El investigador de la Universidad de Deusto, Luis Ramón Arrieta, advierte en la conferencia celebrada el pasado 12 de marzo en Bilbao sobre el declive demográfico que ocasionó el terrorismo de ETA, y de cómo impacta en el peso económico relativo del territorio vasco dentro de España.

Artículo publicado en El Economista (16/03/2026)
En ocasiones, las sociedades prefieren el consuelo del relato frente a la incomodidad de los datos. Sin embargo, cuando se trata del futuro económico de un territorio, las cifras terminan imponiéndose. Ese fue el eje central de la conferencia pronunciada por Luis Ramón Arrieta en la Universidad de Deusto hace unos días bajo un título tan directo como inquietante: ‘Lo que los datos dicen de la economía vasca: necesidad de un pacto que mejore nuestro futuro’.
La tesis del investigador y secretario de la Comisión Económica de la Universidad de Deusto y ex directivo de BBVA fue clara desde el inicio: «el relato está matando nuestros datos, pero son estos los que nos ayudan para mejorar el futuro». En otras palabras, el optimismo institucional o político no puede sustituir al análisis riguroso de las tendencias económicas y demográficas que condicionan el porvenir de un país.
El diagnóstico parte de un recordatorio histórico inevitable. Durante casi seis décadas, Euskadi vivió un fenómeno de violencia política —58 años de terrorismo— que, según distintos estudios, dejó un impacto económico directo estimado en más de 25.000 millones de euros (a nivel de toda España). Pero el daño más profundo en la economía vasca fue el estructural: pérdida de capital humano y de inversiones, caída del PIB relativo, deslocalización empresarial y del empleo, pérdida de empresarios, caída del emprendimiento, alta conflictividad laboral y pérdida de valores.
Aunque ese periodo quedó atrás, sus consecuencias siguen presentes en la estructura económica actual. Una de las evidencias más contundentes se encuentra en la evolución demográfica. Entre 1976 y 2022, la población española creció un 32%, mientras que en Euskadi apenas lo hizo un 7,8%. Si se descuenta el efecto de la inmigración, España crece el 12%, pero Euskadi pierde el 2,5%.
El fenómeno más preocupante es la pérdida de población joven. En las últimas dos décadas, el grupo de entre 20 y 39 años se ha reducido drásticamente. Bizkaia ha perdido el 50% de jóvenes nativos, Álava un 47,3% y Gipuzkoa un 46,7%. Tras Asturias, la comunidad autónoma vasca registra la mayor pérdida del país. Y menos jóvenes implica menos dinamismo económico, menos emprendimiento y una mayor presión sobre el sistema de pensiones.
Este declive demográfico se refleja también en el peso económico relativo de Euskadi dentro de España. En los años sesenta, el territorio representaba alrededor del 11% del stock de inversión del Estado. Hoy, apenas supera el 5%. Del mismo modo, el peso del PIB vasco dentro de la economía española ha pasado de cifras cercanas al 8% a poco más del 5,5%. Y el contraste con otras comunidades es evidente. Mientras Euskadi pierde peso relativo, otras regiones como Madrid, Valencia, Cataluña o Andalucía lo han incrementado de forma notable en las últimas décadas.
La evolución del empleo confirma esta tendencia. Entre 2011 y 2024, el empleo privado apenas ha crecido un 1,3%, uno de los registros más bajos del Estado, mientras que el empleo público ha aumentado el 25%. Y sin creación sostenida de empleo en el sector privado resulta difícil impulsar el bienestar de una sociedad, tal y como remarca el propio Arrieta.
A ello, se suma un factor cultural relevante: el déficit de emprendimiento. Según el último informe GEM (octubre 2024), el emprendimiento potencial en Euskadi ronda el 6,8%, frente al 11% del conjunto de España y el 16,6 en la UE, o el 23% de USA. Adicionalmente, los vascos tienen la mayor vocación de Europa de funcionarios, un 78%, según varios informes de 2024 y 2025 (European Sociological Review y Oposita Test).
Otro elemento señalado por Arrieta es la persistencia de una conflictividad laboral superior a la media europea, heredera en parte del clima sindical radicalizado de los años ochenta y noventa. Señala en este punto el trabajo de los profesores Las Heras y Rodríguez, publicado en 2021, donde Euskadi ocupa el primer puesto a nivel europeo, a mucha distancia del resto de países. Este factor eleva costes, introduce incertidumbre y puede disuadir la inversión, indica.
Paradójicamente, Euskadi dispone de una herramienta institucional de enorme valor: el Concierto Económico. Gracias a este sistema, la capacidad de financiación pública per cápita es muy superior a la media del régimen común. Sin embargo, Arrieta advierte de un riesgo evidente: «si el gasto público crece de forma estructuralmente superior a la recaudación, incluso un instrumento tan potente puede tensionarse.
«Por otro lado, la presión demográfica sobre el sistema de pensiones añade otra preocupación. Según un reciente estudio publicado por la Fundación Adecco, en los próximos diez años, por cada nuevo puesto de trabajo creado se incorporararán al sistema 2,9 personas a nivel estatal, y 4,6 en el País Vasco. Se trata del peor dato de España, que en el caso de Bizkaia será de 5 jubilados. Esto convertirá en insostenible el sistema público de pensiones, en especial en el País Vasco, que alcanzaría el mayor déficit per cápita.
Ante este panorama, la propuesta de Arrieta no es fatalista, sino estratégica, ya que apuesta por «un gran pacto de país que permita reactivar el capital humano, social y financiero de Euskadi». Ese pacto debería apoyarse en tres pilares fundamentales: «asumir con realismo el diagnóstico basado en datos, abrir el país y su sistema educativo al talento y la inversión internacional, y diseñar un marco fiscal competitivo que acelere la llegada de proyectos empresariales», detalla.
Además, habría que trabajar para «recuperar el capital humano y empresarial perdido, potenciar la figura del empresario como fundamental palanca del creciemiento economico que genera el bienestar de las sociedades -citó al Nobel de economía del año pasado Joel Mokyr en este apartado-, y realizar un intenso plan de mejora de la eficiencia en la administración pública», añadió.
Arrieta recordó algunas iniciativas que, desde la sociedad civil, se han planteado en los últimos años, como las de Zedarriak, Cebek, CámaraBilbao o Confebask, pero que por diferentes motivos no han podido ponerse en marcha. Valoró también las acciones más recientes del Gobierno vasco, como el Plan Industrial, los Planes de financiación, fondos como Finkatuz, etc, pero señaló que, a su juicio, son piezas «insuficientes» de un plan que debería ser mucho más potente e integral, y en el que debería estar comprometida toda la sociedad.
El objetivo último de ese plan más global sería «recuperar tamaño económico, atraer talento joven y reconstruir un tejido empresarial dinámico». Porque, como resumió Arrieta, con una imagen tan doméstica como contundente: «Nos estamos gastando las joyas de amama. La herencia se acaba». La pregunta que queda en el aire es si Euskadi sabrá reaccionar a tiempo para transformar ese diagnóstico en una estrategia compartida, con el imprescindible liderazgo institucional.
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