarse atrás’.
Hermes no respondió de inmediato: ‘En el fondo, las tres primeras herramientas para leer el futuro son de alguna manera contradictorias: ayuda tener una cultura y una experiencia amplias, pero también es preciso desaprender y mirar con ojos nuevos.’
La joven, que sostenía la copa entre las manos sin beber, como si escuchara algo más que la conversación, asintió. ‘Es una combinación difícil de encontrar, la edad y la acumulación de conocimiento suele hacer a las personas más soberbias e inflexibles’.
Hermes cayó en la cuenta de que todavía no sabía su nombre, ni tampoco el motivo por el que se había unido a la cena.
Como si hubiera leído su pensamiento, ella continuó. ‘A mis padres y a mí nos encantaría escuchar tu viaje a ese segundo Oráculo’.
Nadie dijo nada durante unos segundos. Afuera, los tonos ocres de la puesta de sol habian ido cediendo su espacio a los azules. Algunas estrellas se empezaban a asomar tímidamente a la oscuridad que estaba llegando.
gdorronsoro@zabala.es 7/14
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